El cierre de la primera vuelta presidencial nos ha situado ante un escenario tan grave como previsible. No se hizo esperar el zarpazo de la Casa de Nariño y de la campaña de Iván Cepeda para deslegitimar las reglas democráticas mediante una manipulación discursiva. El anuncio del presidente Gustavo Petro de no aceptar las cifras del preconteo, bajo el argumento de esperar el escrutinio definitivo, revela una preocupante falta de confianza en un proceso que ha ofrecido todas las garantías. Lo que debía ser una jornada de tranquilidad institucional terminó convertido en un intento de sembrar dudas sobre la voluntad popular expresada en las urnas.
Frente a ello, el país debe reconocer la labor de la organización electoral bajo la dirección del Registrador Nacional, Hernán Penagos Giraldo, así como el trabajo de la Policía Nacional y de las Fuerzas Militares, cuyo despliegue permitió una jornada en orden. La presencia de observadores internacionales ratificó, además, la transparencia de un sistema que cumplió adecuadamente su tarea. Resulta especialmente significativo que estas garantías hayan sido reconocidas por misiones independientes de observación, pues ello fortalece la confianza ciudadana y proyecta ante la comunidad internacional la imagen de una democracia capaz de resolver sus diferencias dentro del marco institucional. En este contexto merece destacarse la presencia del senador estadounidense de origen colombiano Bernie Moreno, quien siguió con atención el desarrollo de la jornada y expresó su interés por la transparencia y normalidad del proceso electoral colombiano.
Las cifras definitivas del escrutinio marcan una ruta clara hacia el próximo 21 de junio. La segunda vuelta enfrentará dos visiones profundamente distintas de país, con Abelardo de la Espriella en primer lugar e Iván Cepeda siguiéndole de cerca. La estrecha diferencia entre ambos anticipa una campaña intensa y disputada. Estas cifras adquieren aún mayor relevancia si se considera la participación histórica del 57,88% del censo electoral, la más alta registrada bajo este mecanismo constitucional. Los colombianos acudieron masivamente a las urnas conscientes de la importancia del momento que vive la nación.
En esta hora crucial, Paloma Valencia dio una muestra de grandeza política al anunciar de inmediato su respaldo a la candidatura de la Espriella. Su decisión fortalece la convergencia de las fuerzas democráticas. Distinta ha sido la actitud de Sergio Fajardo, quien, pese a obtener apenas el 4,26% de los votos, ha preferido mantener una calculada ambigüedad frente al desafío político que enfrenta el país.
Con todo, el análisis quedaría incompleto sin mencionar al gran ausente de la jornada: el 42,12% de ciudadanos habilitados para votar que decidió permanecer al margen. La apatía y la indiferencia continúan siendo aliados involuntarios de quienes buscan imponer proyectos políticos minoritarios sobre la voluntad de las mayorías. Cada elección demuestra que la democracia también se debilita cuando los ciudadanos renuncian a ejercerla.
Las próximas tres semanas exigirán la máxima vigilancia ciudadana. La estrechez del resultado convierte el debate entre los candidatos en una necesidad democrática. Los colombianos tienen derecho a comparar directamente sus ideas, propuestas y capacidades de liderazgo. Del mismo modo, resulta conveniente una amplia observación internacional durante la jornada definitiva del 21 de junio, para fortalecer aún más la confianza pública en el proceso electoral.
La misión que tiene por delante Colombia es recuperar el rumbo mediante reformas serias en educación, salud y seguridad, lejos de los experimentos populistas que han marcado estos años. Bajo el mandato de Gustavo Petro, el país llega a esta encrucijada con unas finanzas públicas debilitadas y con una seguridad ciudadana deteriorada. Se trata de un descalabro ético y material que contrasta dolorosamente con los privilegios y excesos de quienes ejercieron el poder. El porvenir depende hoy de nuestra entereza para exigir justicia en los tribunales y de la capacidad de las fuerzas democráticas para demostrar que la voluntad de las urnas sigue siendo más fuerte que las ambiciones de quienes pretenden desconocerla.
*Economista y analista internacional

