Alberto Emilio Guerrero Pertuz, de 52 años, era conocido en Santa Marta por vender fritos y jugos desde hacía más de una década. Sus clientes lo recuerdan como un hombre trabajador, amable y dedicado a sacar adelante a su familia con esfuerzo diario.
Mientras tanto, este domingo se realizará una velatón y protesta pacífica a las 7:00 de la noche, en el sitio donde fue asesinado, en la carrera 5 con calle 25, frente a la clínica El Prado, para exigir justicia por el crimen de ‘Pichy’.
Agobiado por las exigencias económicas cada día que pasaba imposible de atender, Alberto Emilio Guerrero Pertuz lleno de coraje y valentía enfrentó en el albor del jueves 23 de abril a sus extorsionistas. A uno de ellos, que llegaron a bordo de una motocicleta, le dijo que ´no tengo de dónde pagarles, lo poco que hago es para llevarle comida a mi casa, no hay más plata´. En ese momento el sicario bajó de la moto y buscando atemorizarle le respondió con amenazas e intenciones de accionar el arma, hecho que indujo a ´Pichy´ a lanzarse contra su asesino buscando una confrontación desigual. El sicario lo empujó y ´Pichy´ cayó sobre el piso, en el mismo lugar donde acudía diariamente para ganarse la vida. Al verlo en condiciones de incapacidad para resistir, el criminal de manera miserable le disparó.
El anterior relato hace parte de las averiguaciones que sobre el terreno han hecho investigadores judiciales que buscan avanzar en las pesquisas y dar con el paradero de los dos asesinos de ´Pichy´.
LOS NUEVOS DETALLES
Mientras la comunidad lamenta su partida y se prepara para salir a las calles a exigir justicia, las autoridades judiciales al frente de la investigación han revelado detalles que estremecen aún más este caso y que refuerzan el dolor de una familia que hoy no encuentra consuelo. La principal hipótesis del crimen está relacionada directamente con un cobro de extorsión que durante semanas venía afectando la tranquilidad y la estabilidad económica de Alberto Emilio Guerrero Pertuz.
Según la información recopilada por los investigadores, a ‘Pichy’ le exigían casi un millón de pesos para permitirle continuar ejerciendo su actividad económica en el sector donde diariamente instalaba su puesto de fritos y jugos. No se trataba de una ayuda voluntaria ni de una colaboración ocasional, sino de una presión constante impuesta por delincuentes que llegaban hasta su lugar de trabajo para exigirle una cuota ilegal a cambio de dejarlo vender y sostener a su familia.
MAL MOMENTO
Una fuente policial aseguró que Alberto Guerrero Pertuz, no atravesaba un buen momento económico. Hace aproximadamente un mes, delincuentes le habían robado el vehículo que utilizaba como herramienta principal para ofrecer sus productos, afectando gravemente su sustento diario y obligándolo a buscar alternativas para no detener su trabajo. Ante esa situación, tuvo que recurrir al alquiler de otro carro, por el cual pagaba 150 mil pesos semanales, una suma considerable para alguien que vivía del esfuerzo diario y de las ventas que lograba concretar en la calle.
A esa difícil situación económica se sumó la presión de quienes constantemente llegaban a exigirle dinero. Cada visita representaba más angustia, más temor y más incertidumbre para un hombre que solo quería trabajar en paz.
Para la comunidad y persona cercanas a ‘Pichy’ no hay dudas que lo asesinaron por negarse a seguir pagando para poder trabajar. Su muerte se convirtió en el reflejo más cruel de una realidad que golpea a cientos de comerciantes informales, pequeños vendedores y trabajadores independientes que diariamente deben enfrentar amenazas silenciosas para poder llevar el sustento a sus hogares. “Lo estaban asfixiando. Primero le roban el carro, después le cobran vacuna para trabajar. ¿Entonces qué le quedaba? Él era un hombre honrado, no un delincuente. Lo único que hacía era levantarse temprano para vender sus fritos y sus jugos”, relató un conocido cercano, con evidente indignación.
VIDA DEDICADA AL TRABAJO Y LA CASA
La familia insiste en que Alberto nunca fue un hombre problemático. Su vida estaba dedicada al trabajo, a su hogar y a sus clientes, quienes hoy no entienden cómo alguien que se ganaba la vida honradamente terminó convertido en una víctima más de la violencia que azota a la ciudad. La exigencia ahora es una sola: que este crimen no quede impune y que los responsables respondan ante la justicia.
HOY VELATÓN
Familiares, amigos y conocidos de Alberto Emilio Guerrero Pertuz, ‘Pichy’, realizarán una protesta pacífica y una velatón para exigir respuestas a las autoridades por su asesinato, ocurrido el pasado jueves 23 de abril, cuando apenas se disponía a iniciar una nueva jornada laboral vendiendo fritos y jugos, el oficio con el que durante más de una década sacó adelante a su familia.
LA PROTESTA
A las 7:00 de la noche de hoy, exactamente en el mismo sitio donde fue asesinado, sus seres queridos se reunirán para levantar la voz. Allí, con pancartas, arengas de justicia y velas encendidas, pedirán a la Policía Metropolitana de Santa Marta, y a la Fiscalía General de la Nación, avances contundentes en la investigación para que el crimen no quede en la impunidad.
No será solo una protesta; será también un homenaje. Cada vela encendida representará el recuerdo de un hombre trabajador, de un padre de familia, de un amigo entrañable y de un vendedor querido por decenas de samarios que por años encontraron en su puesto no solo comida, sino también conversación y cercanía. “Queremos justicia, no queremos que esto quede como una cifra más. A él lo mataron por trabajar, por ganarse la vida honradamente. Eso no puede seguir pasando en esta ciudad”, expresó uno de sus familiares, aún con la voz entrecortada por el dolor.
La familia insiste en que no descansará hasta conocer quiénes fueron los responsables y por qué decidieron acabar con la vida de un hombre cuyo único delito fue negarse a seguir pagando para poder trabajar.
‘Pichy’ no era un hombre de problemas. Era conocido por su sonrisa tranquila, por madrugar todos los días y por atender con amabilidad a quienes llegaban hasta su carrito de ventas en busca de una empanada caliente, una arepa recién hecha o un jugo refrescante. Su nombre no estaba ligado al miedo, sino al trabajo honrado. Por eso su muerte ha causado indignación, tristeza y rabia entre quienes lo conocieron.

