Escribir una columna cada semana acaba por volverse una disciplina personal. Obliga a examinar el pasado con cuidado y a mirar el presente sin tomar las propias convicciones por verdades indiscutibles. Exige lectura, reflexión y la disposición a corregirse, incluso cuando uno cree tener razones suficientes para sostener lo que piensa.
Desde las páginas de El Nuevo Siglo he procurado comprender la realidad colombiana a la luz de la historia y del mundo. Siempre he creído que nuestro país difícilmente puede entenderse al margen de las fuerzas políticas, económicas y culturales que mueven a las naciones y condicionan su destino. De ahí mi interés por mirar más allá de la coyuntura, buscar antecedentes, examinar intereses y tratar de entender lo que nos ocurre como sociedad.
A esa manera de mirar la llamé geohumanismo. En ella reúno mi interés por la geografía, la historia y las relaciones de poder con una preocupación que nunca me ha abandonado: la dignidad de las personas y el destino de los pueblos. Para interpretar las decisiones de los Estados hay que comprender sus intereses, pero también preguntarse quién asume sus consecuencias. Con demasiada frecuencia son personas y comunidades que ni siquiera tuvieron la oportunidad de hacer oír su voz.
La columna me permitió compartir inquietudes con los lectores y encontrarme con opiniones distintas de la mía, de las que también aprendí. Sé por experiencia lo que cuesta preparar un texto, contrastar la información y encontrar la palabra que mejor exprese una idea. Por eso guardo especial aprecio por mis colegas y por quienes ejercen con seriedad el periodismo de opinión en Colombia.
Hoy me corresponde hacer una pausa. Estoy en el proceso de asumir una nueva responsabilidad al servicio del país, que exige mi atención y dedicación. He decidido suspender estas colaboraciones, con la esperanza de retomarlas cuando las circunstancias lo permitan y, si Dios me da vida y ánimo, volver a encontrarme con los lectores. Lo hago agradecido por la oportunidad que me brindó este periódico y consciente de los deberes que trae consigo esta nueva etapa.
A la Dirección de HOY DIARIO DEL MAGDALENA, a sus colaboradores y, de manera muy especial, a los lectores, les expreso mi gratitud sincera. Sus comentarios y muestras de aprecio han sido un estímulo que conservo con afecto.
Me aparto por ahora de estas páginas después de años de intentar comprender a Colombia a la luz de su historia y del mundo. Si alguna de estas columnas logró suscitar una pregunta, ampliar una perspectiva o propiciar una reflexión sobre el destino del país, habrá valido la pena escribirla.
Pensar a Colombia y entender el mundo seguirán siendo, para mí, parte del oficio de vivir.
*Economista y analista internacional

