Enrique Acosta Olaya y Luz Mireya Barreto García, tienen catorce años de casados, y conforman un lindo hogar con sus dos hijos.
El Día del Amor y la Amistad es una de las fechas que más celebran los colombianos, especialmente en la región Caribe colombiana, pues son dos sentimientos que vivimos día a día como seres humanos.
En esta ocasión tenemos a una admirable pareja de esposos samarios, Enrique Acosta Olaya y Luz Mireya Barreto García, quienes tienen catorce años de casados, y de su unión nacieron, Alejandro y Mariana, quienes llegaron afianzar su amor. Esta pareja le concedió a HOY DIARIO DEL MAGDALENA la siguiente entrevista:
¿Cómo se conocieron?
“Nos conocimos cuando ingresé a una empresa a realizar las prácticas de una carrera técnica y él trabajaba en ella. Allí fue donde cruzamos nuestros caminos por primera vez sin saber que Dios nos tenía preparado el destino de compartir como esposos y padres”.
¿Cómo surgió el acercamiento entre ustedes?
“La verdadera amistad se consolidó al descubrir que, antes de ser pareja, éramos el refugio seguro del otro frente a cualquier dificultad, construyendo una confianza ciega que hoy es nuestro cimiento más fuerte”.
¿Qué han aprendido como amigos y esposos?
“Hemos aprendido a apoyarnos mutuamente de manera incondicional. Cuando nos casamos, ninguno de los dos tenía un título profesional y nos lo propusimos (ella es Administradora de Empresas Agroindustriales y Especialista en Gerencia de Talento Humano, y él, Contador Público y Especialista en Revisoría Fiscal); como los ingresos eran limitados, llegamos al acuerdo de que primero terminaba la carrera uno y después el otro. Así fue como logramos alcanzar esta meta”.
¿Qué detalle los sigue enamorando hoy?
“Pensamos que el detalle que nos mantiene unidos es el respeto profundo y la confianza inquebrantable. Más allá de cualquier obsequio material, lo verdaderamente importante y lo que alimenta el amor todos los días, es saber que respetamos los espacios, las decisiones y la esencia de cada uno”.
¿Cuál es el recuerdo más bonito que tienen juntos como esposos?
“El recuerdo más lindo que tenemos es cuando nacieron nuestros hijos, y en lo personal como esposa, cuando me diagnosticaron cáncer de mama. Mi esposo, en complicidad con nuestros hijos y como una muestra de amor, honrando la promesa que hicimos ante Dios de estar en las buenas y en las malas, me sorprendió en ese momento tan difícil con unas nuevas argollas como símbolo de que resistiríamos juntos esta batalla”.
¿Cómo ha cambiado su forma de amarse desde que eran novios a hoy?
“Ha evolucionado de la intensidad y la ilusión del noviazgo a un amor más maduro, consciente y sólido. Hoy entendemos que el amor es como una ‘plantita’ a la que hay que echarle agüita todos los días, porque si no, se marchita. Somos dos seres humanos con errores como cualquier otra persona, y nuestro hogar, como cualquier otro, enfrenta dificultades. Pero es ahí cuando uno siente que con respeto y confianza se pueden superar las cosas; al final, somos un barco donde remamos en la misma dirección para continuar adelante con nuestro hogar y nuestros hijos, que son el motor más hermoso que tenemos”.
¿Qué le dirían a una pareja joven que cree que el amor se acaba después de casados?
“Que el matrimonio perfecto no existe, pero cuando tú tienes a Dios en tu hogar, todo es diferente. Antes de dar este paso, deben estar seguros de lo que hacen, sabiendo que el verdadero amor no es pasajero, sino para estar en las buenas y en las malas. Pensamos que lo más importante en una relación de amigos o esposos es el diálogo constante, la confianza y el respeto mutuo; hay que cultivar el amor como esa planta que necesita cuidado diario, convirtiéndose en un apoyo inquebrantable para construir un hogar y lograr los sueños juntos”.

