¡A recibir el Año Nuevo sin pólvora!

Durante este mes de diciembre cuatro adultos han resultado quemados con pólvora en Santa Marta.

Santa Marta llega al cierre del 2025 con el mismo dilema que arrastra desde hace años, pero esta vez con una carga moral más pesada. A pocas horas de que el calendario marque un nuevo comienzo, la ciudad debe decidir si sigue normalizando el ruido, el dolor y la imprudencia, o si por fin asume un cambio real, profundo y colectivo. Ese cambio tiene nombre propio: dejar de celebrar con pólvora.

No es un tema menor. No es una discusión cultural inocente. La pólvora es violencia, y mientras sigamos disfrazándola de tradición, seguiremos contando víctimas. Violencia contra el cuerpo humano, contra la tranquilidad de los barrios, contra los niños que no eligen, contra los animales que no entienden y contra un sistema de salud que termina pagando los excesos de unos pocos irresponsables.

Cada estallido que rompe la noche samaria no anuncia felicidad. Anuncia peligro. Cada chispa encendida en una calle, en una terraza o en un patio es una ruleta rusa que puede terminar en tragedia. Y no es exageración: los hechos lo demuestran.

CUATRO QUEMADOS

En lo que va de este diciembre, Santa Marta ya registra cuatro personas quemadas por pólvora, una cifra que supera la de años anteriores, incluso en fechas críticas como la Nochebuena. Cuatro casos que pudieron evitarse. Cuatro historias atravesadas por el dolor físico, el trauma emocional y las consecuencias que no siempre sanan con el paso del tiempo.

Detrás de cada quemado hay algo que casi nunca se dice con suficiente fuerza: un adulto irresponsable. Porque en la mayoría de los casos no es el niño quien compra la pólvora, no es el menor quien la distribuye, no es el animal quien la enciende. Son adultos que, aun sabiendo el riesgo, deciden jugar con fuego y luego buscan culpables cuando la tragedia toca la puerta.

Y es ahí donde hay que ser claros, sin eufemismos: la tradición no justifica la mutilación. La tradición no arranca dedos, no quema rostros, no deja cicatrices de por vida. La tradición no manda a una persona a urgencias ni obliga a una familia a cambiar su vida entera por un segundo de imprudencia.

PELIGRO Y LA CONTAMINACIÒN

Mientras algunos celebran con estruendo, barrios enteros sufren en silencio. Adultos mayores que no logran dormir, personas con condiciones médicas que ven agravados sus síntomas, niños que entran en crisis por el miedo, mascotas que tiemblan, huyen o incluso mueren por ataques de pánico.

¿Eso también hace parte de la “tradición”?

Santa Marta es una ciudad turística, familiar, diversa. Una ciudad que vive del encuentro, del disfrute colectivo, del respeto por el otro. La pólvora rompe ese pacto básico de convivencia, porque impone el gusto de unos pocos sobre el derecho de muchos a la tranquilidad y a la vida.

Y no se puede pasar por alto otro impacto igual de grave: la carga para el sistema de salud. Cada quemado ocupa una cama, requiere atención especializada, consume recursos públicos y desgasta al personal médico. Recursos que deberían destinarse a enfermedades, emergencias reales y atención prioritaria, no a consecuencias evitables de una celebración mal entendida.

LLAMADO A LOS ADULTOS

Este no es un mensaje suave ni complaciente. Es un llamado directo a los adultos, a quienes compran pólvora “por nostalgia”, a quienes la encienden “porque siempre se ha hecho”, a quienes minimizan el riesgo diciendo que “eso no pasa nada”.

Sí pasa. Y cuando pasa, ya es tarde.

Ser adulto es asumir responsabilidad. Es entender que celebrar no puede significar poner en riesgo a otros. Es dar ejemplo. No se puede exigir respeto, orden y conciencia a los jóvenes si los mayores son los primeros en incumplir.

Santa Marta no necesita más discursos repetidos cada diciembre. Necesita decisiones. Necesita coherencia. Necesita ciudadanos que entiendan que la verdadera alegría no explota, no quema y no hiere.

SÍ SE PUEDE

Cerrar el 2025 sin pólvora sería un mensaje poderoso. Significaría decir que aprendimos, que evolucionamos, que estamos listos para un nuevo comienzo sin víctimas ni lamentos. Celebrar vivos, completos y en paz debería ser el verdadero brindis de Año Nuevo.

El 2026 no puede arrancar con ambulancias, sirenas y salas de urgencias llenas por culpa de la irresponsabilidad. No puede empezar con más cifras que lamentar ni con más excusas que esconder.

El llamado final es claro, firme y urgente:

apaguemos la pólvora, encendamos la conciencia.

Que Santa Marta demuestre que sí puede cambiar. Que el último estallido del año sea el de la reflexión, no el de la tragedia.

Santa Marta llega al cierre del año. A pocas horas de despedir el 2025, la ciudad está ante una decisión colectiva: seguir repitiendo los mismos errores o demostrar que sí puede cambiar. Y ese cambio empieza por algo elemental: dejar de celebrar con pólvora

Hay que decirlo sin rodeos: la pólvora es una forma de violencia. Violencia contra el cuerpo, contra la tranquilidad de los barrios, contra los niños, contra los animales y contra el sistema de salud. Cada estallido no es alegría: es una amenaza.

En Santa Marta, este diciembre ya deja cuatro personas quemadas, una cifra que supera la de años anteriores, incluso en fechas críticas como la Nochebuena. ¿Y aun así hay quienes insisten en que “eso es parte de la tradición”? No. La tradición no mutila manos ni deja cicatrices de por vida.

Articulos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos articulos