El Procurador General de la Nación, Gregorio Eljach Pacheco, ha pedido a los medios de comunicación de Colombia sumarse a su propuesta de Paz Electoral, una estrategia dirigida a proteger el proceso electoral en marcha, frente a cualquier amenaza que pudiera sobrevenir.
Colombia atraviesa uno de esos momentos que exigen serenidad, firmeza institucional y conciencia colectiva. En un país donde la historia ha estado marcada por tensiones políticas, violencias cíclicas y desconfianzas acumuladas, cada proceso electoral representa mucho más que la simple elección de autoridades: es una prueba de madurez democrática.

El señor Procurador General de la Nación, Gregorio Eljach Pacheco, ha lanzado un llamado que no puede pasar inadvertido. Su propuesta de Paz Electoral no es un eslogan pasajero ni una consigna de temporada. Es, en esencia, una estrategia preventiva para blindar el proceso electoral en marcha frente a cualquier amenaza que pudiera sobrevenir.
Proteger las elecciones equivale a defender la legitimidad de nuestra democracia y de nuestras instituciones. Sin elecciones limpias, libres y transparentes, no hay estabilidad posible. Sin confianza ciudadana en las urnas, la democracia pierde su columna vertebral.
Por eso, la convocatoria del Procurador no es solo institucional: es moral y ciudadana.

EL VALOR DE UNAS ELECCIONES PROTEGIDAS
En toda democracia, el voto es el instrumento más poderoso del ciudadano. No es un simple papel depositado en una urna: es la expresión de la soberanía popular. Es el acto mediante el cual se decide el rumbo del país, de las regiones, de los municipios.
Colombia tiene más de 1.100 municipios. En cada uno de ellos, desde las grandes capitales hasta los territorios más apartados, se construye diariamente la democracia. Allí, en las montañas, en las costas, en las selvas, en los barrios populares y en los centros urbanos, el proceso electoral debe ser sagrado.
La Paz Electoral es, entonces, una declaración de principios:
Que ningún actor armado interfiera en la voluntad popular.
Que ninguna campaña recurra a la intimidación o la desinformación.
Que ningún funcionario desvíe recursos públicos para alterar el resultado.
Que ningún ciudadano sienta miedo al ejercer su derecho al voto.
Proteger las elecciones no es una tarea exclusiva de las autoridades. Es un compromiso colectivo. Es la suma de voluntades entre instituciones, medios de comunicación, líderes sociales, partidos políticos y ciudadanía.

