Desde que se inventó, la política usa símbolos animales. Unas veces queriendo trasmitir inteligencia. Otras, astucia, fuerza, prudencia, testarudez o resiliencia. Cuando los animales no tenían estatus cuasi-divino ni remplazaban a los niños, su imagen fortalecía el adorno político. Hoy cuando hacen parte plena de la sociedad, se han vuelto sustancia eficaz para granjearse el apoyo electoral, controvertir, protestar o reprimir.
El reciente Partido Popular Cucaracha (CJP), en India, es el caso más impactante. Ha puesto en aprietos y explicaciones al impasible primer ministro Modi. Uno de su gabinete llamó cucarachas y parásitos a los jóvenes que presentan títulos falsos en los exámenes de admisión al servicio público, especialmente a la judicatura. Las pruebas han sido filtradas, afectando su transparencia. Ahí fue Troya. Un conocido influenciador montó un meme con el insecto, se disfrazó y redactó un breve memorial de exigencias que hasta hoy ha hecho renunciar al ministro del símil y poner el blog en la lista de riesgos para la seguridad nacional de la India. Las protestas cucarachas no se hicieron esperar y cubren ese país y aquellos donde residen indios, especialmente jóvenes, alrededor del mundo. Cuando usted, señora, decida hacerle daño a una de estas blattodeas, tenga cuidado: puede estar ofendiendo un movimiento que ya cuenta con 30 millones de personas seguidoras en línea.
El pez es, después de la cruz, el símbolo cristiano más importante. Es un acróstico en griego de Jesucristo y denota la necesidad de pescar almas para su conversión, según lo instruido a los Apóstoles. Era el modo de reconocerse cuando los cristianos eran perseguidos políticos.
El águila acompaña desde siempre a guerreros y evangelistas, emperadores y académicos. Denota visión amplia, fuerza inteligente y superioridad. Romanos, franceses y alemanes montaron su visión del mundo sobre esta bella ave, y los E.E. U.U. la hicieron su símbolo global de poderío militar.
El león acompañó campañas y organizaciones altruistas. Adornó patios y puertas de palacios europeos, árabes y egipcios. Las estatuas de leones cuidando el orbe se repiten sin cesar.
China ha hecho del oso panda el símbolo de su diplomacia. Ha llegado a condicionar las donaciones hechas y ha exigido respuestas a sus exigencias políticas so pena de repatriar los animalitos desde Washington, Japón o Australia.
Rusia ha hecho del oso marrón su imagen de resistencia y poder. Misha fue la mascota olímpica en 1980 y un oso inauguró un partido de fútbol local en el 18.
Francia se identifica con el gallo. En su uniforme deportivo lo exhibe orgullosa.
Los partidos en Estados Unidos se identifican, con el elefante los republicanos, y con el burro los demócratas, a raíz de las caricaturas que Thomas Nast publicó después de la Guerra de Secesión criticando, en la reconstrucción de Lincoln, a los unos por lentos y a los otros por testarudos. La acusación demócrata venía desde A. Jackson. Un gato, Hank, sacó 7300 votos para senador en Virginia en el 12, superando a varios potenciales amos. La serpiente libertaria inspiró la independencia norteamericana con el lema “No me pises”, en una bandera que se hizo famosa y que por ahí flamea hoy.
En España la expresión “Perro Sánchez” que pretendió ser un insulto al PSOE, fue capitalizada por éste y también adoptada exitosamente por los animalistas de Progresemos.
En Colombia, López M. apeló a la operación avispa para conseguir más curules liberales en el congreso. Uribe invocó a las abejas para, en rebelión granjera, sacudirse al tigre, aliándose con el jaguar petrista. Tuvimos candidata Paloma. Caballos, zorros y hasta gurres han sido politizados.
Rebelión en la Granja, de Orwell, sugiere el autoritarismo inexorable que surge cuando los animales están al mando. La política apeló a ellos para hacerse pegajosa y lo ha logrado. Debería orientarse, en cambio, a ser más humana para que garantice algo de razón y libertad.
*Exministro de Estado

