Las Voces de la Marcha del Hambre, 60 años después

En todas las ciudades y pueblos por donde pasaba la Marcha del Hambre, los habitantes salían a las calles para saludarlos y animarlos.

 Adalberto Carvajal Salcedo, destacado abogado laboralista, profesor rural y líder sindical colombiano. Lideró la histórica Marcha del Hambre, desde Santa Marta hasta Bogotá junto a decenas de maestros del Magdalena para exigir el pago de salarios atrasados.

A continuación, la entrevista que le concedió al periodista Rafael Darío Jiménez:

¿En términos generales, háblenos de La Marcha del Hambre?

“En el departamento del Magdalena se presentó un problema que era el que vivíamos permanentemente en el país. Cuando yo llegué a Fecode (Federación Colombiana de Educadores), llegué para su fundación en 1958; para esa época la educación era un patrimonio del partido liberal y el partido conservador en materia presupuestal y en materia de nombramiento.

Los maestros duraban con estabilidad durante un año, nombrados por el gobierno de turno y luego volvían a estar a la deriva y bajo el capricho de las personas que nombran a los maestros, secretarios de educación, gobernadores, alcaldes; los nombramientos eran de carácter nacional, departamental y municipal, pero básicamente nacionales porque con la Ley 111 de 1960 la educación primaria se nacionalizó, luego se nacionalizó la secundaria con la Ley 43 de 1975, pero “hecha la ley hecha la trampa”, porque cuando se nacionalizó la educación primaria, entonces los políticos municipales, departamentales, nacionales, nombraban y trasladaban todas las cargas a la nación para que pagara con partidas presupuestales. En virtud de la Ley 111 de 1960 y cuando se nacionaliza la educación secundaria hicieron exactamente lo mismo, entonces nombraban maestros era obviamente utilizado por los políticos en su propio beneficio. Así aparece en el Magdalena uno de los tantos conflictos que teníamos. Cuando yo llego a la Federación Colombiana de Educadores en 1958, que logramos concentrar la lucha del Magisterio, eso era paralelo: mientras, por un lado, el Estado y los políticos de esa época que representaban al estado y a la autoridad, implementaron toda una “política de clientelismo”, nosotros nos estábamos organizando también. Yo vengo como maestro de escuela rural aquí a Bogotá, me especializo en secundaria, luego hago normal superior y termino siendo maestro en Bogotá. Con esa experiencia empezamos a aglutinar a los maestros y la primera pelea que se dio fue por el pago oportuno de los salarios, porque nombraban más personal del que posiblemente tenían para pagar, era más la cantidad de maestros nombrados que el presupuesto destinado al pago de los maestros.

En el Magdalena, en esa época, se nombraba para un mismo cargo a siete personas distintas, entonces claro, era numeroso el gremio, pero la mayoría de las personas que nombraban allí era para que les hicieran las campañas electorales a los políticos. Eso era propio no solo de la Costa sino de todos los departamentos; en el Tolima, mi departamento, el campeón de todo eso era el doctor Alberto Santofimio Botero, a quien más tarde fui a conocer personalmente”.

¿Qué sucede a partir de ese momento?

“Como en el departamento del Magdalena se retrasaron los sueldos siete meses, yo hice lo que hacía como presidente de Fecode en todos los demás departamentos donde hicimos más de mil huelgas: irnos a hacer una huelga. Y empezamos la huelga en el departamento del Magdalena. Allí me encontré con los compañeros que más tarde iban hacer lo de la Marcha del Hambre: Rafael Hernández Pacheco era uno de ellos. La consigna que empezamos a manejar fue la de hacer una marcha a Bogotá desde Santa Marta; yo estuve tres meses con los compañeros en Santa Marta orientando el movimiento. Dentro de los planes de trabajo, producto de la presión y la desesperación, le voy a dar una información que es privada todavía: habíamos programado -te estoy hablando de 1966- secuestrar al Ministro de Educación Nacional que era Gabriel Betancur Mejía en esa época, y quien acababa de llegar de la Unesco y venía a implementar nuevas políticas.

