Evelin, Dasha y Valentina, una amistad que florece

«Entre el encanto del Centro Histórico y el aroma a buen café, Evelin, Dasha y Valentina comparten una tarde inolvidable, celebrando la complicidad y el valor de mantenerse unidas./FOTO MONTINER ALVIS

Septiembre en Santa Marta no es solo el mes que viste a Colombia con los colores del amor y la amistad; es el pretexto perfecto para pausar la rutina y celebrar esos lazos que resisten el paso del tiempo.

Para Evelin Cabrera Gutiérrez, Dasha Acosta Granados y Valentina Castillo Fontanilla, este mes enmarca el encuentro de tres almas que aprendieron a ser amigas desde los pasillos de la Escuela Normal Superior ‘María Auxiliadora’, cuando la infancia era solo un juego y el futuro, un dibujo lejano.

​Hoy, la vida las encuentra en una nueva etapa: sus primeros pasos universitarios. Aunque sus caminos profesionales han tomado direcciones distintas, Valentina explorando el lenguaje de las imágenes en Cine y Audiovisuales en la Universidad del Magdalena, Dasha cultivando la creatividad en la Licenciatura en Artes en la misma institución, y Evelin trazando su ruta en el Derecho desde la Universidad Cooperativa de Colombia, la distancia de sus agendas jamás ha podido fracturar la cercanía de sus corazones.

​Entre el ajetreo del primer semestre, siempre hay un espacio sagrado para el reencuentro. Ya sea reviviendo la magia de aquellas pasadas Fiesta del Mar, contemplando juntas los atardeceres dorados frente a la playa, compartiendo una tarde de arreglo de cabello, o simplemente improvisando una noche de películas o de escuchar música, la complicidad permanece intacta.

Sus pasos suelen recorrer el Centro Histórico, desde una conversación profunda acompañada de un buen espacio para hablar y compartir en Café Matta, hasta momentos llenos de ritmo, música y risas en mood, o en otro lugar que conecta la manera de compartir los momentos como en el Parque de los Novios.

​Estas tres jóvenes samarias, siempre actualizadas, alegres y llenas de una energía contagiosa, demuestran que la verdadera amistad no depende de coincidir en las mismas aulas de clases, sino de elegir reencontrarse.

En este septiembre festivo, Evelin, Dasha y Valentina celebran no solo los recuerdos construidos desde la primaria, sino el hermoso presente de saberse juntas, unidas por un afecto sincero.

Ese florecer constante frente al mar, o en algún lugar de la ciudad o desde alguna de sus casas no es casualidad; es el reflejo de un afecto que se alimenta de lo cotidiano y de los detalles más simples.

La amistad entre Evelin, Dasha y Valentina trasciende las agendas apretadas para instalarse en el placer de compartir un buen almuerzo, una cena sin afanes, entre risas compartidas y charlas espontáneas.

En cada pausa que hacen, el arte y la creatividad siguen entrelazando sus vidas, así como una sonrisa, que entre los trazos de un dibujo improvisado, la chispa de un buen chiste que aligera la semana y la magia de esos encuentros sin libreto donde el tiempo parece detenerse.

​Sin importar en qué lugar se encuentren ni qué tan ocupados resulten sus días, la distancia geográfica jamás se convierte en un obstáculo para estar unidas.

A lo largo del camino, también han llegado historias profundas, de esas que atraviesan el corazón y ponen a prueba la sensibilidad. Sin embargo, es justamente en esos momentos de vulnerabilidad donde su lazo muestra su verdadera fuerza y amistad.

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