Colombia se conmueve y actúa

 

Por

ELVIRA

FORERO*

El terremoto golpeó con fuerza al Eje Cafetero, Chocó y el Valle del Cauca, pero su huella llegó a quince departamentos y más de cuatrocientos municipios. Cayó sobre escuelas, centros de salud, hogares, vidas. Realmente es una tragedia nacional.

 

Sin embargo, en las horas siguientes, la institucionalidad empezó a moverse en la misma dirección. El empresariado convirtió su asamblea gremial anual en una donatón. El gobierno, con el presidente, la primera dama, el vicepresidente y su señora, se volcó sobre el territorio. Las organizaciones multilaterales anunciaron respaldo financiero y lecciones aprendidas y la ciudadanía multiplicando la solidaridad, desarrolló convocatorias inmensas para sumar.

 

La resiliencia se construye antes de que lleguen las tragedias. No después. Esa frase debería quedar grabada en cada plan de desarrollo del país.

 

Pensemos en un edificio. Uno que resiste un sismo de escala 7.4 no lo hace por suerte. Lo hace porque alguien, mucho antes del temblor, calculó cargas, reforzó columnas, ancló cimientos. La resiliencia no es una virtud espontánea. Es ingeniería aplicada a la convivencia.

 

Ese es el ejercicio que Colombia necesita replicar, no solo en Chocó, el Valle o el Eje Cafetero, sino en su arquitectura institucional completa. Cuatro pilares. Ninguno basta solo.

 

El primero es el empresariado. La solidaridad es una decisión, no una obligación moral difusa. Una decisión de que Colombia no es solo el país donde se opera, sino el principal activo que se tiene. Esta semana esa decisión se llevó a la práctica, y una asamblea gremial se transformó en un mecanismo de movilización amplio de recursos.

 

El segundo pilar es el Gobierno. Hay que ser justos: apenas ocurrido el sismo, se desplazó al territorio, escuchó a las autoridades locales, empezó a coordinar la reconstrucción. Gobernar desde las regiones no ha sido solo una consigna. Esta semana se vio en la práctica.

 

El tercero es la banca y las organizaciones multilaterales. Suele ser el pilar más invisible, el que aparece en comunicados técnicos. Pero trae algo que ni el Estado ni el empresariado tienen en la misma medida, la memoria comparada. Ha visto desastres en toda la región. Sabe qué funciona y qué no.

 

El cuarto pilar es la ciudadanía organizada. En los municipios afectados hay vecinos que abren su casa a quien perdió la suya, camiones particulares que llevan alimentos, sin que nadie los coordine desde Bogotá y el resto del país. Esa solidaridad de base no tiene vocero, no tiene cifra consolidada, y por eso suele quedar invisible en la narrativa de la reconstrucción. Sostiene tanto como los otros tres.

 

Y en la calle es donde Colombia se revela como es. Filas enormes de gente esperando para empacar mercados y donaciones. Familias que cocinan de más solo para llevarle un plato caliente a quien está ayudando a otros. Somos un país que se conmueve rápido y actúa rápido. Esa capacidad de movilizarse en caliente es un activo nacional tan real como cualquier cifra oficial, y también el que más fácil se nos olvida cuidar.

 

Ahí está el verdadero riesgo. Lo urgente ya tiene respuesta, hay rescate, donaciones, primeros auxilios. Lo que viene ahora es distinto y más complejo. Un proceso largo, de años. Colombia ya lo ha hecho antes. El Forec reconstruyó el Eje Cafetero después del terremoto de 1999, combinando recursos públicos, privados y comunitarios bajo una sola gerencia. Hay ejemplos más pequeños, pero igual de valiosos como la reconstrucción de Bojayá, con participación directa de las Fuerzas Militares en la logística del territorio.

 

Esos modelos comparten algo esencial, la institucionalidad capaz de convertir la solidaridad del primer momento en una hoja de ruta de largo plazo, con censo organizado de damnificados, cuantificación precisa de daños y un modelo de financiación sostenido en el tiempo. Ese es el camino que ya se empieza a trazar para esta tragedia.

 

Colombia sabe construir edificios que resisten sismos de escala 7.4. Sabe movilizarse solidariamente cuando la tierra tiembla. Ahora viene la oportunidad de confirmar que puede convertir ese impulso en un modelo de reconstrucción tan sólido como sus cimientos, con cifras claras, gestión organizada, financiación constante y transformación. Esa es la Colombia que se está construyendo, otra vez, desde los escombros.

*Exdirectora del ICBF

 

Articulos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos articulos