El cónclave eleccionario se podría iniciar hacia el 7 u 8 de mayo, y hacia el 10 de mayo se haría la elección de un nuevo papa, el número 267 en la historia.
Cuando apareció el Domingo de Resurreción ante miles de fieles, se le vio cansado. Era su última voluntad, la de despedirse en medio de una tristeza inocultable. El Papa así lo dejó en su rostro. Un ser humano que peleó hasta el final para estar con su gente y que se fue “a la casa del padre” seguramente en paz, después de haberlo dado todo por su iglesia en una Semana Santa que representó un verdadero calvario.
Así fueron las últimas horas del papa Francisco, que según fuentes vaticanas citadas por diarios italianos, se despertó este lunes a las seis de la mañana. Entonces “se encontraba razonablemente bien”, aseguró el Corriere della Sera. Pero una hora más tarde, a las 7, habría tenido un derrame cerebral que le provocó la muerte 35 minutos después.
«Fuentes vaticanas confirman que el Papa se despertó a las seis y se encontraba razonablemente bien. A las 7 de la mañana se sintió enfermo y, un poco más de media hora después, exactamente a las 7:35 a.m., se informó del fallecimiento», explica el diario Corriere della Sera.
Su físico, que hasta ahora había sido fuerte y había aguantado una agenda frenética en los últimos años, ya no era el mismo. Se encontraba totalmente debilitado después de su cuarta y última internación en el Gemelli, el hospital de los papas, del que había salido, el 23 de marzo pasado, como otra persona.
Aunque con ese espíritu indómito había levantado el pulgar como para decir que estaba todo bien, no estaba para nada recuperado y quizás intuía que iba a volver a su casa de Santa Marta para intentar recuperarse, sí, pero también quizás, para morir, si eso era la voluntad de Dios. El papa estaba debilitado por infecciones respiratorias
De acuerdo con Corriere della Sera, su cuerpo ya estaba debilitado por infecciones respiratorias que habían degenerado en una neumonía bilateral que lo puso al borde de la muerte con tres crisis respiratorias (el 22 y el 28 de febrero) que evidentemente dejaron secuelas gravísimas. Es verdad que gracias a su determinación a seguir adelante “hasta que Dios quiera” y a los ejercicios de fisioterapia respiratoria y motriz, en las últimas tres semanas había tenido mejoras en el uso de la voz.
Había retomado, de hecho, en forma limitada algunas actividades de trabajo, pero no era el mismo. No estaba bien, como podía verse en las imágenes de sus últimas salidas de su casa de Santa Marta para estar presente en una Semana Santa en la que quiso darlo todo.
Estaba más delgado, pero con el rostro hinchado, casi deformado, con el mentón tieso, algo que le impedía sonreír, pero con la cabeza totalmente lúcida. Y sin cánulas nasales, sin oxígeno, decidido a entregarse con todo su ser y estar presente, como fuera posible, en la semana más importante para la Iglesia católica.
‘Vivo esta Pascua como puedo’
“¿Cómo está viviendo esta Pascua?”, le había preguntado una periodista al salir de la cárcel de Regina Coeli el jueves último, donde, aunque no pudo hacer el tradicional lavado de pies, quiso estar con un grupo de detenidos, para recordarles que Dios perdona todo y que no estaban solos.
“Vivo esta Pascua como puedo”, contestó con gran esfuerzo y dificultad el papa Francisco, jesuita que evidentemente comenzó a percibir que Dios estaba comenzando a llamarlo: empezaba a ser una misión imposible poder comunicar el Evangelio, no sólo en palabras, sino también, en forma concreta.
Esfuerzo final: se movilizó en papamóvil
Aunque los médicos le habían prescrito una convalecencia de al menos dos meses y reposo absoluto, Francisco, un poco más obediente en los últimos tiempos, no pudo ni quiso hacerles caso. El Papa del pueblo quiso su final con el pueblo.
Por eso este domingo, después de saludar durante dos minutos al vicepresidente JD Vance en Santa Marta -cuando era evidente que tampoco estaba bien, según las imágenes difundidas del encuentro-, hizo su gran esfuerzo final, su último desgaste.
A las 12.02, en medio de un silencio en la Plaza de San Pedro sobrecogedor, apareció por última vez, en su silla de ruedas, en ese mismo balcón central de la Plaza de San Pedro desde el que había sorprendido al mundo la tarde del 13 de marzo de 2013. Entonces, su cuerpo y sobre todo, su rostro aparecieron, de nuevo, como el día del alta del Gemelli, como un símbolo del sufrimiento.
