La calle 13 se apaga entre malos olores, la indigencia y promesas incumplidas

Durante años, la calle 13, entre carreras tercera y cuarta, fue una parada obligada para quienes buscaban artesanías, batas, playeras y recuerdos de Santa Marta. Hoy, según quienes se ganan allí el sustento, el panorama es muy distinto: menos turistas, menos ventas, malos olores, habitantes en condición de calle y una incertidumbre que parece no tener fin.

Treinta y un vendedores estacionarios aseguran que siguen esperando que el Distrito cumpla las decisiones judiciales que ordenan definir de manera definitiva su reubicación o una compensación económica que les permita continuar trabajando sin poner en riesgo el sustento de sus familias.

Lo que más les preocupa es que, mientras el proceso permanece estancado, la actividad comercial del sector se deteriora cada día más.

«Nos están dejando morir lentamente», resume la comerciante Deibis Ortiz, una de las voceras del grupo.

Según explicó, la Alcaldía Distrital les planteó la posibilidad de trasladarlos a unos módulos ubicados en inmediaciones del Polideportivo, propuesta que consideran inviable porque, afirman, allí desaparecerían sus clientes.

«¿Cómo nos van a mandar a vender artesanías, playeras y batas a un lugar donde no llegan turistas? Eso sería acabar con nuestro trabajo y afectar directamente nuestro mínimo vital», expresó.

Los vendedores sostienen que cuentan con tutelas favorables y con un proceso judicial que obliga al Distrito a tomar una decisión definitiva sobre su situación.

«No queremos plata por plata. Lo que buscamos es una oportunidad para seguir trabajando. Si recibimos una compensación podríamos arrendar un local cerca de San Andresito, mantener nuestras ventas, formalizarnos e incluso generar empleo. Lo que no podemos aceptar es que nos envíen a un lugar donde nadie compre nuestros productos», afirmó Ortiz.

UNA CALLE EN EL ABANDONO

Los comerciantes que ejercen sus actividades en esta zona aseguran que la calle 13 y la Plaza San Francisco se han convertido en uno de los puntos más críticos del Centro Histórico por la presencia permanente de habitantes en condición de calle.

Denuncian que durante las noches el espacio público termina siendo utilizado como baño a cielo abierto, mientras que durante el día algunas personas consumen sustancias psicoactivas frente a los puestos de venta.

«Los turistas ya no quieren detenerse. El mal olor es insoportable y muchas personas prefieren seguir de largo. Estamos perdiendo las ventas porque nadie quiere permanecer en estas condiciones», aseguró la comerciante.

MESAS DE CONCERTACIÓN

La abogada Sofía Clara Noel Gómez, quien representa a los vendedores, aseguró que las mesas de concertación con la administración distrital permanecen suspendidas desde agosto de 2025.

Explicó que, aunque la Alcaldía informó al Juzgado Sexto Administrativo sobre reuniones sostenidas con la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría, los vendedores nunca fueron convocados.

«El Tribunal Contencioso Administrativo fue claro al ordenar que la Alcaldía debía adoptar una decisión definitiva dentro de la mesa de negociación, ya fuera mediante una compensación económica o una reubicación digna», indicó.

La jurista señaló que actualmente no existe un proyecto concreto para trasladar a los vendedores de la calle 13.

Precisó que los módulos de la calle 30 están destinados a otros comerciantes; los del Polideportivo no responden a las necesidades de quienes viven del turismo. «Hoy la calle 13 no tiene un solo espacio definido donde pueda ser reubicada. Esa es la realidad», enfatizó.

DEBATE APLAZADO

La problemática iba a ser abordada en una sesión del Concejo Distrital, donde estaba citado el secretario de Gobierno, Camilo George, para explicar el estado del proceso y las acciones previstas por la administración.

Sin embargo, el funcionario no asistió a la sesión, por lo que el debate quedó aplazado y las respuestas que esperan los comerciantes continúan pendientes.

Mientras tanto, las 31 familias que dependen de las ventas en la calle 13 siguen esperando que la orden de los jueces deje de estar escrita únicamente en el papel y se convierta, por fin, en una solución que les permita trabajar con dignidad.

 

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