La presidenta de la Corte Constitucional, la magistrada Paola Andrea Meneses Mosquera, le pidió a la justicia constitucional dejar de comportarse como «un cuerpo de bomberos que acude únicamente cuando la tragedia ya ha consumado el daño». En la primera visita del tribunal al Amazonas, planteó que la Corte debe pasar de reaccionar tarde a empujar transformaciones estructurales en todas las instituciones del Estado.
Lo dijo este 5 de junio en Leticia, al inaugurar los Diálogos Constitucionales, un encuentro con autoridades indígenas, líderes comunitarios, academia y ciudadanía. Era la primera vez en más de 34 años que la Corte sacaba ese tipo de conversación de los despachos de Bogotá y la llevaba al corazón de la Amazonía, alrededor de tres ejes: el territorio, la diversidad y los pueblos en aislamiento o contacto inicial.
Meneses reconoció que la acción de tutela ha servido como escudo para frenar abusos, pero sostuvo que ese papel reactivo ya no basta. Para la magistrada, de nada sirve que las sentencias reconozcan la diversidad si el sistema educativo centralizado borra las lenguas nativas de las aulas o si no se respetan los planes de vida de los pueblos.
Su propuesta fue que la protección de la cultura y la ancestralidad se vuelva el eje de las políticas públicas del Estado, y no un anexo. En esa línea pidió fortalecer la exigibilidad judicial de los derechos colectivos, es decir, hacer que esos derechos se puedan reclamar y cumplir ante un juez.
El otro blanco del discurso fueron las decisiones que afectan a la región sin consultar a quienes la habitan. Según Meneses, los grandes proyectos de infraestructura y explotación suelen definirse «desde los escritorios», sin entender la cultura ancestral del territorio. Advirtió que derribar un árbol en suelo sagrado no es solo un daño ambiental, sino la ruptura del tejido espiritual de toda una comunidad.
La presidenta señaló con nombre propio las amenazas: la minería ilegal, la deforestación descontrolada y el desplazamiento forzado que va extinguiendo lenguas nativas. Cada uno de esos golpes, dijo, fractura la promesa pluriétnica que hizo la Constitución de 1991.
Meneses también defendió un punto sensible para los pueblos en aislamiento, uno de los ejes del encuentro. Reclamó respetar el derecho de las comunidades a decidir «cómo, cuándo y bajo qué términos» se vinculan con la sociedad mayoritaria, sin imposiciones. Pidió validar su autonomía de gobierno y su justicia propia como condición para que el diálogo intercultural sea real.
A los jueces y abogados presentes les hizo un llamado distinto. Los invitó a despojarse del formalismo abstracto y advirtió que la técnica jurídica, cuando se separa de la empatía, termina convertida en un instrumento de opresión.
/Colprensa.