Conseguimos unas maestras muy elegantes en Santa Marta y cuando llegó el Ministro el plan era no dejarlo salir porque nosotros las únicas armas que teníamos eran los libros y la pluma; en esa época todavía se escribía con portaplumas, no teníamos ninguna otra intención sino forzarlo a que se estuviera allá hasta que resolviera el problema. El Ministro viajó a Santa Marta, pero, por la falta de experiencia de nosotros, eso fue un total fracaso el tal secuestro que íbamos a hacer al Ministro de Educación.

Entonces empezamos a presentar ideas en una Asamblea General, pero tuve que venirme a Bogotá y ya había dejado la idea de la Marcha a Bogotá y me llamaron. Alberto Baquero Rivero, un compañero que todavía está conmigo, estuvo al frente de la representación de Fecode en Santa Marta, cuando se toma la determinación impulsada, básicamente entre otros, Rafael Hernández; me llamaron de Santa Marta y me dijeron: “Se aprobó una Marcha a Bogotá pero usted vengase a encabezarla y a orientarla”; al otro día estaba yo en Santa Marta y empezamos hacer una campaña para conseguir dinero, porque la idea inicialmente era la de venirnos en buses hasta Bogotá y hacer una manifestación acá, presionar acá y luego regresar a Santa Marta, pero cuando empezamos a encontrar dificultades, la gente no tenía plata; al cabo de una campaña de ocho días habíamos recolectado $5.000 pesos, ese era todo el dinero que teníamos en 1966, entonces nos reunimos para ver qué iba a pasar y les dije: “Definitivamente nos vamos a pie, y los que se quieran inscribir pueden hacerlo!. Se inscribieron 700 maestros para hacer la Marcha a pie y arrancamos, después de una misa en la Plaza de la Catedral, hacia Ciénaga.

Habíamos diseñado el trayecto y cuando llegamos a Ciénaga, de los 700 maestros que se habían inscrito, con sus radios al hombro, con sus cantimploras, con hielito, con gaseosa, con jugos, eso era un festival hasta Ciénaga; sin embargo, llegamos sino 89 maestros a Bogotá, los otros se quedaron en el camino se devolvieron, cogieron bus y se fueron para sus casas; cuando ya nos reunimos en Ciénaga, me acuerdo que allí tuvo un papel muy importante Lela Bonnet con toda su familia, incluido al general Manuel Bonnet Locarno. Allí, en la casa de ella, montamos como el centro de mando, el centro de organización de la Marcha y acordamos definitivamente que “eso es a pie y tiene que ser a pie”, y ahí organizamos las brigadas en donde aparece Rafael Hernández, comandante de una brigada.

Eran cuatro brigadas, llevábamos una brigada adelante recolectando dinero en los buses, entre los pasajeros. Parábamos los buses, a la gente que salía en el camino y empezamos a caminar. Diseñando eso nos gastamos treinta y tres días y esa fue la forma de protesta con todo lo que después llegó.

Cuando salimos de Santa Marta hacia Bogotá estaba el Presidente de la República Carlos Lleras Restrepo, acababa de llegar. Después de esa odisea que se convirtió en una forma de lucha no violenta, con unas características de proyección mundial, internacional, porque se había comenzado a discutir con base en la revolución cubana todas las formas de lucha y en América, sobre todo, se extendió la tesis de Regis-Debray y varios de los teóricos de la época, la teoría Alfoz, como mecanismo para el cambio revolucionario, y en Colombia empezó a surgir el ELN (Ejército de Liberación Nacional), empezaron a surgir grupos armados en todo el continente. Yo había estado en Cuba, había estado en México y estaba, obviamente, como la juventud de la época, impregnado de la revolución cubana, del Che Guevara y de todo lo que simbolizó y lo que significó, que eso ya es parte de otra historia, la pelea que hubo entre venezolanos y cubanos y luego el papel que jugó en el Magisterio colombiano en el proceso de la revolución cubana, pero para el efecto que nos proponemos ahora, nosotros arrancamos de Santa Marta, motivados por ese proceso de lucha del grupo Golconda, los curas comprometidos con la Teoría de la Liberación, de la cual nació o más bien se desarrolló, el núcleo que inicialmente constituyó

el Ejército de Liberación Nacional – Eln, miembros de esta organización armada estuvieron en la Marcha del Hambre y nos acompañaron hasta Bogotá, en el camino nos hicieron un sancocho a la orilla del camino y eso fue parte de toda esa historia.  (Continuará)

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