El voto refleja nuestros principios

Por

General (r)

JUAN CARLOS

BUITRAGO ARIAS*

A muchos lectores, a quienes agradezco sinceramente por leer mis columnas en medio de este ambiente duro y polarizado, tal vez este título les suene repetido. Algunos dirán: “Al carajo el general Buitrago con su discurso de que los principios no se negocian; aquí lo que está en juego es salvar la patria del comunismo o de las mafias”. Y los entiendo. El momento es grave. Hay rabia, miedo y cansancio. Pero justo por eso hay que insistir: cuando los principios se guardan en el congelador, la política deja de ser causa y se vuelve conveniencia.

Por eso valoro la posición de Sergio Fajardo al no unirse a la candidata de la Gran Consulta. Puede que no llegue a la Presidencia. Puede incluso que esta contienda marque su despedida electoral. Pero ha dejado algo que hoy escasea: coherencia. En sus campañas ha mostrado que la política también puede hacerse desde la palabra empeñada, desde la educación y desde el respeto por unas convicciones.

Lo mismo ocurre con Paloma Valencia. No solo tiene autoridad moral para aspirar a dirigir el país; también representa una forma de liderazgo que Colombia necesita. Ha dicho que no gobernará con sed de venganza, ni solo para los suyos, ni con ánimo de destruir al que piensa distinto. En una campaña marcada por el grito, el insulto y la promesa de arrasar con el otro, eso tiene enorme valor.

Entiendo que muchos voten movidos por el rechazo al actual gobierno y a su candidato. Hay frustración. Hay indignación. Hay temor frente al rumbo del país. Pero votar desde la rabia puede llevarnos a justificar lo injustificable. Y ahí aparece el riesgo: creer que para salvar la patria se puede entregar la dignidad y apoyar a quien ha defendido la mafia y despierta serias dudas éticas, jurídicas y políticas.

No se puede pasar por alto que sobre este candidato pesan denuncias, señalamientos y vínculos que generan profundas inquietudes. Se le cuestiona haber defendido al zar del contrabando, contribuido al fraude de DMG, haber sido aliado de alias Boliche y continuar, a través de su bufete, representando al testaferro del régimen de Maduro, Alex Saab. Su pasado no es un detalle menor. Tampoco lo son sus alianzas, defensas jurídicas, cercanías cuestionadas ni su manera de construir poder apelando al espectáculo, al agravio y a la manipulación emocional. Colombia no puede cambiar un peligro por otro, ni convertir el miedo en permiso para votar por cualquier opción.

Cada voto habla de nosotros. Refleja intereses, emociones, miedos y también principios. Por eso el voto consciente, racional e independiente vale tanto. No se trata de elegir a una persona perfecta, porque nadie lo es. Se trata de votar sin traicionarse. De no decir una cosa en público y hacer otra en la urna. De no predicar ética durante años para abandonarla en nombre de una supuesta estrategia.

Me sorprende ver a personas cercanas, líderes respetados y sectores que antes hablaban de moral pública, hoy justificar alianzas que antes habrían rechazado. Algunos, como la fórmula vicepresidencial José Manuel Restrepo, lo llama pragmatismo, estrategia, que es un vehículo. Yo lo veo distinto: cuando una estrategia exige renunciar a los principios, ya no es estrategia; es rendición. De ahí la presencia soterrada del “duquismo” en esta campaña. Ahora varias cosas, que viví personalmente, tienen su explicación.

No recuerdo una campaña tan sucia como esta. Las redes se volvieron un campo de manipulación. La desinformación corre más rápido que la verdad. Y en medio de ese ruido, los principios parecen ser la primera víctima.

La decisión de este domingo no puede basarse solo en el rechazo al terrorismo, al comunismo o a quienes han sido sus cómplices. Pero tampoco puede convertirse en culto a la mafia, en revancha, en insulto, o en entregar la dignidad a la promesa fácil. Colombia no necesita otro salto al vacío. Necesita carácter, serenidad, decencia y capacidad real de Sumar.

Este domingo tenemos una oportunidad histórica: elegir a la primera mujer presidenta de Colombia. Una mujer sin tacha, aguerrida y valiente. Una mujer que representa el carácter y la fuerza de Margaret Thatcher, junto con la inteligencia, la sensatez y la serenidad de Ángela Merkel. Una mujer que no negocia sus principios y que tiene capacidad de liderar un equipo serio.

Paloma Valencia representa esa esperanza. No porque sea perfecta, sino porque ofrece coherencia en medio del desorden. Porque suma donde otros dividen. Porque recuerda algo sencillo y profundo: el voto no solo decide un gobierno; también muestra quiénes somos.

Al final, el voto refleja nuestros principios. Que no termine, alimentando el caos, en medio de la desesperación.

*Exdirector de la Policía Fiscal Aduanera

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