Las negociantes de la Fiesta del Mar Nathaly Ariza y Yuly Ariza, representantes del operador contratado para la logística de la Fiesta del Mar, se han dedicado a excluir a los periodistas y medios de comunicación de Santa Marta, a quienes les impiden el proceso acreditación y del acceso a diferentes escenarios oficiales.}
Un llamado enérgico al Gobierno Distrital para proteger el derecho a informar y garantizar el respeto a los medios de comunicación locales.
La Fiesta del Mar es el patrimonio cultural más importante de Santa Marta. Es la celebración que reúne la historia, la identidad, el turismo, el deporte náutico, la cultura y el orgullo de una ciudad que acaba de conmemorar cinco siglos de existencia. Por esa misma razón resulta incomprensible, injustificable y profundamente preocupante que, una vez más, quienes fueron contratados para operar la logística del evento hayan convertido el cubrimiento periodístico en un escenario de exclusión, improvisación y maltrato hacia los medios de comunicación locales.
Lo ocurrido en la antesala de la Fiesta del Mar 2026 no puede pasar inadvertido ni convertirse en una costumbre. Las denuncias formuladas por periodistas y directores de medios de comunicación de Santa Marta reflejan una situación que merece una respuesta inmediata de la administración distrital, porque no se trata simplemente de la entrega de una escarapela o de una acreditación. Lo que está en juego es el respeto por el ejercicio periodístico y el derecho que tienen los ciudadanos a recibir información amplia, plural y oportuna sobre un evento financiado con recursos públicos.
Las denuncias recaen sobre las negociantes Nathaly Ariza y Yuly Ariza, representantes del operador contratado para la logística de la Fiesta del Mar, quienes, según las denuncias conocidas, nuevamente excluyeron a periodistas y medios samarios de los procesos de acreditación y del acceso a diferentes escenarios oficiales.
Lo más preocupante es que, según manifiestan numerosos comunicadores, esta no sería la primera vez que ocurre.
LO REPITEN
Diversos periodistas recuerdan que durante la edición anterior de la Fiesta del Mar también se presentaron inconvenientes similares, generando inconformidad y cuestionamientos sobre la forma como se administra la logística de prensa de uno de los eventos más importantes de la ciudad.
Se trata de una práctica repetitiva que exige correctivos inmediatos.
La administración distrital no puede permitir que un operador contratado termine desconociendo el papel histórico de los medios locales.
Durante todo el año, cuando se requiere informar sobre programas sociales, inversiones públicas, obras, campañas institucionales o situaciones de emergencia, son precisamente los medios de Santa Marta los que están presentes en barrios, corregimientos, zonas rurales y comunidades llevando la información a miles de ciudadanos.
Esos mismos periodistas que diariamente cubren las actividades oficiales hoy denuncian haber sido marginados precisamente del evento que representa la mayor vitrina institucional de la ciudad.
LA CONTRADICCIÓN RESULTA EVIDENTE
No puede acudirse permanentemente a los medios locales cuando conviene divulgar la gestión pública y, al mismo tiempo, relegarlos cuando llega el principal evento cultural de Santa Marta.
Los periodistas samarios no están pidiendo privilegios. Están reclamando respeto. Están solicitando igualdad de condiciones.
Están exigiendo garantías mínimas para ejercer una labor que beneficia directamente a toda la ciudadanía. La información pública no puede administrarse como un favor personal ni convertirse en un mecanismo para premiar a unos y castigar a otros.
Cuando se trata de recursos públicos, el principio debe ser la transparencia. Y cuando se trata de un evento oficial, el acceso de la prensa debe garantizarse bajo criterios objetivos, claros y previamente establecidos.
INDIGNACIÓN
Diversos comunicadores han manifestado su preocupación porque, mientras medios locales permanecían sin acreditación ni información oficial sobre los accesos, la organización habría dado prioridad a medios nacionales y a creadores de contenido digital. No se trata de cuestionar la presencia de periodistas nacionales ni de influenciadores. Toda estrategia de promoción turística puede contemplar su participación.
