El Concejo de Santa Marta aprobó en segundo debate el Proyecto de Acuerdo 001 de 2026, con el que se faculta al alcalde Carlos Pinedo Cuello para adelantar acciones de memoria histórica y reparación simbólica en honor a Ricardo Julio Villa Salcedo, asesinado en 1992 en un hecho de violencia política que hoy es reconocido como una afectación a la democracia local.
La decisión busca saldar una deuda de más de tres décadas y tiene además un componente internacional, ya que el caso continúa en trámite ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dentro de un proceso de solución amistosa que involucra al Estado colombiano. El acuerdo autoriza la resignificación del Parque Sesquicentenario, lugar donde ocurrió el crimen, que llevará su nombre y será transformado en un espacio de memoria y reconciliación, además del cambio de denominación de la Institución Educativa Distrital de Guachaca.
Durante el debate, los concejales resaltaron la trayectoria del dirigente y el impacto de su asesinato en la vida política de la ciudad. “Más que un proyecto de trámite es hacerle un homenaje a un hombre que fue un líder progresista, defendió los derechos humanos en momentos de adversidad y de violencia… fue asesinado a manos de un grupo paramilitar”, expresó la concejal Ginna Marcela Sarmiento Gómez.
En la misma línea, el cabildante Pedro Gómez Añez señaló que “su muerte no solo truncó una vida, afectó el debate democrático… por eso hoy tenemos el compromiso de no ser indiferente ante la memoria, sin ella no hay justicia y sin justicia no hay paz”. Por su parte, el concejal José Manuel Mozo Blanco destacó que Villa Salcedo “fue pionero en hablar de las desapariciones forzadas en el Senado”.
La familia del dirigente también celebró la decisión como un avance significativo tras años de lucha. “Han sido más de 30 años, esto es un paso histórico, no es solo renombrar un parque o un colegio, sino que Santa Marta tome la bandera de la paz y la reconciliación”, manifestó Ernesto Fidel Villa Sánchez.
El acuerdo ahora pasa a sanción del alcalde y posterior reglamentación. Con su implementación, Santa Marta da un paso en la resignificación de espacios públicos como escenarios de memoria, justicia y reconciliación.
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