Quemaron contenedores repletos de basuras

Santa Marta está ante una encrucijada. O recupera el control de sus residuos o terminará pagando un precio demasiado alto en salud pública, medio ambiente, turismo, imagen urbana y calidad de vida.

 Vecinos del conjunto residencial Cañaveral se cansaron de esperar la recolección de las basuras y decidieron solucionar el problema incinerando los desechos que llevaban varios meses sin ser recogidos.

La problemática por la acumulación de basuras en distintos puntos de Santa Marta ha generado tal tensión entre las comunidades y la empresa Atesa, operadora del servicio de aseo, que algunas han adoptado acciones radicales para que la situación no siga desbordando la paciencia de los samarios.

Así aconteció en el punto donde están ubicados tres contenedores de basuras en la avenida del Ferrocarril frente al Conjunto Residencial Cañaveral, donde algunas personas decidieron prenderle fuego a los residuos acumulados a su alrededor.

Lo que durante semanas fueron reclamos por la falta de recolección terminó convirtiéndose en una situación de riesgo en esa parte de la ciudad.

Según manifestaron los vecinos, durante aproximadamente dos meses la basura no habría sido recogida de manera adecuada, provocando que los desechos se desbordaran de los tres contenedores instalados en el lugar y terminaran ocupando buena parte del área circundante.

La situación, aseguraron, convirtió el punto de disposición en un foco de contaminación, con proliferación de roedores e insectos y fuertes olores que terminaron colmando la paciencia de quienes viven y trabajan en los alrededores.

Ante la quema de los residuos fue necesaria la intervención del Cuerpo de Bomberos, cuyos miembros acudieron al lugar para controlar las llamas y evitar que el fuego alcanzara los tres contenedores o se extendiera hacia las viviendas y establecimientos comerciales ubicados en las inmediaciones.

OTROS PUNTOS CRÍTICOS

La situación tampoco es diferente en la Ciudadela 29 de Julio, donde varios sectores registran una considerable acumulación de residuos.

Las imágenes de calles y puntos de disposición con bolsas, desperdicios y residuos acumulados vuelven a generar preocupación entre los habitantes, especialmente por los efectos que estas condiciones pueden tener sobre la salubridad y el entorno.

La presencia prolongada de basura no solo afecta la imagen de los barrios, sino que también favorece la aparición de animales e insectos y genera malos olores, especialmente en medio de las altas temperaturas que caracterizan a Santa Marta.

El problema, además, trasciende la discusión sobre la frecuencia de los recorridos. Para las comunidades, la falta de una respuesta oportuna frente a los puntos donde se acumulan los residuos está convirtiendo un problema de aseo en un asunto de convivencia, salud pública y seguridad.

ATESA EN LA MIRA

En medio del creciente malestar ciudadano, el alcalde Carlos Pinedo Cuello lanzó una dura advertencia a Atesa, empresa encargada de la prestación del servicio de aseo en la ciudad.

El mandatario señaló que el operador debe mejorar de manera sustancial la prestación del servicio y dejó claro que, de no hacerlo, tendría que salir de Santa Marta.

La advertencia adquiere especial relevancia porque el contrato de la empresa vence en marzo del próximo año, por lo que el desempeño de Atesa entra en un momento decisivo frente a la posibilidad de una eventual renovación.

Mientras tanto, las comunidades siguen reclamando soluciones inmediatas. La quema de basura registrada frente a Cañaveral es una señal de que el inconformismo ya no se limita a las quejas. En algunos sectores, la acumulación de residuos está llevando a los ciudadanos a tomar decisiones por su propia cuenta, incluso exponiéndose a los riesgos que implica prenderle fuego a los desechos.

La comunidad sigue reclamando para evitar que los puntos críticos continúen multiplicándose y que el deterioro del servicio termine provocando nuevas situaciones que pongan en riesgo la salud, la seguridad y la convivencia de los samarios.

CONVERTIDA EN UN BASURERO

No es una exageración. No es una frase incendiaria para llenar titulares. Basta con recorrer algunos barrios, mirar los alrededores de los contenedores, caminar por determinados sectores o simplemente observar lo que ocurre después de una jornada de lluvias para comprobar una realidad que indigna: la ciudad está enfrentando una grave crisis en la prestación del servicio de aseo. Y aquí hay que hablar claro.

La empresa encargada de recoger las basuras, ATESA, está en el ojo del huracán. Las quejas de los ciudadanos se multiplican, los puntos críticos reaparecen y los residuos terminan acumulados en calles, esquinas, separadores, canales y alrededores de los contenedores. La situación ha llegado a tal punto que la propia Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios mantiene vigilancia sobre el operador y durante este año ha realizado una inspección y tres requerimientos relacionados con la prestación del servicio. Santa Marta no puede acostumbrarse a vivir entre bolsas de basura. No puede ser normal que una ciudad turística, una capital del Caribe, una ciudad que acaba de celebrar sus 500 años y que pretende proyectarse como destino internacional, tenga que soportar escenas propias de un territorio abandonado.

