La Colombia que empezará a renacer

Pasando ya están estos días terribles de angustia y sufrimiento que, vistos hoy, para fortuna y con el rugir de los más, fungieron como simientes para el renacer de ese nuevo país  que requerimos, necesitamos y clamamos a grito herido. Pero, cabe la pregunta: ¿Era ello parte del fondo que en algún momento teníamos que tocar, para finalmente darnos a la tarea de reconstruir una Colombia encaminada por sendas de desarrollo, crecimiento, progreso bienestar e integral prosperidad?

Organizaciones violentas aupadas desde el Ejecutivo central y disfrazando su barbarismo con consignas sociales que solo ellos y los suyos creían, rápidamente quedaron al descubierto al caérseles sus máscaras y empezar a mostrar y exigir sus verdaderos propósitos, cual era entre otros, apoyar a su patrocinador gobernante, quien abiertamente y sobre los mandatos constitucionales y legales los impulsaba a la realización, también abierta de actos vandálicos en detrimento del buen cauce democrático, ya que la misión era desestabilizar y afectar en materia grave nuestra frágil democracia para instalar el denominado narcoestado del Socialismo del Siglo XXI, fachada bajo la cual han libado jugosos dividendos.

No querían, no aceptaban resultados y se resistieron por días, a pesar de las evidencias y diáfana victoria del jurista Abelardo de la Espriella, quienes detentaban el poder en el país a dejar sus privilegios, en el entendido que perder las elecciones les significaba entregar los destinos de nuestro Estado a un dirigente que está dispuesto, como lo ha prometido y le creemos, estar a hacer cumplir la Constitución y las leyes, al igual que aliarse e con Estados Unidos conformando el Escudo de las Américas, malas noticias sin duda para sus seguidores y carteles que los secundan.

No les resultó su plan, no obstante hacer todo lo perversamente posible para tratar de quedarse en el poder; proselitismo armado, subsidios, donativos y demás prebendas y canonjías, pero el plan se les torció y Colombia respondió gracias al Creador como bien y mejor tenía que hacerlo; esto es, eligiendo al doctor Abelardo de la Espriella. Movilizaciones, miles de marchas, bloqueos y  protestas no consiguieron el apoyo que imaginaron y se fueron quedando, además de aislados, recibiendo el repudio de la población sensata. Pensaron que la gente de bien se iba a solidarizar con sus pedidos, o al menos apoyarlos por cansancio con tal de volver a la normalidad, se equivocaron de medio a medio. La población en contrario sentido potenció repudio, rabia y la determinación que los manifestantes no se alcen con sus torcidos objetivos.

Siempre decimos que no aprendemos y que repetimos la historia, pero es posible que esta vez la lección haya calado. Cuatro años de desmanes han sido más que suficientes para enseñarnos lo vil y abusiva que puede ser la izquierda criminal. Los colombianos los acabamos de rechazar en las urnas, les notificamos que no se les quiere más, que han sido una gran decepción para aquellos que le depositaron su confianza, que no se les tiene fe por corruptos e incapaces de lo bueno y lo mejor y que además fue un tiempo suficiente para darse cuenta que no va a querer volver al oscurantismo y que como ciudadanía desarrolló poderosos anticuerpos contra la izquierda criminal. Cuatro años de enorme corrupción, de amenazas, desatinos, despilfarro económico, de inoperancia y maldad, que nos han vacunado contra eses malhadado socialismo del siglo XXI. La fuerte corriente hacia la derecha y sus éxitos económicos y sociales han sido importantes en la creación de un nuevo paradigma y una nueva esperanza que ojalá tengan en cuenta los más jóvenes.

Tengo hoy y más que nunca, la certeza que esta etapa ha llegado para quedarse, para apostarle a la modernidad, al desarrollo, al progreso, al crecimiento, al bienestar, a la prosperidad, a la democracia y a la libertad. En un solo vocablo, tenemos que apostarle a la prosperidad. Cuatro años fueron de barbarie, pero finalmente aprendimos. El nefasto gobierno que parte es ejemplo para no volver a caer en la inestabilidad y la opresión. No estamos dispuesto a ello, que se sepa.

A partir del 7 de agosto el país empezará a buscar respuestas en la derecha y su futuro se nutrirá de institucionalidad, protección a la propiedad privada y libertad individual. Colombia aprendió lo peligroso que es votar a la izquierda y seguro estoy no volverá a prestarse para experimentos socialistas de baja laya, cuando vemos naciones que progresan moviéndose en la dirección contraria y correcta. Tocamos fondo. Empieza ahora la reconstrucción. Solo requerimos una clase política de primera condición preparada a cabalidad para para liderar esta nueva etapa.

*Abogado*Periodista

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