La creación de una mesa de trabajo liderada por el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), con el fin de recoger y analizar las propuestas del sector privado y establecer una hoja de ruta concreta y consensuada, fue propuesta por la ministra del ramo, Alexandra Falla, como conclusión de un conversatorio con representantes de la Cámara Colombiana de Informática y Telecomunicaciones (CCIT), gremio que agrupa desde hace más de 30 años a las principales empresas del sector TIC en el país.
Durante el encuentro, desde la CCIT se destacó la disposición de la Ministra para abrir este espacio, al señalar que en los últimos cuatro años había sido difícil lograr mesas de trabajo con el Gobierno. Frente a este comentario, Falla afirmó que «la empresa privada debe ser una aliada, y tendrá un papel preponderante en todo el trabajo que haremos desde la entidad».
Los miembros del gremio resaltaron la necesidad de mantener abiertos los canales de diálogo para avanzar en la construcción de políticas públicas que respondan a las realidades de la industria tecnológica, y que promuevan condiciones favorables para la innovación, la inversión y la generación de nuevas oportunidades. Alberto Samuel Yohai, presidente de la CCIT, señaló que, en nombre del gremio, se pone «a sus órdenes el esfuerzo de nosotros para cumplir todas las metas que nos ha compartido» la Ministra.
Falla aprovechó el espacio para agradecer el apoyo del sector privado a las víctimas del terremoto, y afirmó que el Gobierno trabaja para que esas regiones «tengan mejores servicios», además de buscar inversiones del sector privado que no solo contribuyan a la reconstrucción, sino también a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
En la reunión también se abordó la relación entre formación, empleabilidad y productividad. Según la jefa de la cartera TIC, los programas de capacitación en tecnologías y telecomunicaciones deben evaluarse no solo por el número de personas capacitadas, sino por los resultados que generan en sus vidas y en la economía, con un seguimiento que permita establecer si los beneficiarios consiguieron empleo y si la formación resultó productiva, con el fin de medir el impacto real de estas iniciativas.
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