La justificación que esgrime machaconamente el gobierno Petro -ya de salida afortunadamente- para justificar sus caprichos tributarios (el último de las cuales fue el proyecto de reforma tributaria presentado en la agonía de su mandato), es la de que en Colombia los que él llama ricos no pagan impuestos.
Para el gobierno Petro los que no pagan impuestos son las empresas que con gran esfuerzo enfrentan diariamente la difícil tarea de crear riqueza y empleo en nuestro país.
Pues bien: una entidad tan seria como la OECD acaba de contradecirlo rotundamente: Colombia tiene una de las estructuras fiscales más gravosas para los contribuyentes corporativos del mundo, acaba de ilustrar el observatorio fiscal de la OECD.
- De cada $100 pesos de utilidades, las empresas pagan $ 35 de impuesto a la renta.
- El único país que supera a Colombia es Francia con una tarifa corporativa del 36,1%. El poco loable segundo puesto de la más alta tributación empresarial en el mundo lo comparte Colombia con Malta y Marruecos.
- La tarifa básica del impuesto a la renta corporativa colombiana (35%) se coloca 11 puntos porcentuales por encima de la media de los países que hacen parte de la OECD (24,2%).
- Algunos sectores como hidrocarburos, carbón y servicios financieros deben pagar sobretasas que elevan su tarifa básica por encima del 40%.
- A lo anterior debe agregársele el impuesto al patrimonio (abandonado por casi todas las jurisdicciones en la actualidad) y arandelas de todo orden, que frecuentemente elevan la tasa efectiva de las empresas en Colombia a más del 70%.
Seguramente el nuevo ministro de Hacienda tendrá en mente esta información al preparar su reforma tributaria que, según anuncia, llevará a consideración del Congreso en el mes de septiembre. Una vez se archive la presentada por la administración saliente.
Y después de empezar a aplicar el enorme plan de ajuste y austeridad que requerirá el saneamiento de la calamitosa situación fiscal que recibe el nuevo gobierno utilizando todo aquello que el gobierno ADLE puede desarrollar por decreto, sin necesidad de ley.
Las cifras demuestran, pues, que el fundamento sobre el cual se apoyaban las permanentes catilinarias de Petro contra el sector privado y las empresas está equivocado.
Ahora resta reconstruir no solamente la verdad del discurso oficial sino una reforma bien estructurada, concertada, que entienda que la lucha fiscal no es contra las empresas y el sector privado sino contra la evasión, la elusión, y la miríada de exenciones y privilegios tributarios de todos los colores que tachonan nuestro estatuto tributario.
La tarea del nuevo gobierno es inmensa. El timing que ha escogido para su llevar su propia iniciativa tributaria al congreso es el adecuado: después de hacer claridad al país de lo que contiene el ajuste inaplazable que por vía reglamentaria es necesario aplicar con apremio.
Y, ante todo, después de desmontar el pedestal de mentiras populistas sobre el que se apoyaba el discurso populista de la administración Petro.
*Exministro de Estado

