Este universo -la naturaleza- es un jardín de maravillas. Goethe se estremecía ante el poderío del sol. Kant ante la ley moral dentro de él y el inmenso cosmos sobre él. Para Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel, el cerebro humano era lo más prodigioso de todo lo conocido. Mi modesta sensibilidad se conmueve al indagar en algo -solo en algo- de la inmensidad de una gota de agua.
Retomando a Ramón y Cajal, impresiona recordar que nuestro cerebro es un 80% agua. Su gran arquitecto y edificio. De allí proviene lo que hemos sido y lo que somos. Pensamientos, filosofía, matemáticas, arte, ciencia, literatura, sus producciones son. Del agua surgen. Con ella se construyó el espíritu de la humanidad.
La vida nació del agua. Son muchas las misteriosas veces que ella excepciona y desafía las leyes de la física para proteger y salvar la vida, su criatura.
Traigo el ejemplo más básico. Todo elemento convertido en sólido pesa más que su líquido y se hunde. El hielo no. Este, al permanecer en la superficie de los mares y no caer, evita que ellos se congelen en su totalidad, incluido su fondo. Así no hubiera podido nacer la vida en sus profundidades. Y si los mares regulan el clima, lo que nos permite vivir y cosechar, lo cual sería imposible si la mayor parte de ellos se congelara.
Desafía la tiranía del tiempo, ejemplifica la teoría del eterno retorno, del tiempo circular. Lo que fue y desapareció, con ella vuelve a ser. Ejemplo, las inmensas llanuras de Serengueti, en Kenia. Viene la sequía, todo se marchita o desparece, semejando la muerte. Vuelve la lluvia y retorna la efervescencia de una múltiple vida, animal y vegetal. Además, insiste ella en desafiar la destrucción del tiempo, cuando, por su intermedio, aquellos vegetales mustios recobran su inicial juventud y lozanía.
Deslumbran los inteligentes cambios que en su configuración realiza para que funcionen formas de vida animales, vegetales y humanas. Dentro de sus células, el agua se cambia de vestimenta para que ellas puedan verificar los trabajos que nos sustentan. El científico Gerald Pollak, de la Universidad de Washington, demostró que el H20, en parte se convierte en H30 y en parte en H202, necesarios para que se genere en las células la energía que nos mantiene vivos.
La del agua fue una bella peregrinación hacia nosotros. Se inició hace más de 4.000 millones de años. Los volcanes oceánicos, al explotar generaron vapor de agua. Con el enfriamiento llovió millones y millones de años hasta formar los océanos; en ellos y con ella nació la vida. Viajera, el agua lo fue, para que mucho después, hace 200.000 años, configurara nuestro cerebro y su conciencia.
Semejante inmensa, larguísima, calibrada, sostenida y correcta peregrinación con finalidad tuvo que ser diseñada. “Credo” es un claro soneto de José Coronel Urtecho: “Creo, Señor, que la belleza tan sencilla/que se revela en esta maravilla… aunque basta una gota de rocío/para saber que es cierto lo que creo.”
*Expresidente del Congreso

