La hora del juicio

A seis días de acudir a las urnas, comparto estas reflexiones con la inquietud que me brindan años de observación y experiencia directa. Mis vivencias, forjadas sobre escenarios reales, me permiten ejercer un discernimiento alejado de cualquier teoría desconectada de la realidad. En mi trayectoria, el dogmatismo demostró ser la ruta segura hacia el estancamiento, el retroceso y la ruina que hoy exhiben con dolorosa claridad Cuba y Venezuela.

Como he señalado en otras ocasiones, mi perspectiva se fundamenta en lo que presencié durante mi misión diplomática en Moscú. Allí fui testigo del marchitamiento de una sociedad culta, inteligente, refinada y creyente, pero privada de su voluntad. De igual forma, mi paso por la China de antes de Deng Xiaoping y muchos viajes posteriores me permitieron constatar cómo el control estatal absoluto condena a millones a la miseria. Por ello, al escuchar a quienes insisten en esas mismas sendas, mi postura nace de lo que viví directamente.

Es preciso advertir una diferencia fundamental: a diferencia de aquel comunismo soviético, chino o vietnamita que, aun equivocado, conservaba una lógica interna de buena fe, la izquierda radical latinoamericana es el engendro pervertido de un personaje traumatizado por el resentimiento: Fidel Castro. Su legado representa una postura política nacida de la amargura contra quienes han cultivado el éxito con esfuerzo, creando valor y prosperidad.

En el espectro opuesto, este panorama electoral nos presenta opciones claras. Paloma Valencia, tras ganar la consulta, ha demostrado ser una parlamentaria de trayectoria impecable. Su entrega, su honestidad a toda prueba y su profundo conocimiento de la problemática nacional la distancian radicalmente de la corrupción que ha caracterizado al gobierno actual. Por otra parte, la fórmula de Abelardo de la Espriella y Restrepo constituye una alternativa sólida; ambos cuentan con la capacidad necesaria para conducir al país con acierto.

Lo verdaderamente lamentable es la profunda fragmentación en estas candidaturas. Esta dispersión de fuerzas corre el riesgo de abrir, una vez más, el camino para que una tercera vía -la izquierda- se apodere de nuestro futuro. Es un momento de lucidez histórica, donde la división podría costarnos mucho más que un simple resultado electoral.

Colombia no está para experimentos. La inercia del gobierno actual nos empuja hacia un modelo que solo ha traído fractura y aislamiento. Ante este escenario, la opción De La Espriella y Restrepo ofrecen la alternativa para evitar la ignominia de este remedo tropical de comunismo que nos amenaza.

Estamos ante un dilema de fondo. El proyecto que encarna el actual gobierno, respaldado por figuras como Iván Cepeda, es la persistencia en un camino que conduce al aislamiento y a la fractura institucional. Mi postura es la de un crítico que confía en la libertad y la iniciativa individual, y en un Estado que sabe poner límites claros al abuso. No soy un extremista, pero el discernimiento me obliga a rechazar aventuras ideológicas que han cobrado demasiadas víctimas en nuestro continente y particularmente en Colombia tras setenta años de insurgencia convertida en narcoterrorismo.

La cita en las urnas este domingo representa un umbral histórico de consecuencias definitivas. Estamos ante la coyuntura más crítica de nuestra historia republicana, donde el riesgo es el desmantelamiento de lo que generaciones anteriores construyeron y la entrega de nuestro destino, el de nuestros hijos y el de nuestros nietos, a manos de quienes carecen de proyecto país y solo aspiran a emular la fracasada Cuba de los Castro y la ruina inclemente de la Venezuela de Chávez y Maduro, engendros todos de esa misma estirpe castrista.

La amenaza no es política; es el descaro de un narcoterrorismo que ha abandonado cualquier pretensión de relato de supuesta reivindicación social para revelarse como una estructura puramente delincuencial. Aquí no caben las complacencias: la elección es entre rescatar la institucionalidad o permitir que el país sea sofocado por una maquinaria criminal que ha vaciado de contenido el concepto mismo de Estado.

*Economista*Analista internacional

Articulos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos articulos