No puede ser que la basura termine convirtiéndose en parte del paisaje. Porque una cosa es que existan ciudadanos irresponsables que arrojen residuos donde no deben —y eso también debe ser castigado— y otra muy distinta es que el operador del servicio no tenga la capacidad suficiente para garantizar una recolección oportuna, eficiente y permanente.

Aquí cada cual debe responder por lo suyo. El ciudadano debe cumplir. La empresa debe recoger.

Y el Distrito debe vigilar, exigir y actuar. Lo que no puede ocurrir es que todos terminen pagando las consecuencias de un servicio deficiente.

EL ALCALDE PUSO EL DEDO EN LA LLAGA

El alcalde Carlos Pinedo Cuello decidió ponerle el cascabel al gato. Y lo hizo sin rodeos. “O se atesa o se va de Santa Marta”. La frase, pronunciada recientemente por el mandatario, no es simplemente un juego de palabras con el nombre de la empresa. Es, sobre todo, un ultimátum político y administrativo frente a una situación que ya resulta insostenible. Pinedo recordó que el contrato actualmente operado por ATESA termina el 11 de marzo de 2027. Es decir: el reloj está corriendo.

Y Santa Marta no tiene tiempo para más excusas. La ciudad necesita resultados. Necesita que las calles estén limpias. Necesita que los contenedores sean atendidos. Necesita que los vehículos estén disponibles. Necesita que las rutas se cumplan.

Necesita que la frecuencia de recolección responda a las necesidades reales de una ciudad que crece, que recibe turistas y que produce diariamente toneladas de residuos. Lo demás es carreta.

NADIE LA “ATESA”

La paradoja ya se convirtió en chiste ciudadano: nadie la “atesa”. Pero detrás del juego de palabras hay una profunda preocupación. Porque mientras unos hacen chistes con el nombre de la empresa, los samarios padecen el problema. El comerciante tiene que convivir con malos olores. El vecino tiene que soportar montañas de residuos. El turista encuentra basura donde debería encontrar espacios limpios. Los niños quedan expuestos a focos de contaminación. Y cuando llueve, el problema adquiere dimensiones todavía mayores.

CALLES LLENAS DE BASURAS Y RESIDUOS

La basura que permanece en calles, canales y zonas cercanas a los cuerpos de agua puede terminar siendo arrastrada hacia los ríos y posteriormente al mar. Esa situación volvió a quedar en evidencia con las recientes lluvias, cuando residuos acumulados terminaron llegando al río Manzanares y de allí a la bahía.

Una ciudad que arroja basura al mar está disparándose en el pie. Santa Marta vive del mar.

Vive del turismo. Vive de sus playas. Vive de su paisaje. Vive de su naturaleza. Por eso resulta sencillamente absurdo permitir que los residuos que deberían ser recogidos adecuadamente terminen convirtiéndose en contaminación ambiental y en un golpe directo contra la imagen turística de la ciudad.

EL PROBLEMA NO ES NUEVO

Hay que decirlo también: esto no comenzó ayer.

Las dificultades con el servicio de aseo vienen de tiempo atrás. La propia Alcaldía ha denunciado históricamente deficiencias en la operación y la necesidad de que ATESA cumpla con sus obligaciones. Pero una cosa es reconocer que existe un problema y otra muy distinta es resignarse a él.

Santa Marta no puede convertirse en una ciudad acostumbrada a las basuras. No puede ocurrir que los puntos críticos sean conocidos por todos y permanezcan allí durante días. No puede aceptarse que un contenedor desbordado se convierta en paisaje urbano.

No puede permitirse que las bolsas de basura terminen regadas alrededor de los recipientes.

Y mucho menos puede tolerarse que una emergencia sanitaria y ambiental se vuelva una discusión eterna entre entidades.

La basura no puede esperar. La basura no entiende de trámites. La basura no entiende de contratos. La basura no entiende de excusas. La basura se pudre.

Huele. Contamina. Atrae animales. Obstruye canales. Deteriora el espacio público. Y cuando llueve, busca una salida hacia los ríos y el mar.

EL CONTRATO SE ACABA

Y aquí aparece una oportunidad histórica. Si el contrato vigente termina en marzo de 2027, como ha señalado el alcalde, la ciudad tiene delante la posibilidad de revisar integralmente el modelo de prestación del servicio. No se trata de cambiar por cambiar. Se trata de preguntarse qué modelo necesita Santa Marta para los próximos veinte años.

Una ciudad turística no puede manejar sus residuos con criterios del pasado. Santa Marta necesita tecnología. Necesita rutas inteligentes. Necesita seguimiento satelital. Necesita vehículos suficientes. Necesita mantenimiento. Necesita supervisión. Necesita indicadores públicos de cumplimiento. Necesita sanciones cuando corresponda. Necesita educación ciudadana.

Y necesita, sobre todo, un operador que entienda que recoger basura no es un favor: es prestar un servicio público esencial.

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