A la opinión pública

Hay momentos en la vida en los que el silencio deja de ser una muestra de prudencia y se convierte en una carga demasiado pesada para el alma.

Por eso hoy quiero hablarles desde el corazón, no solo como Gobernadora del Magdalena, sino también como mujer, madre, hija y como la ciudadana que decidió asumir la enorme responsabilidad de servir a su departamento con honestidad y convicción.

Durante meses he soportado ataques permanentes, amenazas, presiones, descalificaciones, insultos, múltiples humillaciones y una injusta exposición pública que ha intentado de mil formas quebrantar mi carácter y mi voluntad. Guardé silencio porque siempre he tenido claro que mi energía debe estar dedicada a trabajar por el Magdalena y no a responder a quienes prefieren el camino de la confrontación. Pero también tengo una familia. Personas que amo profundamente, y su seguridad son una prioridad irrenunciable para mí.

Acepté este desafío porque creí, y sigo creyendo, que el Magdalena merece un modo distinto de gobernar. No llegué a esta administración para atender intereses particulares, ni para que las decisiones del gobierno favorezcan a unos pocos. Llegué para poner la Gobernación al servicio de la gente, para escucharlos a todos, para abrir las puertas de la institucionalidad, y para demostrar que un gobierno sí puede ser cercano, incluyente, transparente y respetuoso de las diferencias.

El Magdalena no tiene dueño. No es de colores, no es de apellidos, ni es de sectores exclusivos. El Magdalena pertenece realmente es a sus mujeres, a sus campesinos, pescadores, jóvenes, empresarios, productores, maestros, trabajadores, comunidades vulnerables, y a cada ciudadano que todos los días lucha con tesón por sacar adelante a su familia.

Y precisamente, porque emprendimos construir un gobierno abierto, unir en lugar de dividir, entender en lugar de imponer y convocar en lugar de excluir, hemos encontrado un fuerte y sincero respaldo de miles de magdalenenses que anhelan un departamento reconciliado consigo mismo.

Sin embargo, este mismo rumbo despierta la resistencia de quienes siguen pensando que la política debe alimentarse del enfrentamiento, del miedo y de las viejas prácticas que tanto daño le hicieron a nuestro departamento. Y gobernar con autonomía, corregir lo que estaba mal, depurar cuando corresponde y poner siempre  por delante el interés general, claro que tiene sus costos. Los he asumido con dignidad y los seguiré asumiendo, porque mi compromiso es con el pueblo que depositó en mí su confianza.

He tomado decisiones proyectando un Magdalena para todos, sin clientelismos y sin quienes solo generan odio y buscan únicamente intereses individuales, como es el caso de oficinas y hospitales que tristemente encontramos al servicio de unos pocos, convertidas en verdaderos focos de corrupción y de negocios personales.

La ética y la independencia no son negociables para mí, y ante cada amenaza que recibo, confío en que tengo una protección superior y cuento con el acompañamiento de un departamento entero al que se está dignificando con obras y acciones, de la mano y el liderazgo de una Gobernadora que es la misma que fue en campaña y que no usó una sonrisa para hacerse elegir y luego borrarla de su rostro.

El Magdalena no tiene tiempo que perder en disputas estériles mientras nuestra gente espera es soluciones. Cada día de gobierno debe convertirse en oportunidades para nuestros jóvenes, bienestar para las familias, obras para los municipios, apoyo para los productores, seguridad para nuestros territorios y esperanza para quienes durante años sintieron que nadie los acompañaba y no tenían voz. Por eso estamos recorriendo el departamento, estrechando manos, tejiendo alianzas, creando espacios y demostrando que cuando se trabaja juntos, se pueden entregar más y mejores resultados con la gente.

Escribo estas palabras porque creo que el pueblo merece conocer también el lado más humano de quienes tenemos la responsabilidad de gobernar.

Confío plenamente en Dios, en la fuerza de mi familia, y en el valioso apoyo del departamento del Magdalena para avanzar en esta misión con serenidad y valentía. Continuaré trabajando con la conciencia tranquila, convencida de que el servicio público solo tiene sentido cuando se ejerce con honestidad, absoluto respeto y amor por la gente.

Seguiré siendo una Gobernadora alegre, pero también con carácter y mano fuerte para tomar las decisiones que se necesiten para corregir los errores del pasado.

MARGARITA GUERRA ZÚÑIGA

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