El reconocido trío de stand-up comedy ‘Monólogos Sin Propina’, integrado por Chicho Arias, Adrián Parada y Frank Martínez, quienes hacen reír a todos los asistentes a sus shows.
Prepara tus mejores carcajadas, porque la comedia colombiana está de fiesta. El reconocido trío de stand-up comedy ‘Monólogos Sin Propina’, integrado por Chicho Arias, Adrián Parada y Frank Martínez, llega al escenario del Teatro Cajamag ‘Pepe Vives Campo’ para celebrar una década de humor, ocurrencias e historias inigualables.
Este show especial reúne lo mejor de su trayectoria de diez años: una combinación explosiva de sus rutinas clásicas más aclamadas, nuevas sorpresas y el característico humor sin censura que los ha consolidado como referentes indiscutibles de la comedia en el país.
Las entradas para una noche llena de comedia y talento siguen disponibles, con tarifas especiales adaptadas a cada categoría de afiliación: Categoría A: $15.000; B: $20.000; C: $89.000 y Categoría D: $98.000
Uno de los protagonistas de ‘Monólogos sin propina’, Frank Martínez, al celebrar los primeros diez años de este proyecto humorístico manifestó: “No sé si nosotros teníamos proyecciones, teníamos más era un afán de empezar, aunque el camino no estuviera tan claro. Antes de juntarnos yo tenía un espacio en un bar en la 33, y duré allá un año porque aquí no había sitios dónde uno se pudiera presentar. Era muy bacano, yo lo disfrutaba mucho, pero tenía muy claro que yo no quería ser comediante de bar, quería llevar el stand up un puntico más arriba.
Continuó diciendo que “Ya cuando me encontré con Adrián, que fue como dos veces de invitado al bar, juntamos intereses, hablamos y él dijo, yo conozco los de Acción Impro, es un teatro pequeño en El Poblado, pero es un teatro, y a mí me sonó de una, y ahí fue que empezó el camino porque tuvimos la fortuna de pegar desde muy temprano, menos la primera función”.
Por su parte, Adrián Parada, recuerda como si fuera ayer la primera función juntos: “Tuvimos 50 personas, y teníamos muchas ambiciones, queríamos tratar a los comediantes de la manera más chévere, que sintieran que era bacano ir. Para cada comediante teníamos presupuestado unos vinos, tabla de quesos, y un pago de 70.000 pesos, invitamos como dos o tres comediantes, cada uno se llevó los 70.000 pesos, la tabla de quesos, el vino, y al final de las cuentas a Frank y a mí nos quedaron de a 15.000 pesos. Como comediantes, bien; como negociantes, mal… Pero hicimos algo que hasta ese momento no se había hecho y fue muy intuitivo, que fue grabar las funciones y con eso empezamos a hacer publicidad para que la gente se antojara de ir, y esos cortos de un minuto que hacíamos empezaron a volverse muy populares. Con eso empezamos a pegar”.

