El desarrollo del Magdalena y Santa Marta no da espera

Santa Marta y El Magdalena no dan esperan, necesitan que el Estado busque las maneras de solventar la deuda histórica que la región viene arrastrando hace años, lo cual no da más espera.

Lo que hoy se vive no es una percepción ni de una opinión aislada, es una realidad palpable. Diversos estudios del DANE, del Banco de la República, de la academia y de los gremios empresariales han advertido durante años el rezago económico y social de la región.

En carta abierta al presidente electo Abelardo De La Espriella, la psicóloga y publicista samaria María Victoria Socarrás Vives, a pocos días de asumir el cargo de jefe de Estado, le dice que, la deuda histórica del Estado con Santa Marta y el Magdalena, no admite más aplazamiento.

Se trata de una ciudad y un departamento que han contribuido a la construcción de Colombia, pero cuya riqueza cultural, ambiental y estratégica no se traduce en bienestar para la mayoría de sus habitantes.

“El Magdalena posee una ubicación privilegiada sobre el Caribe, un puerto de importancia nacional, la Sierra Nevada de Santa Marta, la Ciénaga Grande, una inmensa riqueza ambiental y un enorme potencial para el turismo, la agroindustria, la economía marítima y la logística. Sin embargo, sus treinta municipios enfrentan pobreza, desempleo, inseguridad, baja inversión, insuficiente infraestructura, servicios públicos precarios y una institucionalidad que no ha logrado responder a las necesidades de la población”, dice la carta abierta.

Aclara que, no se trata de una percepción ni de una opinión aislada. Diversos estudios del DANE, del Banco de la República, de la academia y de los gremios empresariales han advertido durante años el rezago económico y social de la región.

Según María Victoria Socarrás Vives, el atraso del Magdalena no es consecuencia de la falta de talento de su gente ni de la escasez de recursos naturales. “Es el resultado de décadas de políticas públicas insuficientes, de discontinuidad institucional, de corrupción, de violencia y de una presencia del Estado insuficiente para responder al enorme potencial de esta tierra”.

CADENA DE CASUALIDADES

Reconoce que, cuando la pobreza se vuelve persistente, disminuye el consumo; cuando el consumo cae, se reduce la inversión; cuando no hay inversión, desaparecen las oportunidades de empleo y aumenta la desesperanza. En ese ambiente encuentran espacio la ilegalidad, la extorsión, las economías criminales y quienes han hecho de la corrupción una forma de ejercer el poder. Ese círculo vicioso no puede romperlo una comunidad por sí sola. Debe romperlo el Estado con decisión, continuidad y autoridad.

“Por eso esta carta, señor presidente, no solicita privilegios para el Magdalena. Reclama una política pública integral que convierta el desarrollo regional en un compromiso permanente del Estado y no en una promesa transitoria de gobierno”, dice en otros de su aparte la misiva enviada.

Considera que, es claro que, el departamento necesita seguridad para que comerciantes, campesinos, empresarios y emprendedores puedan trabajar sin miedo; agua potable y saneamiento para todos los municipios; infraestructura que conecte el territorio con los mercados nacionales e internacionales; educación y salud que ofrezcan oportunidades reales a los jóvenes; condiciones que incentiven la inversión privada, la formalización empresarial y la generación de empleo; y una estrategia decidida para proteger el patrimonio ambiental que representan la Sierra Nevada de Santa Marta y la Ciénaga Grande.

“Hace apenas unos días, durante su visita a los pueblos palafíticos de la Ciénaga Grande, pudo conocer de primera mano una realidad que durante demasiado tiempo ha permanecido al margen de las prioridades nacionales. Más allá de los anuncios, quedó la esperanza de que ese acercamiento vaya más allá de un episodio simbólico y mediático, sino el comienzo de una política pública capaz de transformar la vida de esas comunidades, olvidadas por el Estado”, escribió.

DESARROLLO NO DA ESPERA

Para la remitente, el desarrollo del Magdalena no puede depender únicamente del esfuerzo de sus ciudadanos. Tampoco de la buena voluntad de un gobernador o de los alcaldes de turno. Requiere la presencia efectiva del Estado, articulando al Gobierno Nacional con las autoridades territoriales, el sector productivo, las universidades y la sociedad civil alrededor de una agenda común.

“Pero esta también es una reflexión para nosotros mismos. Los magdalenenses no podemos seguir aceptando como normales la pobreza, la corrupción, la violencia o la resignación. Tampoco delegar en Bogotá la responsabilidad del futuro. El desarrollo comienza cuando una sociedad decide exigir instituciones transparentes, participar en las decisiones públicas y comprometerse con el destino de su territorio”, dice en otros de sus apartes la misiva.

´Doctor Abelardo, el Magdalena no espera discursos memorables. Espera decisiones que comiencen a transformar una realidad que lleva demasiado tiempo aplazada. Gobernar también significa corregir los desequilibrios históricos que han impedido a regiones como la nuestra desplegar todo su potencial´, dice el escrito.

Manifiesta que dentro de cuatro años serán los resultados los que hablen. Ojalá entonces pueda decirse que este fue el gobierno que decidió iniciar la recuperación del Magdalena como una causa regional; que comprendió que invertir en esta tierra no era un favor, sino una obligación del Estado y una apuesta por el desarrollo de Colombia.

“Esa es la expectativa de un pueblo que no renuncia a la esperanza, pero que entiende que el progreso no llegará por la fuerza de los discursos ni por la desobediencia civil. Llegará cuando el Estado asuma plenamente su responsabilidad y cuando la sociedad decida acompañar, vigilar y defender, con la misma firmeza, las transformaciones que durante tanto tiempo ha reclamado”, precisa la carta.

¡Ahora le corresponde al Estado responder. El Magdalena ya esperó demasiado!, concluye.

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