La Alcaldía Distrital, a través de la Essmar, mantiene la supervisión del servicio de recolección de basuras en Santa Marta y atendiendo las denuncias ciudadanas le ha exigido a Atesa un buen servicio.
La Essmar continuará con las labores de supervisión para verificar la prestación del servicio y adoptar las medidas correspondientes frente a eventuales incumplimientos.
La Alcaldía Distrital de Santa Marta, a través de la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta (Essmar), mantendrá la supervisión de las obligaciones contractuales de Aseo Técnico de la Sabana (Atesa), con el propósito de verificar la continuidad y calidad del servicio de recolección de residuos sólidos en la ciudad.
Esta labor se desarrolla en cumplimiento de los lineamientos del alcalde Carlos Pinedo Cuello, quien ha reiterado la importancia de exigir el cumplimiento de los contratos y proteger los intereses de los samarios frente a posibles deficiencias en la prestación de los servicios públicos.
En ese sentido, la Essmar continuará verificando el cumplimiento de las rutas, frecuencias y demás obligaciones establecidas en el contrato de concesión, así como las condiciones en las que se desarrolla la recolección y el transporte de residuos sólidos en los diferentes sectores de Santa Marta.
SEGUIMIENTO A OBLIGACIONES CONTRACTUALES
Como parte de este proceso, la entidad podrá adelantar las actuaciones administrativas a que haya lugar cuando se identifiquen situaciones que ameriten intervención, de conformidad con las condiciones contractuales y las disposiciones legales aplicables.
La medida sancionatoria impuesta recientemente a Atesa, por valor de $220.061.403, constituye un antecedente dentro de las actuaciones adelantadas frente a los incumplimientos acreditados en la ejecución del contrato. Sin embargo, el trabajo institucional continúa enfocado en la supervisión del servicio y en la verificación de las obligaciones a cargo del concesionario.
La Administración Distrital mantiene como prioridad que la recolección de basuras se preste de manera oportuna y adecuada, teniendo en cuenta su impacto en la salubridad pública, el bienestar de las comunidades y las condiciones ambientales de la ciudad.
LA MULTA
La multa a Atesa debe marcar un antes y un después en la crisis del aseo de la ciudad
Basta con caminar por las calles de Santa Marta, contemplar las bolsas de basura abiertas, observar los desperdicios regados sobre los andenes y sentir el desagradable olor que se desprende de los residuos acumulados para comprender que nuestra ciudad está padeciendo una vergüenza que no merece. Duele ver a Santa Marta, una tierra bendecida por el mar Caribe, la Sierra Nevada y una riqueza natural extraordinaria, convertida en escenario de suciedad, desorden y abandono en distintos sectores donde la recolección de basuras no responde a las necesidades de sus habitantes.
Por eso, la multa de 240 millones de pesos impuesta a la empresa Atesa por la Essmar, entidad que ejerce su interventoría según la información suministrada, constituye una decisión que merece la atención de toda la ciudadanía. La sanción, motivada por las deficiencias en la prestación del servicio de recolección de residuos, envía un mensaje necesario: la responsabilidad de recoger las basuras no puede reducirse a una obligación escrita en un contrato. Es un compromiso con la salud pública, la dignidad de los ciudadanos, la convivencia y el derecho colectivo a disfrutar de una ciudad limpia.
Sin embargo, no podemos caer en la equivocación de creer que una multa, por cuantiosa que parezca, resolverá por sí sola el problema. Los 240 millones de pesos representan una sanción económica, pero Santa Marta necesita mucho más que cifras y decisiones administrativas. Necesita que los camiones recolectores cumplan sus recorridos, que los residuos desaparezcan oportunamente de las calles, que los puntos críticos reciban atención permanente y que la empresa responsable demuestre, con hechos verificables, que está en capacidad de prestar el servicio para el cual fue contratada.
La ciudad no necesita explicaciones interminables. Necesita resultados.
Una ciudad demasiado hermosa para vivir entre desperdicios
Santa Marta tiene razones de sobra para sentirse orgullosa de su identidad. Es una ciudad histórica, una puerta de entrada a paisajes extraordinarios, un destino que atrae visitantes de Colombia y del exterior, una tierra de pescadores, comerciantes, trabajadores, emprendedores y familias que se levantan cada mañana con la esperanza de salir adelante. Pero esa riqueza pierde brillo cuando las basuras se convierten en parte del paisaje cotidiano y los ciudadanos deben acostumbrarse a convivir con escenas que deberían ser excepcionales, no habituales.
La prestación del servicio de aseo no es un favor que una empresa le hace a Santa Marta. Es una responsabilidad que debe ejercerse con eficiencia, continuidad y respeto por las condiciones de salubridad de la población. Quien asume esa tarea debe comprender que detrás de cada bolsa de basura que permanece durante horas en una esquina hay una comunidad que espera respuestas y que tiene derecho a exigirlas.