COLOMBIA SE VISTE DE AMARILLO
Este 26 de febrero será una fecha simbólica y trascendental. En más de 1.100 municipios del país se desarrollará una jornada de sensibilización masiva en torno a la Paz Electoral.
Colombia se vestirá de amarillo.
El amarillo no es un color elegido al azar. Es símbolo de unión, de luz, de esperanza. Es uno de los colores de nuestra bandera nacional. Representa la riqueza de la nación, pero también la energía colectiva que impulsa los cambios.
Vestirse de amarillo ese día será un acto cívico. Un gesto sencillo pero poderoso. Una forma visible de decir: “Estamos comprometidos con elecciones limpias, pacíficas y transparentes”.
La jornada no pretende uniformar pensamientos ni imponer ideologías. Todo lo contrario: busca proteger la diversidad política. Porque en democracia caben todas las corrientes, siempre que compitan en igualdad de condiciones y dentro del marco legal.
EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
El llamado del Procurador General incluye un actor fundamental: los medios de comunicación.
En tiempos de redes sociales, noticias falsas y campañas de desinformación, la responsabilidad del periodismo es mayor que nunca. La información rigurosa, contrastada y equilibrada es una vacuna contra la manipulación.
Los medios no solo informan resultados electorales; construyen clima democrático. Tienen la capacidad de: Denunciar irregularidades, desmentir rumores, promover debates respetuosos, fFomentar la pedagogía electoral. Sumarse a la estrategia de Paz Electoral implica asumir un rol activo en la defensa de la institucionalidad. No se trata de favorecer candidatos. Se trata de proteger el proceso.
Cuando los medios promueven la participación informada, fortalecen la democracia. Cuando verifican datos antes de publicarlos, protegen la credibilidad del sistema. Cuando dan voz a todas las posiciones dentro del respeto, consolidan la pluralidad.
DEMOCRACIA BAJO PRESIÓN
Colombia no es ajena a riesgos. El país enfrenta desafíos en materia de orden público, polarización política y tensiones sociales. Existen zonas donde la presencia de actores armados ilegales sigue siendo una realidad. Hay territorios donde líderes sociales han sido amenazados.
En ese escenario, la defensa del proceso electoral no es retórica: es urgente.
La historia latinoamericana ha demostrado que la deslegitimación de elecciones puede convertirse en detonante de crisis institucionales profundas. Cuando la ciudadanía pierde confianza en el árbitro electoral, el tejido democrático se resquebraja.
Por eso, la estrategia de Paz Electoral debe entenderse como un blindaje preventivo. No se trata de reaccionar ante una crisis, sino de anticiparse a ella.
La prevención es una forma inteligente de gobernanza democrática.
La ciudadanía como protagonista
No basta con que las autoridades organicen la jornada del 26 de febrero. No es suficiente que las instituciones publiquen comunicados. La verdadera fuerza de la Paz Electoral dependerá de la apropiación ciudadana.
Cada ciudadano puede aportar:
Rechazando la compra de votos.
Denunciando irregularidades.
Informándose por fuentes confiables.
Participando activamente en las jornadas pedagógicas.
Promoviendo el respeto en discusiones políticas.
La democracia no se defiende solo el día de las elecciones. Se defiende en la conversación cotidiana, en el debate público, en la forma como tratamos a quien piensa distinto.
Vestirse de amarillo será un símbolo, pero el compromiso debe ir más allá de la prenda. Debe convertirse en conducta.
Paz Electoral más que una campaña es un compromiso histórico. En un país que ha sufrido décadas de conflicto armado, la palabra “paz” tiene un peso profundo. Asociarla al proceso electoral es reconocer que la democracia también necesita condiciones de tranquilidad y garantías.
La Paz Electoral no significa ausencia de debate. Significa debate sin violencia. No implica uniformidad ideológica. Implica competencia sin intimidación.
Significa que el adversario político no es un enemigo. Significa que la diferencia no justifica la agresión. Significa que el poder se conquista con votos, no con amenazas.
Colombia ha avanzado en muchos frentes. Ha demostrado resiliencia institucional. Pero cada elección es una prueba renovada.
El llamado del Procurador General es, en esencia, un llamado a la responsabilidad histórica. A no bajar la guardia. A entender que la democracia es frágil si no se protege activamente.
Este año electoral será determinante. Los ciudadanos definirán rumbos, liderazgos y prioridades. Cada voto contará. Cada mesa de votación será un pequeño escenario donde se expresa la soberanía nacional. Blindar ese proceso es una obligación ética.
El 26 de febrero, cuando Colombia se vista de amarillo, no será solo una jornada simbólica. Será un recordatorio colectivo de que las elecciones no pertenecen a los partidos, ni a los candidatos, ni siquiera a las instituciones: pertenecen al pueblo.
Defenderlas es defender el futuro. Porque sin elecciones libres no hay democracia.
Y sin democracia no hay prosperidad ni progreso sostenible.
EL CARIBE NO SE ARRODILLA:
En el Caribe colombiano la democracia no es un concepto frío escrito en los libros. Aquí tiene rostro, tiene acento, tiene historia. Aquí la política se conversa en la esquina, en el mercado, en la universidad, en el puerto, en los barrios populares y en los pueblos ribereños del Magdalena.
Santa Marta, ciudad histórica, cuna de luchas y de libertades, no puede ser indiferente al llamado de la Paz Electoral. Esta tierra que ha resistido tormentas naturales, crisis económicas y embates sociales, sabe que la estabilidad institucional es la base para cualquier proyecto de desarrollo.
Desde la Sierra hasta el mar, desde los corregimientos hasta el Centro Histórico, la defensa del proceso electoral es una responsabilidad compartida.
El Caribe ha sufrido en carne propia los efectos de la violencia política, de la intimidación, de la manipulación. Por eso entiende mejor que nadie que el voto libre es una conquista que no se negocia.
Vestirse de amarillo este 26 de febrero no será un simple gesto simbólico en Santa Marta. Será una declaración pública de que esta región no permitirá que la sombra de la ilegalidad empañe su derecho a decidir. Será un mensaje claro: aquí se compite con propuestas, no con presiones.
DEFENSA DESDE EL MAGDALENA
El departamento del Magdalena tiene más de 30 municipios, cada uno con realidades distintas, pero con una aspiración común: progreso con legalidad.
En los pueblos del sur, en la zona bananera, en la subregión río, en la capital, el proceso electoral debe desarrollarse sin interferencias indebidas. Cada líder social, cada periodista regional, cada docente, cada joven universitario tiene un papel en esta defensa.
La Paz Electoral no es asunto exclusivo de Bogotá. Es una causa nacional que se construye desde los territorios. Desde Santa Marta se puede y se debe dar ejemplo.
Los medios regionales están llamados a elevar el nivel del debate, a verificar la información, a cerrar el paso a la desinformación. Las universidades deben promover pedagogía democrática. Las organizaciones sociales deben acompañar con veeduría y vigilancia.
Y la ciudadanía, la verdadera dueña del poder, debe entender que vender el voto es vender el futuro.
UN CIERRE CARIBE
El Caribe colombiano es alegre, sí. Es festivo, sí. Pero también es digno. Y cuando se trata de su derecho a elegir, no se arrodilla ante nadie.
Que este 26 de febrero el amarillo ilumine las calles samarias, los barrios, los corregimientos y los municipios del Magdalena. Que no sea un color vacío, sino un símbolo de vigilancia, compromiso y respeto por la institucionalidad.
Porque cuando el Caribe vota libre, Colombia se fortalece. Cuando Santa Marta protege sus urnas, protege su futuro. Cuando el Magdalena defiende su proceso electoral, envía un mensaje al país entero: aquí la democracia se honra.
La invitación está hecha. La responsabilidad es colectiva. La historia nos está mirando. Y este año electoral, desde la brisa del mar hasta las montañas de la Sierra, el mensaje debe ser uno solo:
En el Caribe colombiano la democracia se respeta.
El voto se defiende. Y la voluntad popular no se toca.

