María Valentina y Luis Fer, un equipo de amor y vida

María Valentina Galindo Rovira y Luis Fernando Rodríguez Mejía, son novios y tienen planeado contraer matrimonio muy pronto.

María Valentina Galindo Rovira, de 26 años, profesional en Marketing y Social Media Manager y Luis Fernando Rodríguez Mejía, hotelero de 44 años, son novios desde hace un año y medio, ya se comprometieron y tienen pensado casarse muy pronto, porque se consideran un equipo de vida que día a día cultivan su amor.

Ellos se vieron por primera vez en el año 2017, sin establecer ninguna clase de comunicación. Años después coincidieron nuevamente, esta vez, porque tenían una persona en común que los presentó.

María Valentina recuerda que ella estaba reunida con Erika Acosta en su oficina y Luis Fernando entró a saludarla. “Me vio y, según él, desde ese momento no dejó de pensar en mí. También estaba buscando activar un poco más sus redes sociales, porque tiene como hobby volar drones y capturar desde el cielo los atardeceres y lugares mágicos de Santa Marta”, recuerda con emoción Mary.

Así que tuvieron una primera reunión en la Marina por temas netamente profesionales y, desde el primer momento, hicieron click. Después de eso empezaron a hablar durante largas horas y, sin darse cuenta, cada vez querían saber más de ellos.

¿Cuál fue la primera impresión que tuvieron el uno del otro?

María Valentina: “Luis Fer me pareció un hombre que dice lo que piensa y muestra lo que siente, sin importar demasiado el qué dirán. Y eso me encanta de él”.

Luis Fernando: “Mary me pareció una mujer de casa, trabajadora y muy tierna, con una perspectiva de la vida bastante diferente a la mía”.

Hubo algún momento en que pensaron que no iban a seguir. ¿Qué los hizo quedarse?

“Sí. Hemos tenido momentos en los que permitimos que cosas sin importancia fueran más relevantes que nuestro deseo de estar juntos y crecer como pareja. También hemos dejado, por momentos, que nuestras inseguridades personales pesen más de lo que deberían. Pero creemos y sentimos firmemente que nuestra unión tiene un propósito mucho más grande que nuestro propio ego. Cuando juntos nos entregamos a Dios, suceden cosas inexplicablemente maravillosas que nos vuelven a conectar y nos recuerdan por qué elegimos estar juntos. Además, hemos construido una vida en la que nos hemos convertido en un verdadero equipo. Y creemos que eso ha sido fundamental: entender que no se trata solamente de amarnos, sino de aprender a caminar juntos”.

¿Cuándo se sintieron preparados para comprometerse y fijar la fecha del matrimonio?

“Cuando empezamos a construir un día a día juntos y dejamos de sentir que éramos simplemente una pareja para empezar a sentirnos un equipo de vida. También cuando comenzamos a trabajar en proyectos juntos y entendimos que queríamos seguir construyendo muchas cosas más de la mano”.

¿Cómo fue la propuesta de matrimonio? Cuéntenos los detalles…

“Fue tal y como tenía que ser: sin planeación, simplemente él y yo en el carro, en Barranquilla. Él había ido a recoger el anillo y, cuando lo tuvo en sus manos, sintió que ese era nuestro momento. No importaba exactamente cuándo ni cómo debía ser; simplemente supo que quería entregármelo. Y lo más especial es que el anillo fue diseñado completamente a partir de su imaginación, pensando en mí y en lo que él sentía que me representaba.

Después fuimos a celebrar nuestro compromiso matrimonial a Soria de Amore, un restaurante muy romántico. Yo ya tenía un anillo de promesa y él, de alguna manera, lo que hizo fue agrandar esa promesa: convertirla en la decisión de vivir una vida juntos”.

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