Esta semana, Gustavo Petro reiteró su oposición a la explotación de hidrocarburos en Colombia. Propuso “cesar la exploración de petróleo” y, después de parar la exploración, dejar de exportar para dedicar las reservas petroleras, que según él son de 12 años, “a sostener la demanda interna”.
Las propuestas de Petro son socialmente irresponsables y económicamente insostenibles. Solo contribuirían a disparar exponencialmente la pobreza, y profundizarían la desigualdad entre los departamentos y municipios más vulnerables del país.
Las razones del rezago exploratorio son varias, desde la caída del precio del crudo hasta el aumento de los costos de producción por las incertidumbres y demoras en los trámites de permisos y consultas y las altas tarifas de los oleoductos, pasando por los efectos de la inseguridad y los bloqueos. El descenso de la producción ha sido constante desde el 2016, cuando se alcanzaron a producir un millón de barriles diarios. En este 2021 la producción, que debería ser de 777 mil barriles, se ha mantenido en un promedio de 729 mil.
En materia de exportaciones la importancia del sector de hidrocarburos es esencial. Las principales exportaciones de Colombia son, de lejos, petróleo crudo y refinado de petróleo, el doble de que las briquetas de carbón y cuatro veces más que el café, por ejemplo. En el periodo enero-junio 2021, las ventas del grupo de combustibles y productos de las industrias extractivas fueron de US$8.282,4 millones, el 46% de las exportaciones totales. En general, el sector de hidrocarburos mueve en la última década entre el 40 y el 50% de todas las exportaciones. En plata blanca, no hay como reemplazar los dólares de las exportaciones de hidrocarburos y del carbón. Si no los recibiéramos, el déficit comercial se duplicaría y el precio del dólar se dispararía, con un aumento sustantivo de la inflación.
Ahora, más allá del análisis macroeconómico, la pepa del problema en que nos metería la propuesta del “economista” Petro está en sus consecuencias sociales: la caída de los ingresos por frenar la explotación petrolera aumentaría la inflación, agudizaría los déficit comercial y fiscal y debilitaría aún más el peso, y, lo más grave de todo, dispararía la pobreza y de la desigualdad. Un país como Colombia no puede darse el lujo de ahondar la pobreza por cuenta de dejar enterrada su fuente de riqueza.
*Abogado

