Solidaridad y sentido adiós para la educadora Fidelina Díaz de Cortés

Manifestaciones de pesar y sentidas condolencias recibieron los familiares de la educadora Fidelina Esther Díaz de Cortés, quien falleció en esta ciudad, a la edad de 103 años. MONTINER ALVIS

 Con profundo recogimiento, sentimientos de gratitud y la certeza de haber conocido a una mujer ejemplar, ayer martes se le brindó un emotivo homenaje y despedida a la educadora Fidelina Díaz de Cortés, quien durante más de cuatro décadas consagró su vida a la enseñanza, a la formación de niños y jóvenes y a la construcción silenciosa de una mejor sociedad desde las aulas de clase.

Las honras fúnebres y el sepelio se convirtieron en una espontánea manifestación de cariño y reconocimiento hacia quien dejó una huella imborrable en varias generaciones de samarios que encontraron en ella no solamente a una maestra, sino también a una guía, una consejera y una mujer profundamente comprometida con los valores humanos y la educación.

La eucaristía fue celebrada en la Parroquia La Eucarística y posteriormente sus restos fueron acompañados hasta su última morada en el Cementerio San Miguel de Santa Marta, en medio de oraciones, abrazos y lágrimas de familiares, amigos, exalumnos y representantes de distintos sectores de la sociedad samaria.

El oficio religioso fue presidido por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, quien durante su homilía recordó el inmenso legado de servicio y entrega que dejó la educadora a lo largo de su existencia.

El prelado de la Iglesia samaria destacó que la vocación docente constituye una de las misiones más nobles que puede ejercer un ser humano, pues el maestro tiene en sus manos la responsabilidad de formar no solamente conocimientos, sino también principios, valores y sueños.

 

«El Señor la llamó cuando consideró que había llegado el momento», expresó el religioso al dirigirse a los asistentes, agregando que Fidelina Díaz de Cortés cumplió plenamente la misión que Dios le había encomendado en esta vida terrenal y que seguramente partió con la tranquilidad de haber servido a miles de niños y jóvenes que hoy son profesionales, padres y madres de familia y ciudadanos de bien.

Durante la ceremonia religiosa, el silencio y la emoción se apoderaron del templo mientras familiares y amigos elevaban sus oraciones por el eterno descanso de quien dedicó su existencia a enseñar y orientar.

Muchos de los presentes coincidían en una misma reflexión: los maestros nunca mueren del todo, porque permanecen vivos en las enseñanzas, en los consejos y en los recuerdos de quienes pasaron por sus aulas.

La presencia de representantes de distintos sectores sociales, políticos, académicos y empresariales de Santa Marta reflejó el enorme respeto y afecto que despertaba la educadora entre la comunidad.

Acompañando a la familia estuvieron el alcalde distrital Carlos Pinedo Cuello; el excongresista Miguel Pinedo Vidal; el dirigente político y parlamentario Chadán Rosado Taylor; el rector de la Universidad Sergio Arboleda, Alfredo Méndez Alzamora; el exdiputado José Rafael «Chintico» Serrano; los empresarios Héctor Mario Díaz y su señora esposa, así como doña Anita de Herrera, representante de la organización hotelera Irotama, entre muchas otras personalidades y amigos cercanos de la familia.

Su presencia constituyó un gesto de solidaridad y acompañamiento hacia los seres queridos de la educadora en uno de los momentos más difíciles que puede afrontar una familia.

Cada abrazo, cada apretón de manos y cada palabra de consuelo parecían resumir el agradecimiento colectivo de una ciudad hacia una mujer que entregó gran parte de su vida al servicio de la educación.

FIDELINA NOS ENSEÑÓ EL VALOR DE LA FAMILIA

En medio del oficio religioso, toma vocería de la familia el doctor Ulilo Acevedo Silva, quien expresó ante el féretro de Fidelina:

Hoy nos reunimos con el corazón lleno de tristeza para decir adiós a una mujer extraordinaria, pero también para darle gracias a Dios por el inmenso regalo que significó la vida de doña Fidelina Díaz de Cortés. Hablar de ella es hablar de amor, de servicio, de entrega y de generosidad.

Durante más de cuarenta años consagró su vida a la educación de generaciones enteras de niños y niñas de Santa Marta, dejando una huella imborrable en miles de hogares y en innumerables corazones.

Muchos la conocieron como maestra. Otros la conocieron como compañera, amiga o vecina.

Nosotros tuvimos el privilegio de conocerla como esposa, madre, abuela y el alma de una familia unida por los valores y el cariño que ella sembró durante toda su existencia.

Fidelina tenía el raro don de hacer sentir importantes a los demás. Siempre había una palabra de aliento, un consejo oportuno, una oración, una sonrisa o una mano tendida para quien la necesitara. Su grandeza no estaba solamente en lo que hizo, sino en la manera como lo hizo: con humildad, con nobleza y con un profundo amor por las personas.

