Cinco días después del accidente del avión Hércules C-130 en Puerto Leguízamo (Putumayo), que dejó 69 militares muertos y 57 heridos en la mayor tragedia aérea reciente de la Fuerza Pública, la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) informó a través de un comunicado que su flota de C-130 Hércules opera con apenas dos de sus cuatro aeronaves disponibles —las de matrícula FAC1005 y FAC1018—, mientras las otras dos —FAC1015 y FAC1017— se encuentran en mantenimientos programados pendientes de finalizar.
Todo esto en medio del debate político abierto por el presidente, Gustavo Petro, quien calificó de «chatarra» la aeronave siniestrada y cuestionó públicamente la política de recepción de equipos militares donados por Estados Unidos.
Según el comunicado de la institución, la reacción operativa tras el accidente del FAC1016 fue inmediata. El mismo 23 de marzo, la FAC envió desde Bogotá la aeronave FAC1005 hacia Puerto Leguízamo en «configuración de traslado masivo», con médicos, enfermeros y personal especializado para atender y transportar a los heridos.
Dos días después, el 25 de marzo, esa misma aeronave realizó el transporte de tropa y carga hacia San José del Guaviare, en lo que la institución describió como una demostración de «compromiso, responsabilidad y vocación de servicio» de sus tripulaciones y como una señal de que las operaciones militares de movilidad estratégica no quedaron paralizadas por la tragedia.
El panorama actual de la flota Hércules expone de manera concreta las limitaciones operativas que el propio presidente Petro y el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, reconocieron durante el consejo de ministros del 25 de marzo, cuando se reveló que las Fuerzas Militares operan al 45% de su capacidad instalada.
De las cuatro aeronaves C-130 activas en el inventario —descontada la accidentada FAC1016 y las dos que el Ministerio de Defensa anunció que saldrán de servicio—, solo la mitad vuela hoy. Las otras dos están en tierra, a la espera de concluir mantenimientos programados, sin que la FAC precisara fechas de reintegración.
La institución, sin embargo, subrayó el volumen de trabajo que esa flota ha sostenido: en 2025, los C-130 trasladaron más de 17.000 personas y más de 2.800 toneladas de carga a lo largo del territorio nacional. En lo que va de 2026 —antes del accidente del 23 de marzo—, ya habían movilizado más de 4.800 personas y más de 476 toneladas.
El comunicado también recordó que el Comando Aéreo de Transporte Militar no depende exclusivamente de los C-130 para sostener la movilidad estratégica del país. La FAC opera además aeronaves Boeing 737-700, C-40 y Casa C295, con las cuales mantiene activas misiones de transporte de personal y carga, lanzamiento de paracaidistas a gran altura, extinción de incendios, traslado masivo de pacientes y participación en operaciones internacionales como la Campaña Antártica.
El comunicado de la FAC llega en medio de una crisis institucional que aún no tiene respuesta técnica definitiva. Las causas del accidente del FAC1016 siguen bajo investigación, y ninguna autoridad ha descartado formalmente ninguna hipótesis.
El ministro de Defensa había confirmado el 26 de marzo el retiro de dos aeronaves adicionales —una de ellas fabricada en 1960 y recibida en 1968— por cumplimiento de ciclos operativos, escasez de repuestos o fin de vida útil, aclarando que esas decisiones no obedecen al accidente sino a procesos técnicos previos.
En paralelo, el Gobierno avanza en la estructuración de un documento CONPES que proyecta inversiones de cerca de 13 billones de pesos en los próximos diez años para modernizar equipos y fortalecer capacidades en inteligencia, movilidad y tecnología. De ese total, la Fuerza Aeroespacial recibiría el 10,2%, frente al 44,9% del Ejército y el 26,5% de la Armada.
Con 63 de las 69 víctimas ya identificadas y seis más en proceso de cotejo genético, las familias de los militares fallecidos continúan en duelo, mientras el país aguarda las conclusiones de la investigación que deberá determinar qué ocurrió el 23 de marzo sobre la selva del Putumayo.
/Colprensa.

