La horrible noche de la que habla el Himno Nacional de Colombia parece que nunca ha cesado. Los hechos de violencia parece que van recorriendo el país y las sangrientas masacres son un número más en las dolorosas estadísticas colombianas.
Mientras que el terror continúa en zonas como El Catatumbo y el departamento del Cauca, se cumplen 26 años de uno de los actos de barbarie que se ha convertido en una herida en la memoria colectiva del país, que sigue esperando verdad y justicia.
Se trata de la masacre de El Salado, una de las más atroces del conflicto armado en Colombia.
Entre el 16 y el 21 de febrero del año 2000, aproximadamente 450 paramilitares incursionaron en el corregimiento de El Salado, en el municipio de El Carmen de Bolívar, departamento de Bolívar, y asesinaron a por lo menos 60 personas en estado de indefensión.
La incursión armada, perpetrada en la subregión de los Montes de María, estuvo acompañada por actos de extrema violencia que marcaron profundamente a la comunidad. Tras los hechos, la totalidad de la población se vio obligada a desplazarse, convirtiendo a El Salado en un pueblo fantasma. El temor sembrado durante esos días fracturó el tejido social y dejó huellas que aún persisten en la memoria colectiva del país.
La masacre de El Salado fue uno de los períodos más críticos de violencia en Colombia. Entre 1999 y 2001, la región de los Montes de María registró 42 masacres que dejaron 354 víctimas fatales, en el marco de la expansión y consolidación del proyecto paramilitar en esta zona estratégica del Caribe colombiano.
En 2009, el Centro Nacional de Memoria Histórica publicó el informe ‘La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra,’ resultado de un proceso de investigación que recogió los testimonios de las víctimas y reconstruyó los hechos ocurridos durante esos días.
El informe documenta no solo la responsabilidad de los perpetradores, sino también los impactos sociales, culturales y emocionales que dejó la violencia en la comunidad, así como las estrategias de resistencia y reconstrucción impulsadas por sus habitantes.
El título del informe retoma una expresión de la comunidad que resume el sentir de quienes quedaron atrapados en medio de una guerra ajena a su cotidianidad. La investigación resalta cómo la población civil fue estigmatizada y señalada en el contexto de la disputa armada por el control territorial, lo que derivó en graves violaciones a los derechos humanos.
Para el Centro Nacional de Memoria Histórica, en búsqueda de preservar la memoria de las víctimas, dándole valor a sus historias y contribuir al esclarecimiento de lo ocurrido como garantía de no repetición, recordar la masacre de El Salado es reconocer el sufrimiento de la comunidad, pero también su capacidad de resistencia y su lucha por la verdad, la justicia y la reparación.
El informe ‘La masacre de El Salado: esa guerra no es nuestra, se encuentra disponible para descarga y consulta en la página del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) (https://centrodememoriahistorica.gov.co/el-salado-esa-guerra-no-era-nuestra/), altamente consultada por estudiantes e investigadores de este tema, pero también para que los colombianos conozcan, recuerden, no olviden e intenten que no se repita hechos de esta magnitud.
/Colprensa

