Inició la temporada de desove coralino 2026 en los sectores de Granate, Bahía Concha y Gayraca del Parque Nacional Natural Tayrona, donde se registró el proceso de fertilización asistida de la especie Diploria labyrinthiformis, conocida como coral cerebro estriado.
La primera observación de la temporada se llevó a cabo en conjunto con la Universidad del Magdalena, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la Escuela de Buceo Océano, Reef Shepherd, Asogergayraca, Asogayraca, la Fundación Corales de Gayraca, Remote Ecologist, los voluntarios y las comunidades de Gayraca y Bahía Concha.
Los expertos de Parques Nacionales aseguraron que el desove coralino es uno de los fenómenos reproductivos más extraordinarios de la naturaleza porque generalmente después de las noches de luna llena, en los meses más cálidos, algunas de las colonias coralinas liberan simultáneamente bolsas de gametos (óvulos y esperma), que ascienden hacia la superficie.
Este evento es una señal vital del estado de salud del arrecife, es decir, cuando los corales se reproducen con éxito, indica que las condiciones ambientales son favorables; pero cuando el desove se inhibe o fracasa, evidencia el estrés térmico o contaminación de la zona.
La restauración coralina
Durante esta primera observación de la temporada, un equipo conformado por guardaparques, docentes, estudiantes, miembros de las comunidades y voluntarios, trabajó de manera coordinada para documentar el evento y recolectar gametos de Diploria labyrinthiformis en el sector de Granate. Mientras que el Bahía Concha se hizo el montaje de un piloto de laboratorio móvil para la fertilización asistida.
A partir de ese material biológico se iniciará un riguroso proceso de restauración activa que contempla tres etapas: la primera es la fecundación asistida en laboratorio, donde los gametos son fertilizados en condiciones controladas para maximizar las tasas de éxito reproductivo; la segunda es la siembra en encierros, en la que los huevos fertilizados se transfieren a estructuras especializadas con sustratos apropiados para que las larvas se fijen y comiencen su desarrollo.
La tercera fase es la crianza y trasplante, proceso en el que los jóvenes corales son criados en el laboratorio de la Universidad del Magdalena y en guarderías submarinas, antes de ser sembrados en el arrecife, donde continuarán su crecimiento.
Dada la lentitud con que crecen los corales, apenas unos pocos milímetros por año en algunas especies, cada individuo cultivado y trasplantado con éxito representa un aporte significativo para la recuperación del ecosistema.
Importancia ambiental
Según lo informado por Parques Nacionales, Diploria labyrinthiformis – coral de cerebro estirado – es una de las especies coralinas más emblemáticas del Caribe, su nombre alude a los intrincados canales y crestas, que recubren su superficie, similares a los pliegues del cerebro humano.
Esta especie puede crecer hasta más de un metro de diámetro y es considerada un verdadero arquitecto de los arrecifes porque sus colonias masivas sirven de refugio, alimentación y zona de reproducción para decenas de peces, crustáceos e invertebrados.
Actualmente se encuentra catalogada como especie en Peligro Crítico ante la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN, debido a las amenazas que enfrenta por el calentamiento global, la acidificación de los océanos y la degradación costera.
Según las investigaciones de la entidad ambiental, los arrecifes de coral son ecosistemas de importancia crítica para el planeta. Aunque cubren menos del 1% del fondo oceánico, albergan aproximadamente una cuarta parte de todas las especies marinas conocidas.
En el Caribe colombiano, estos ecosistemas protegen las costas de la erosión, regulan la calidad del agua y sostienen las economías locales a través del turismo y la pesca artesanal. Sin embargo, han perdido entre el 30% y el 50% de su cobertura en las últimas décadas, lo que convierte su monitoreo y restauración en una urgencia científica y ambiental.

