Belkis Lorena Gil Nuvita aún recuerda el día en que se enamoró de la medicina. Tenía tan solo siete años cuando acompañó a su tío a una brigada de salud que le salvó la vida a un niño Kogui. Ese día, en la espesa selva de la Sierra Nevada de Santa Marta, sintió un llamado especial.
“Había un niño que estaba muy mal, eso me sensibilizó mucho y dije que tenía que hacer algo y apoyar a mi comunidad. Dije que iba a estudiar medicina, no me importaba cuán difícil sería”, aseguró con vehemencia esta joven Kogui proveniente de la comunidad de Uluezhi, en la cuenca del río Don Diego, a dos días de camino de la capital del Magdalena.
Esta promesa que hizo a sí misma tomó forma cuando la Universidad del Magdalena le abrió las puertas y le proporcionó todo lo necesario para alcanzar su sueño de ser médica: un cuerpo docente capacitado, una beca para estudiar gratuitamente y un ambiente intercultural e incluyente que respetó sus raíces y saberes.
“Ingresé a la Universidad porque es la Alma Mater que le dio educación superior a mi familia”, afirmó Belkis. Su tío, el médico Daniel Nuvita; su tía, la odontóloga Judith Nuvita, y su primo Benjamín, Profesional en Negocios Internacionales, también llevan el sello Unimagdalena.
Hoy, después de cursar 10 semestres, Senekan, como es llamada ancestralmente, se convirtió en la primera mujer que recibe la bata blanca, lo que simbolizó su paso a la práctica profesional que deberá desempeñar obligatoriamente durante un año para titularse como médica.
MADRE, ESPOSA Y FUTURA MÉDICA
La joven de 25 años no solo es una pionera de su territorio, sino una madre y esposa que supo salir adelante a pesar de la dificultad del camino. Tuvo que pausar sus estudios universitarios en medio de la pandemia, debido a compromisos culturales que la llevaron de retorno a Uluezhi.
“En esos dos años me casé, tuve mi pareja y mi familia. Tuve que irme a la Sierra también a cumplir mis deberes y responsabilidades como indígena. Para mí fue muy necesario porque los jóvenes hoy en día pierden un poco de su identidad estando en la ciudad y creo que ese tiempo me sirvió para reforzar esa parte cultural e identitaria en mí, para poder volver con más fuerza”, sostuvo.
A su regreso a esta Casa de Estudios Superiores le esperaba una experiencia de aprendizaje única. Las clases le brindaron la oportunidad de conocer la ciencia occidental y, a su vez, compartir con sus compañeros y docentes los conocimientos de la medicina ancestral proporcionados por sus mamos y sabedores, a quienes consultaba permanentemente.
“En las clases los doctores me preguntaban sobre cómo nosotros entendíamos algún tema, patología o causa. Fue una de las cosas que a mí más me gustó, la mentalidad abierta de la Universidad que no se basaba en imponer”, afirmó con orgullo, pues su propósito en la ciudad era visibilizar su cultura.
SENEKAN: UNA MÉDICA INTERCULTURAL
En la ceremonia de imposición de batas donde Belkis y 35 estudiantes recibieron el aval para realizar el internado rotatorio, la médica magíster María Angélica Meñaca Guerrero, directora del Programa de Medicina de Unimagdaalena, señaló este momento como “un logro enorme para su comunidad”.
“Va a ser el acercamiento entre la medicina occidental y la medicina ancestral, ese puente tan maravilloso que permitirá tener una mirada horizontal e impregnar nuestro principio de interculturalidad. Veremos unos resultados increíbles”, concluyó

