Pasado el terremoto del cuatrienio, vendrá la identificación de sobrevivientes que gozan de cabal salud y de heridos graves y leves. Los desaparecidos serán confrontados con listas de los rescatistas y con las menos transparentes de las autoridades salientes. La remoción de escombros institucionales debe iniciarse y terminar muy prontamente. La reconstrucción es costosa, tomará tiempo y puede generar descontento de damnificados y población en general, si no hay resultados tempranos.
Los ciudadanos del centro somos una especie extinta temporalmente. Sin liderazgo ni energía para preparar las nuevas luchas electorales y aplicar los nuevos métodos de comunicación directa que quedaron entronizados en la campaña. La calificación de “tibios”, de no comprometidos con un futuro mejor para Colombia, deberá borrarse con ideas e independencia. Allá llegaremos, al centro político que no existe hoy, cuando nos saciemos de extremos y vociferación, de remedios esotéricos y dogmatismos de obediencia y desobediencia. Cuando a algún iluminado se le ocurra que la ley y la paz son el centro y lo comunique con éxito, será referente.
Otro cadáver es la leyenda de que la voluntad popular todavía se puede torcer a punta de ladrillos, plata y fusiles. La participación electoral de 64% ya vivida hace imposible ejercer influencia decisoria en las elecciones presidenciales. Quienes invirtieron en esas prácticas, de ambos lados, perdieron la plata.
Entre los heridos, encontramos departamentos y municipios. Hay que sanar sus heridas y retomar la senda de la unidad nacional. Los empalmes regionales son un muy buen comienzo.
Con lesiones quedaron las mujeres en estos años, las que ayudaron y las que se opusieron. Irrespeto, descalificación y señalamientos sin base, acompañaron la gestión que irreconociblemente ejerció la izquierda, esa que supuestamente defiende la igualdad de género y de oportunidades para quienes hasta hace apenas décadas eran consideradas inferiores. Curiosamente, la misma receta ramplona se aplicó a las irrespetadas Fuerzas Armadas, a los gremios, a los Brayan y a la tecnocracia.
Enyesada de manos y pies queda la Federación de Cafeteros, centenaria institución, realmente la más eficaz en el acompañamiento de un subsector agrícola vital para el empleo y la estabilidad rurales, y que tanto le ha dado a Colombia. No se dejó convertir en botín electoral de los ávidos seudo-progresistas.
También quedó mal herida la economía, que debe ir a la UCI para tratamiento con oxígeno, adrenalina y antibióticos, para respirar mejor mientras se le hacen otros procedimientos de recuperación. La adrenalina de la inversión es urgente, así como altas dosis de hidrocarburos y minería. Los antibióticos deben evitar que la infección de la corrupción y de la irresponsabilidad acabe con las débiles e infectadas defensas y arcas estatales.
En silla de ruedas está nuestro papel en el mundo. Perdimos las buenas maneras y con ellas el vecindario. Venezuela está en ruinas; las señoras que la dirigen no se saludan ni siquiera en emergencia. Ecuador sigue su lucha contra el crimen organizado sin nosotros. Los E.E. U.U. se preguntan si con las heridas generadas, podremos vencer a las mafias de nuevo.
Se buscan en las listas de desaparecidos a partidos políticos, expresidentes, estrategas electorales y candidatos de las consultas. Desaparecidos están los parlamentarios, que aparecerán el 20 de julio ojalá organizados y con el poderoso antecedente de poder que dejó el congreso que termina.
Ilesos, Banco de la República, Registraduría y Registrador, Defensoría, Procuraduría y Procurador, Contraloría y MOE. Mostraron fortaleza institucional ejemplar.
Después del sismo vendrán las réplicas. Deseemos que quede algo de voluntad para trabajar juntos y recuperar esta resiliente y torturada nación, dividida por una causa que no vale la pena: la política sectaria de los años 50 del siglo pasado, que costó más de doscientos mil muertos.
*Exministro de Estado

