Por
GENERAL (R)
JUAN CARLOS
BUITRAGO ARIAS*
El nombre lo dice todo, Plan Patriota 2.0 y para entenderlo, partamos de las siguientes premisas: en la práctica es la segunda edición del Plan Colombia que duró 16 años y fue exitoso, y en su visión, rescata íntegramente el espíritu de la Política de Seguridad Democrática del Presidente Álvaro Uribe Vélez. De hecho, así o prometió en campaña y lo repitió muchas veces el Presidente electo, Dr. Abelardo de la Espriella.
No hay mejor momento. Latinoamérica se está corriendo con furia a la derecha. El péndulo volvió. La gente ya entendió que sin seguridad no hay libertad, y que sin orden no hay inversión. Hoy la región privilegia tres cosas: seguridad, mano dura contra el crimen organizado, y cooperación con Estados Unidos. Y ahí llega el Plan Patriota 2.0. Llega en buena hora. Y llega con algo que no teníamos, vecinos y aliados del bien.
Tenemos una Venezuela con un régimen moribundo, intervenida por la administración Trump y forzada a reencauzar su democracia. Tenemos a Panamá, Ecuador, Bolivia, Perú, Chile, Paraguay y Argentina alineados. Y desde el 7 de agosto se suma Colombia. Todos en el mismo barco. Todos en el club más exclusivo de cooperación en seguridad de la historia del continente: El Escudo de las Américas, una iniciativa de Estados Unidos cuya enviada especial es Kristi Noem, la exsecretaria de Seguridad Nacional de Trump.
El ministro de Defensa designado ya puso las primeras piedras. Joseph Humshire, Subsecretario de Defensa para las Américas y amigo de Colombia, también lo ha dicho claro. Ahora viene lo difícil: definir hacia dónde van la estrategia y los recursos. Y, sobre todo, articular el Plan Patriota 2.0 con el Escudo de las Américas, con el Plan Integral de Seguridad de Ecuador 2025-2029, con la recuperación de la democracia en Venezuela, y con algo vital que el gobierno saliente se encargó de enterrar, las Cmbifron, las Comisiones Binacionales Fronterizas. Sin frontera blindada no hay país seguro.
Los primeros meses serán una prueba de fuego. El vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, lo dijo sin anestesia, toca reconstruir todo lo que destruyó el Pacto Histórico, y en el marco de la Patria Milagro, la tarea es una sola, que Colombia vuelva a ser una tierra grande, segura y próspera. Es hora de salir de los peores rankings mundiales en seguridad, paz, transparencia, gobernabilidad y justicia.
El reto es monumental. Los recursos son escasos. La corrupción está en el ADN del Estado, las instituciones debilitadas y nos deja una deuda de 435 billones de pesos. Por eso el Plan Patriota 2.0 no puede quedarse en presencia militar y policial. Tampoco en ruedas de prensa presentando capturas o bajas de cabecillas. Tiene que ir más allá de lo que ha sido imposible por décadas, el control institucional del territorio.
Ya sabemos el libreto de memoria. No basta con operaciones ofensivas en el Catatumbo, Urabá, Tumaco y Arauca. No basta con el Bloque de Defensa para la Seguridad en las ciudades. No basta con reactivar las bases antinarcóticos. No basta con la acción unificada. La clave está en secar las economías ilícitas, especialmente el narcotráfico, el contrabando y la minería ilegal; quitarle el pueblo a los violentos, eliminar las guaridas fronterizas del terrorismo y defender las fronteras de verdad, con un cambio diametral en la actitud estratégica del Estado. Y esto solo se hace con institucionalidad en el terreno. Con dientes y recursos. Con gerencia técnica regional que, de la mano de la Fuerza Pública, garantice justicia, inversión, educación y desarrollo. Sin eso, cualquier plan es humo, es lo que ha faltado.
Colombia lleva demasiado tiempo atrapada en ciclos de violencia, criminalidad y corrupción que se reciclan y reaparecen. Seguimos respondiendo a las urgencias mientras aplazamos la construcción de las capacidades e instituciones necesarias para superarlas. Romper ese ciclo exige, además del carácter del gobernante, una política de Estado: visión de largo plazo, continuidad, aprendizaje institucional y acción coordinada.
El Plan Patriota 2.0 puede ser la gran locomotora de la Patria Milagro. Pero ojo: que no termine como el Plan Fénix de Ecuador. Hecho cenizas.
*ExDirector de la Policía Fiscal Aduanera