Como esposo de su hija Marlene, Dios me concedió el privilegio de recibir de ella no solo el afecto de una suegra, sino el amor sincero y generoso de una verdadera madre. Me abrió las puertas de su hogar y de su corazón. Me enseñó con el ejemplo el valor de la familia, del respeto y de la bondad. Por eso hoy no despido únicamente a una suegra. Hoy despido a una madre que me quiso, me aconsejó y me acompañó a lo largo de la vida. Y por ese amor, por esa generosidad y por tantos momentos compartidos, mi gratitud será eterna.

Luego señaló en sus sentidas palabras: ´Los católicos y  cristianos creemos que la muerte no es el final del camino. Creemos en la promesa de la vida eterna y en el encuentro definitivo junto al Señor. Por eso hoy, aunque nuestros ojos se llenan de lágrimas, nuestro corazón también se llena de esperanza. Porque sabemos que ella descansa en paz y que el Dios en quien creyó y al que sirvió durante toda su vida la ha recibido con los brazos abiertos.

Querida Fidelina: Gracias por tu amor. Gracias por tus enseñanzas. Gracias por tu ejemplo.

Gracias por haber hecho mejores nuestras vidas. Tu silla podrá quedar vacía, pero tu presencia seguirá viva en cada recuerdo, en cada consejo aprendido, en cada abrazo compartido y en cada uno de nosotros.

Las maestras nunca se van del todo.

Siguen viviendo en las vidas que ayudaron a formar. Las madres tampoco se van del todo.

Permanecen para siempre en el corazón de sus hijos y de su familia. Descansa en la paz del Señor, concluyó el doctor Acevedo

UN MENSAJE CONMOVEDOR

Sin embargo, uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia ocurrió cuando su nieta, María Alejandra Acevedo Cortés, tomó la palabra para despedir a su abuela.

Con la voz quebrada por el dolor, pero sostenida por una admirable fortaleza espiritual, recordó la infancia compartida junto a ella y el inmenso amor que siempre recibieron ella y sus hermanos de quien describió como el corazón de la familia.

Sus palabras lograron tocar profundamente a los asistentes.

Recordó las enseñanzas cotidianas, las conversaciones familiares, las sonrisas, los consejos y el cariño incondicional de una abuela que hizo del amor su principal legado.

En medio de las lágrimas, expresó la convicción de que su abuelita había partido feliz hacia el cielo, después de una vida plena y rodeada del cariño de quienes siempre la acompañaron.

Fue una despedida cargada de sentimientos, pero también de esperanza y fe.

María Alejandra aprovechó igualmente la ocasión para expresar un sincero agradecimiento al cuerpo médico que acompañó a la educadora durante sus últimos días.

De manera especial reconoció la dedicación y profesionalismo de los doctores Celemín y Trout, así como de todo el personal de salud que puso su conocimiento, experiencia y esfuerzo al servicio de la recuperación de Fidelina Díaz de Cortés.

Sus palabras fueron recibidas con respeto y gratitud por parte de los presentes, quienes entendieron el valor de reconocer el trabajo humano y profesional realizado durante momentos especialmente difíciles para la familia.

Posteriormente, el cortejo fúnebre se dirigió hacia el Cementerio San Miguel.

El recorrido estuvo marcado por el silencio respetuoso y la reflexión.

Familiares y amigos acompañaron el féretro hasta su última morada mientras las oraciones se mezclaban con los recuerdos de una vida ejemplar.

En el camposanto, el dolor de la despedida definitiva se hizo más evidente.

Sin embargo, junto al sufrimiento también aparecía la serenidad que produce la certeza de haber compartido la vida con una persona buena, generosa y profundamente humana.

Porque existen personas cuya partida física no representa un adiós absoluto.

Existen seres humanos que permanecen vivos en la memoria colectiva y en el corazón de las comunidades.

Ese fue el caso de la profesora Fidelina Díaz de Cortés.

Su nombre seguirá presente en las historias familiares de innumerables samarios que alguna vez recibieron una enseñanza, una orientación o una palabra de aliento de su parte.

Su legado continuará viviendo en las generaciones que ayudó a formar y en las semillas de conocimiento y valores que sembró durante décadas de trabajo silencioso y comprometido.

La educación tiene la particularidad de multiplicar eternamente el esfuerzo de quienes la ejercen con vocación.

Por ello, la sociedad siempre tendrá una deuda de gratitud con quienes deciden dedicar su vida a enseñar.

Y dentro de ese selecto grupo de educadores comprometidos y apasionados por su labor figurará para siempre el nombre de Fidelina Díaz de Cortés.

Articulos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos articulos