Lo verdaderamente cuestionable sería que esa estrategia se construya sacrificando la participación de quienes durante décadas han defendido, promovido y acompañado la Fiesta del Mar.
Santa Marta no comenzó a existir cuando llegaron las redes sociales. Mucho antes de que existieran los llamados influenciadores, fueron los periodistas samarios quienes documentaron la historia de la ciudad, registraron sus tradiciones, promovieron el turismo y mantuvieron viva la memoria de esta celebración. Pretender relegarlos constituye un grave error institucional. Más aún cuando la Fiesta del Mar se financia con recursos provenientes de los impuestos de todos los ciudadanos. Por esa razón, los operadores contratados tienen la obligación de actuar con absoluta transparencia, imparcialidad y respeto hacia todos los sectores involucrados. No pueden comportarse como propietarios de un evento que pertenece a Santa Marta. No pueden asumir decisiones discrecionales que afecten el derecho a informar. No pueden establecer barreras innecesarias que limiten el trabajo periodístico. Mucho menos cuando existen antecedentes de inconformidad registrados en años anteriores.
¿QUIÉN SUPERVISA?
Las denuncias conocidas también ponen sobre la mesa otra discusión de fondo.
¿Quién supervisa realmente el cumplimiento de las obligaciones contractuales del operador?
¿Existen protocolos de atención para la prensa?
¿Se establecieron criterios públicos de creditación?
¿Quién decidió qué medios podían ingresar y cuáles no? ¿Sobre qué fundamentos? Esas respuestas las merece no solamente la prensa sino toda la ciudadanía. Porque cuando existe contratación pública también debe existir control público.
La administración del alcalde Carlos Pinedo Cuello tiene ahora la oportunidad de corregir una situación que amenaza con empañar una celebración que debería unir a todos los samarios.
Los periodistas han hecho un llamado respetuoso pero firme para que el mandatario intervenga, revise lo ocurrido y garantice que ningún operador vuelva a desconocer el trabajo de quienes ejercen diariamente el periodismo en Santa Marta.
La ciudad necesita una Fiesta del Mar abierta.
Incluyente, participativa, democrática. No una celebración donde el acceso a la información dependa de decisiones particulares de quienes administran la logística. El periodismo libre constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia.
Ahora no puede existir transparencia sin prensa. No puede existir rendición de cuentas si los periodistas encuentran obstáculos para acceder a los escenarios oficiales. No puede hablarse de participación ciudadana cuando se limita el trabajo de quienes cumplen la función social de informar.
Desde esta tribuna periodística expresamos solidaridad con todos los colegas que se sintieron excluidos, irrespetados o marginados durante el proceso de acreditación de la Fiesta del Mar 2026.
Su inconformidad merece ser escuchada. Sus denuncias deben ser investigadas. Y, sobre todo, sus derechos deben ser garantizados.
El llamado también se extiende a los organismos de control para que, dentro del marco de sus competencias, verifiquen el cumplimiento de las obligaciones contractuales relacionadas con la organización del evento, especialmente aquellas que garanticen la igualdad, la transparencia y el acceso de los medios de comunicación.
Santa Marta merece una Fiesta del Mar a la altura de su historia. Una celebración que proyecte la mejor imagen de la ciudad. Que fortalezca el turismo. Que promueva la cultura. Pero también que respete a quienes todos los días construyen la memoria colectiva desde los micrófonos, las cámaras, las páginas impresas, la radio, la televisión y los medios digitales. El mensaje es claro: ningún contratista puede convertirse en filtro del derecho a informar. Ningún operador puede tratar con desprecio a la prensa local. Y ninguna administración debería permitir que quienes trabajan con recursos públicos desconozcan el papel esencial que cumplen los medios de comunicación en una sociedad democrática.
TODAVÍA HAY TIEMPO PARA CORREGIR
Todavía hay tiempo para abrir las puertas a todos los periodistas. Todavía hay tiempo para demostrar que la Fiesta del Mar pertenece verdaderamente a Santa Marta y a todos los samarios, no a intereses particulares ni a decisiones discrecionales de quienes administran temporalmente su logística.

