La Universidad del Magdalena, en el marco del Convenio 091 de 2026 con el Fondo para la Vida y la Biodiversidad y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, desarrolla un proyecto técnico-científico participativo que busca darle el protagonismo al agua en la toma de decisiones públicas relacionadas con el ordenamiento territorial de la ecorregión Guajira.
Se trata de la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE), un instrumento que tiene como propósito analizar de forma integral las dinámicas ambientales, sociales e institucionales de este territorio, en aras de identificar conflictos y oportunidades en el uso del agua y generar lineamientos estratégicos útiles para la creación de políticas, planes y programas en pro del desarrollo sostenible.
Este proyecto es clave en esta zona del país donde el agua cumple un papel crucial en la economía y los sistemas de vida. Las fuentes hídricas guardan una estrecha relación sociocultural con los pueblos Wayuu, Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo, y comunidades afrodescendientes, quienes sufren por la vulnerabilidad de los ecosistemas y la variabilidad climática.
“Nuestra responsabilidad es validar los asuntos estratégicos que deben integrarse en la Evaluación y su alcance, escuchando a las instituciones, las comunidades, el sector productivo y cada uno de los actores del territorio”, comentó el doctor Juan Carlos Narváez Barandica, docente, investigador de la Alma Mater y director del proyecto.
TALLERES PARTICIPATIVOS
Líderes comunitarios, autoridades tradicionales, pescadores, organizaciones sociales e instituciones fueron convocados por la Universidad a talleres participativos desarrollados en los 15 municipios del departamento, donde dialogaron sobre los cambios que ha sufrido el agua en su territorio en los últimos 30 años.
A través de la cartografía social hídrica, los participantes reconstruyeron la memoria del territorio, identificando las fuentes de agua del pasado y comparándolas con las condiciones actuales. Como resultado de esta acción colectiva se elaboraron mapas que evidenciaron transformaciones en el mar, ríos, jagüeyes, pozos, manglares y otros ecosistemas que históricamente han sostenido la vida de las comunidades.
“Anteriormente estábamos mejor, había unos jagüeyes inmensos que eran como unos reservorios. Dejaba de llover uno o dos años y teníamos agüita, hoy en día no”, manifestó David Rodríguez Viloria, autoridad tradicional de Uribia.
En este municipio, las comunidades resaltaron la necesidad de fortalecer la participación en las decisiones sobre el territorio y expresaron su preocupación por la disponibilidad de agua y la transformación de sus formas tradicionales de vida.
En Manaure, el diálogo puso sobre la mesa los desafíos asociados al acceso equitativo al agua, la vulnerabilidad frente al cambio climático y la protección de ecosistemas estratégicos como los manglares y el Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, así como la importancia de la pesca artesanal y de las salinas tradicionales como sistemas productivos ancestrales del pueblo Wayuu.
Mientras tanto, en Maicao, los participantes destacaron la pérdida progresiva de fuentes hídricas, la disminución de cultivos tradicionales y la importancia de fortalecer la gobernanza territorial para enfrentar la crisis del agua.
“Estos espacios son importantes para buscar esas guías que nosotros como autoridades tradicionales, miembros y líderes de las comunidades busquemos las soluciones y veamos cómo podemos trabajar de la mano con el gobierno y con todos estos proyectos para mejorar la calidad de vida que se ha visto afectada por el cambio climático”, afirmó Minerva Pana, autoridad tradicional.
Entre los principales asuntos estratégicos que surgieron para la Evaluación Ambiental Estratégica se encuentran la gestión del cambio climático, la seguridad y soberanía alimentaria, la gobernanza territorial, el uso y aprovechamiento de las aguas superficiales y subterráneas.
Así mismo, sobresalieron el uso y aprovechamiento de los recursos marino-costeros, los impactos acumulativos de las actividades productivas y el uso del suelo para actividades minero-energéticas y de fuentes no convencionales de energías renovables.
Estos aportes, que integran el conocimiento técnico con los saberes de los habitantes, serán indispensables para anticipar riesgos, prevenir conflictos y promover decisiones más coherentes, participativas y sostenibles frente al ordenamiento territorial en torno al agua en la ecorregión Guajira.

