Sedimentación y basuras taponan la desembocadura del Manzanares

El taponamiento de la desembocadura del río Manzanares mantiene extensas áreas de agua estancada, una situación que preocupa a la comunidad por las consecuencias ambientales y sanitarias que se podrían desencadenar.

 La acumulación de sedimentos y residuos sólidos mantiene taponada la desembocadura del río Manzanares, una situación que preocupa a los habitantes de los barrios La Tenería y Bellavista, aledaños al sector, quienes advierten sobre el deterioro ambiental que podría agravarse si no se adoptan medidas inmediatas para restablecer el flujo natural del afluente hacia el mar Caribe.

De acuerdo con residentes del sector, la obstrucción ha reducido considerablemente el intercambio de agua entre el río y el mar, generando extensas zonas de aguas estancadas que, con el paso de los días y las altas temperaturas características de la temporada, podrían registrar una disminución en los niveles de oxígeno disuelto y un aumento en la temperatura del agua. Estas condiciones favorecen la degradación de la calidad del recurso hídrico y representan un riesgo para peces, crustáceos y otras especies que dependen del ecosistema.

La preocupación también se centra en la acumulación de basura arrastrada por la corriente y depositada en la desembocadura, donde plásticos, botellas, ramas y otros desechos terminan formando una barrera que agrava el taponamiento ocasionado por la sedimentación. Los habitantes aseguran que el problema se ha venido intensificando durante las últimas semanas, hasta el punto de impedir el flujo normal del río.

Ante la falta de una intervención oficial, algunos residentes decidieron abrir de manera manual pequeñas zanjas con palas y herramientas improvisadas para crear un canal que permitiera el paso del agua hacia el mar. Aunque esta acción ha generado un alivio temporal, la comunidad reconoce que se trata de una solución insuficiente frente a la magnitud del problema.

«Lo que estamos haciendo es apenas una medida de emergencia para que el agua no permanezca completamente represada. Sin maquinaria es muy difícil mantener abierto el paso porque el sedimento vuelve a acumularse rápidamente», manifestaron habitantes de la zona durante las labores realizadas en la desembocadura.

RIESGO PARA EL ECOSISTEMA

Especial preocupación genera el impacto ambiental que podría derivarse de la permanencia de aguas estancadas durante un periodo prolongado. La escasa circulación reduce la renovación del agua y limita su oxigenación natural, mientras que la exposición permanente al sol incrementa la temperatura superficial, condiciones que pueden favorecer procesos de descomposición de materia orgánica, malos olores y afectaciones a la fauna acuática.

Los residentes advierten que, de mantenerse el bloqueo, podrían registrarse mortandades de peces y otras especies, además de un deterioro paisajístico en la desembocadura. También señalan que el represamiento facilita la acumulación de nuevos residuos, convirtiendo el lugar en un foco permanente de contaminación.

A ello se suma la preocupación por los posibles efectos sobre la salud pública, ya que las aguas estancadas pueden propiciar la proliferación de insectos y otros vectores, especialmente en sectores urbanos ubicados en el área.

PIDEN INTERVENCIÓN INMEDIATA

La comunidad solicita que las autoridades ambientales y el Distrito ejecuten una limpieza técnica para retirar los bancos de arena y sedimentos acumulados, además de implementar un programa permanente de limpieza y mantenimiento que impida nuevos taponamientos.

Los habitantes consideran indispensable que la intervención vaya acompañada de estrategias para reducir la disposición inadecuada de residuos sólidos en el río, pues gran parte de la basura que hoy bloquea la desembocadura proviene de sectores ubicados aguas arriba y termina siendo arrastrada por la corriente.

INCONFORMIDAD ENTRE LOS VECINOS

Mientras tanto, la inconformidad crece entre los habitantes del sector de la playa de Los Cocos, así como de los bañistas que acuden a este sitio, quienes aseguran que, pese a que ya concluyeron los conciertos de la Fiesta del Mar y fue desmontada la tarima principal, las calles y espacios públicos del sector continúan cubiertos de residuos que, según denuncian, no han sido retirados en su totalidad.

Bolsas plásticas, botellas, vasos desechables, restos de alimentos y otros desperdicios permanecen esparcidos en diferentes puntos de esta zona en el occidente de Santa Marta, una situación que, de acuerdo con los residentes, afecta la imagen del sector, genera malos olores y aumenta el riesgo de problemas sanitarios.

Los vecinos y los visitantes sostienen que el operativo de limpieza posterior a las festividades ha sido insuficiente y reclaman una intervención inmediata de la empresa Atesa, encargada de la prestación del servicio de aseo, para recuperar las condiciones habituales de la playa y áreas contiguas, que durante varios días soportó el impacto de la realización de los eventos masivos.

OTRAS AFECTACIONES

Las quejas van más allá de la basura. Los habitantes consideran que la problemática vuelve a poner sobre la mesa un debate que cada año cobra fuerza: la conveniencia de realizar los principales conciertos de la Fiesta del Mar en medio de una zona residencial.

Según manifiestan, además de la gran cantidad de residuos que quedan tras los espectáculos, durante los días de programación enfrentan cierres viales, dificultades de movilidad, ocupación del espacio público, altos niveles de ruido hasta altas horas de la noche y afectaciones a la tranquilidad de quienes residen en el sector.

Para la comunidad, la situación evidencia una carencia histórica de infraestructura para grandes espectáculos en Santa Marta. A su juicio, una ciudad con más de cinco siglos de historia y vocación turística debería contar con un escenario permanente diseñado para albergar conciertos y eventos multitudinarios, evitando trasladar año tras año las consecuencias logísticas y ambientales a los barrios residenciales.

«Todos disfrutamos de las fiestas, pero no es justo que después del espectáculo quienes vivimos aquí tengamos que convivir con montañas de basura y con las secuelas que dejan estos eventos», expresó uno de los residentes afectados.

Los habitantes hicieron un llamado a las autoridades distritales para que se agilice la limpieza integral del sector y reconsiderar la necesidad de construir o adecuar un escenario especializado para eventos masivos, que permita preservar la calidad de vida de las comunidades y garantizar mejores condiciones para la organización de este tipo de espectáculos.

Mientras esperan una respuesta institucional, los residentes insisten en que la situación no debe repetirse en futuras ediciones de la Fiesta del Mar y que las lecciones que deja este año sirvan para replantear el modelo de realización de los conciertos principales de la celebración.

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