La insoportable levedad… de las redes

La alusión a Kundera aplica a la también insoportable superficialidad del mal necesario que

son las redes, a propósito de un video en el que dos hermanos vinculados a la cadena

cárnica, pues su familia es ganadera con expendio de carnes en Ibagué, terminan replicando

los argumentos de Petro contra las exportaciones cárnicas.

Alba Lucía García es una joven tolimense, exdirectora de Fenalco regional y exsecretaria

de Desarrollo de Ibagué, con aspiraciones políticas y gran actividad en redes. No le

adjudico mala intención, pero cuando el sensacionalismo riñe con la verdad y se suma, aún

sin querer, a los ataques a FEDEGÁN y la ganadería, defiendo la reputación del gremio y

de 700.000 ganaderos que ya son víctimas del abandono rural, la violencia y la

estigmatización desde el gobierno.

“Las exportaciones de carne no pueden seguir”, dijo Petro. “Los extranjeros nos están

dejando sin carne”, dijo Alba Lucía. No es cierto. Las de carne en 2025 representaron

apenas el 4% de la producción y las de animales el 0,7% del hato, lo que no afecta el

abastecimiento.

Sin embargo, el hermano se atrevió a más: Afirmó que “estamos hablando del 300%,

400%” de crecimiento exportador, lo cual no solo es falso, pues en los últimos años han

caído, sino que se sustenta en una gráfica con el logo de FEDEGAN, que no es oficial de la

Federación; situación sobre la cual no solicito, sino que exijo disculpa y rectificación.

“Estamos acabando nuestro hato”, dijo Petro. “Se está acabando el ganado”, dijo Alba

Lucía. No es cierto. Nuestro hato ha crecido consistentemente y hoy, con 30,5 millones de

cabezas, es el cuarto de Latinoamérica y el 13 del mundo.

“No tenemos excedentes de carne”, dijo Petro. “En Colombia no hay carne”, dijo Alba

Lucía. No es cierto. Con 812.000 toneladas, la producción de carne en 2025 aumentó 7,8%,

porque el sacrificio formal también creció 6,3%, con un total de 3.486.000 cabezas.

La producción de carne y el sacrificio crecieron porque también creció la demanda, pues el

consumo per cápita pasó de 17,6 a 18,4 kilos, y cuando eso sucede los precios suben, una

tendencia económica a la que se sumó el alza en costos y mano de obra. Ellos generan

empleo y saben que el aumento del mínimo tocó cargárselo al precio del kilo de carne para

conservar la rentabilidad del negocio familiar.

Así que, antes de acudir al inmediatismo en redes, a Alba Lucía, reconocida por su

activismo en pro de un Tolima que “merece más” –algo encomiable–, le aconsejo investigar

el sacrificio clandestino en su departamento, un problema estimado en más de 1.100.000

reses a nivel nacional; además de la supervisión de las secretarias de salud al expendio de

carnes y el impacto del cierre de plantas municipales por el INVIMA, sin alternativas para el sacrificio formal.

Quizás allí encuentre respuestas ajustadas a la realidad, sin afectar la cadena de valor de la

que su familia hace parte.

*Presidente Fedegán

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