Por Sergio Villamizar D.
Aunque lleva seis meses como ministra de las Culturas, Yannai Kadamani ha cumplido más de dos años haciendo parte de esta cartera ministerial, por lo que el empalme fue rápido y natural, pese a los grandes retos por cumplir.
Un trabajo en constante diálogo con las regiones, que ha sido una de las prioridades de este gobierno, dándole continuidad al trabajo y los programas desarrollados por sus dos antecesores que han sido ministros de las culturas donde el gobierno de Gustavo Petro.
La descentralización de la toma de decisiones en la cultura, la reforma de la Ley General de la Cultura que cumple más de 25 años de desarrollo, la próxima edición del Salón Nacional de Artistas y el ambicioso proyecto ‘Las Artes para la Paz’, son tan sólo algunos de los temas prioridad para su cartera.
De ascendencia libanesa, nacida en Bogotá hace 32 años, estudió en la Academia Superior de Artes de Bogotá de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (ASAB), donde se graduó como maestra en artes escénicas. Posteriormente, obtuvo una Maestría en Formación Dancística de la Universidad Nacional de Costa Rica.
ARTE Y CULTURA EN LAS AULAS
-’Artes para la paz’ es uno de los más ambiciosos proyectos de su cartera…
Es el programa más grande que gobierno alguno haya tenido en el sector del arte y la cultura, no sólo porque representa una inversión sin precedentes en el sector cultural, sino porque además se direcciona al garantizar el derecho a la educación artística y cultural en todo el territorio nacional de manera informal, pero sobre todo de manera formal.
Ingresar con educación artística y cultural a los establecimientos educativos públicos, o lo que conocemos como colegios públicos del país, para que la educación sea un derecho y deje de ser un lujo. La apuesta ha sido poder llegar a todo el territorio nacional con clases de arte y cultura. Lo que ha llamado el presidente Gustavo Petro garantizar una educación integral con deporte, ciencia y en este caso, el sector cultural con clases de arte y cultura.
-Un programa que inicialmente se concentraba en la música…
Se realizó una primera etapa en donde primaba la disciplina artística musical, también porque es la disciplina con más arraigo territorial en una primera instancia.
Luego descubrimos que el territorio colombiano es bastante interdisciplinar y que se hacía necesario poder vincular otras disciplinas artísticas, pues como es el caso de los bailes cantados, que son la danza, la música y el canto en una misma expresión. Fueron los mismos territorios los que nos fueron marcando la pauta para poder ampliar el programa.
-Un programa que necesita una articulación con el Ministerio de Educación?
Es muy importante eso, porque es la primera vez que de manera tan acertada la cultura y la educación trabajan tan de la mano.
Bien sabemos que existen unos lineamientos pedagógicos de las artes por parte del Ministerio de Educación, pero siempre sufrió una suerte de ruptura con unos lineamientos pedagógicos del Ministerio de Cultura. Lo que se ha hecho en esta administración es reconciliar esas dos miradas, una del Ministerio de Educación un poco más formal, por supuesto, y la más sensible del Ministerio de Cultura para poder hacer esta alianza que permite llegar a los territorios a modo de centro de interés, pero que también, y esto es algo que casi no se sabe, logramos una apertura de 1.153 plazas temporales para artistas formadores.
-¿Cómo ha sido recibido este proyecto en las regiones teniendo la en cuenta también la diversidad cultural que tiene Colombia?
Esto ha sido impresionante porque una de nuestras primeras políticas ha sido descentralizar a través de la alianza con universidades públicas regionales. Por ejemplo, en este momento en todo el Caribe, estamos trabajando con la Universidad del Magdalena, donde se hace la contratación de artistas formadores locales, ojalá del mismo municipio donde va a estar el servicio. Entonces, si requerimos un maestro en la zona bananera, se contrata un artista formador de la zona bananera. Estamos validando el saber tradicional de cada municipio, porque es eso lo que se enseña, no se va con un saber centralizado a hacer la enseñanza o la entrega de una estética centralista, sino que se prepondera por recuperar el saber y reconocer además a los sabedores y portadores, que es otro tema interesante.
-¿Clave el escuchar las regiones en todo este proceso?
Es la política del cambio, y si me lo pregunta, es una política democrática. Así se construyó el Plan Nacional de Desarrollo de este gobierno y así respondemos en la implementación. Es escuchar las necesidades más que ofertar institucionalmente unas acciones. Es escuchar para saber que se requiere y eso es lo que se atiende.
25 AÑOS DESPUÉS
-¿Cómo va la reforma a la Ley General de Cultura que ya cumple más de 25 años?
Tiene alrededor de 27 años, es una ley que se sancionó en 1997 por primera vez, y por supuesto, representó un avance impresionante para el sector cultural porque lo institucionalizó.
Fue en 1997 que se creó el Ministerio de la Cultura, pero bueno, ya 27 años después, se ha configurado una idea distinta de lo que son las culturas, porque siempre hago referencia al plural, porque esto determina finalmente toda la reforma, que es reconocer que no somos un país de una única identidad, de una única memoria, de una única etnia o identidad, sino que pertenecemos a múltiples raíces mitológicas, étnicas, y que tienen que ser parte de esa hoja de ruta o de esa legislación cultural.