Papa Francisco aparece en público por última vez
No había sonrisa, tenía el rostro tieso, la mirada de un hombre, ahora lo sabemos, que estaba haciendo un esfuerzo final. No estaba bien y fiel reflejo de ello fue que tuvo que leer esas que serán recordadas como sus últimas palabras en público: “Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua!”.
Francisco, un papa que habíamos conocido como el mago de la comunicación, había tenido que leer ese simple saludo. No estaba bien, evidentemente. Pese a eso, después que un colaborador leyera su mensaje pascual -otro llamamiento a la paz en un mundo enloquecido y en favor de los últimos y descartados-, logró impartir, siempre con enorme dificultad, la bendición “urbi et orbi”.
Decidido a despedirse con su impronta, sorprendió a todos al subirse al papamóvil, desafiando las corrientes de aire y dar esa última vuelta marcada, otra vez, por lo que luego todos nos dimos cuenta que era su despedida final.
Las cámaras del Vaticano que filmaban esa última recorrida entre 35.000 personas que lo filmaban con sus celulares y lo vivaban, lo enfocaban de atrás para evitar que se viera ese rostro sufriente. Quienes logramos verlo de frente, saludando con sus manos, pero sin buscar contacto visual y con rostro serio, comenzamos a entender que era su despedida. Una despedida en la que incluso detuvo el papamóvil para bendecir a un niño. Dándolo todo, hasta el final.
Cómo fue la vida Sacerdotal del Papa Francisco
Durante la década de 1960, Jorge Mario Bergoglio decidió dejar su empleo para iniciar su camino religioso en la Compañía de Jesús, una de las órdenes más influyentes de la Iglesia católica. Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969 por el arzobispo Ramón José Castellano, y cursó estudios de humanidades, filosofía y teología en seminarios jesuitas de Argentina. Posteriormente, amplió su formación viviendo en Chile y también en Alemania, donde se dedicó a la enseñanza de literatura y psicología a sus compañeros jesuitas.
Su trayectoria dentro de la Iglesia fue notablemente ascendente, pues en 1973, con apenas cuatro años después de su ordenación, fue nombrado superior provincial de la Compañía de Jesús en Argentina, cargo en el cual asumió importantes responsabilidades pastorales y administrativas.
El 20 de mayo de 1992, el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. Posteriormente, el 3 de junio de 1997, fue designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires, un cargo que asumió de manera plena el 28 de febrero de 1998. En 2001, el 21 de febrero, fue creado cardenal por el mismo Papa Juan Pablo II.
Finalmente el 13 de marzo de 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI, Jorge Bergoglio fue elegido como el 266.º papa de la Iglesia Católica, adoptando el nombre de Francisco en homenaje a San Francisco de Asís. De esta manera, hizo historia al convertirse en el primer papa proveniente de América
GRAN PESAR
La muerte del papa Francisco a sus 88 años en su residencia de la Casa Santa Marta, ha generado un gran pesar entre los fieles, pues además de ser el primer papa latinoamericano, su legado se caracterizó por su lucha para actualizar la doctrina social de la católica persiguiendo el bien común y una sociedad más justa.
Incluso, recibió el nombre del ‘papa de los pobres’ debido a su profunda preocupación y obras a favor de los más marginados de la sociedad, como a los inmigrantes y cuestiones de interés político, social, ambiental y económico.
Su partida repentina luego de recorrer la plaza de San Pedro del Vaticano en su papamóvil menos de 24 horas antes en la celebración del Domingo de Resurrección ha puesto fin a 12 años de pontificado quedarán marcados en la historia de la iglesia.
El papa falleció a causa de un ictus cerebral que le causó un coma y un fallo cardiocirculatorio irreversible. De acuerdo con los comunicados del Vaticano, Francisco pasó dos meses sufriendo unos problemas respiratorios graves que le obligaron a permanecer ingresado en el hospital Gemelli de Roma durante 38 días (hasta el pasado 23 de marzo).
En su testamento, dejó su voluntad de ser enterrado en una capilla en la basílica romana de Santa María la Mayor y en una tumba sencilla:
“Deseo que mi último viaje terrenal concluya precisamente en este antiguo santuario mariano donde fui a orar al inicio y al final de cada Viaje Apostólico para confiar con confianza mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle su cuidado dócil y maternal.
Solicito que mi sepulcro sea preparado en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal como se indica en el documento adjunto

