Coincidencias papales

Qué falta de confianza la de los médicos del Policlínico Gemelli que operaron al papa León XIV: si me hubieran consultado, les habría recomendado al doctor Santiago Escandón, quien hace años le echó bisturí a mi cáncer. Me dejó cero kilómetros. Felizmente lo del Papa gringo salió perfecto como el salmo 23.

Colsanitas pagó la cuenta grande en la Clínica de Marly. A mí, la operación me costó un vale de la prepagada y el libro Memorias de Adriano, de Margarita Yourcenar, en la traducción de Cortázar. A Escandón le encanta esta frase atribuida al emperador por la Yourcenar: “Es difícil seguir siendo emperador ante un médico y también es difícil guardar la calidad de hombre”. Espero que al Papa agustino le haya salido barato su sabático en la sala de cirugía.

Antes de la operación, me ordenaron ayuno de doce horas. A lo mejor, “por ser vos quien sois”, la dieta papal fue más corta. Como Dios aprieta pero no ahorca, después de mi romance con el bisturí despaché un banquete que me supo mejor que cualquier plato merecedor de tres estrellas Michelin: agua aromática con galletas Noel.

Cuando al Papa le dijeron que lo operarían de cáncer, asumo que entró en pánico. Pero a él lo arropan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. A mí me tocó pasar el susto a palo seco, y encomendarme a una santa agustina, Rita de Casia, abogada de imposibles.

Cuando al Papa le dijeron que lo operarían de cáncer, asumo que entró en pánico. Pero a él

lo arropan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Al cardenal Prevost y a mí nos cobijó la misma regla de san Agustín, fundador de la orden. Ojalá el obispo de Roma coincida conmigo en que la frase estrella del hijo de santa Mónica es: “Ama y haz lo que quieras”.

Más coincidencias: estudié en el seminario de los agustinos recoletos en La Linda, a un rosario de Manizales, tierra fría ideal para espantar la “concupiscentia feminarum”. Yo pintaba bien para papa, pero gracias al eterno femenino terminé de papá de dos críos espléndidos. No me cambio ni por Dios mano a mano. (Aprovecho para sugerirle a su sonriente santidad que acabe con el arcaico celibato. Los pedófilos volarían en átomos).

En mi caso, lo importante no es haber aprendido latín sino haberlo olvidado. Supongo que el Papa políglota habla latín fluidamente como habla español con acento peruano de Chiclayo, donde fue obispo, o inglés de Chicago, su terruño, donde nació un viento fuerte llamado Bobby Fischer, excampeón mundial de ajedrez.

“Last but not least”: la última coincidencia es que ninguno de los dos conocemos personalmente al ‘Tigre’ De La Espriella, presidente del país del Sagrado Corazón. Por negrearnos en su primera visita a América, León XIV se perdió de ver en acción al nuevo César que bravea “pedronavajas” revólver al cinto. “Ego te absolvo”, pero que no se repita la ninguneada. Yo veré, papa León.

*Periodista

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