Una promesa que avanza hacia la realidad. El alcalde Carlos Pinedo Cuello estrecha la mano de Sara Pertuz durante la visita a la vivienda que se construye para ella y su familia.
Las viviendas prometidas por el mandatario distrital se levantan con aportes propios, de la empresa privada y de amigos, para convertir en hogar el sueño de cuatro familias samarias.
Sara Pertuz había esperado durante mucho tiempo una noticia como esta, pero cuando finalmente llegó, la emoción fue tan grande que el sueño se volvió imposible. Le habían dicho que ya podía ir a conocer la casa que estaba a punto de convertirse en su hogar.
Todavía faltan detalles, todavía hay trabajo por terminar, pero para Sara aquellas paredes ya cuentan una historia. La de una familia que está a punto de dejar atrás la incertidumbre de pagar un arriendo y comenzar otra etapa con algo que durante años pareció lejano: tener una vivienda propia.
“Casi no dormimos ni yo ni mis hijas”, cuenta, todavía emocionada.
La visita de supervisión que hizo el alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo Cuello, junto a Sara, tuvo precisamente el objeto de mostrarle de cerca cómo avanza la vivienda que, en medio de una jornada de ‘Alcaldía al barrio’, ella nunca imaginó que terminaría recibiendo.
“Las invité a ver cómo avanza la construcción de sus casas, para que sientan que ese sueño que esperaron durante tantos años hoy empieza a convertirse en realidad”, expresó el mandatario distrital.
En esa oportunidad en el sector de Los Fundadores, Sara contó su historia, habló de sus dificultades y de lo que significaba para ella poder tener una casa. El alcalde la escuchó.
Y después vino una respuesta que para ella parecía demasiado buena para ser cierta. “Sara, te acabas de ganar una casa”, le dijo en su momento Carlos Pinedo Cuello.
Hoy, esa frase avanza en su materialización con concreto, ladrillos, ventanas y habitaciones.
“Soy una de las grandes beneficiarias de la casa de Pinedo”, dice Sara. Pero más allá de la expresión, lo que se percibe en su voz es la dimensión personal de lo que está ocurriendo.
“Gracias al alcalde Carlos Pinedo, se ha cumplido el sueño de mi vivienda propia. Me siento muy feliz”.
Para ella, no se trata simplemente de una construcción. Es la posibilidad de tener un lugar que pueda llamar suyo junto a sus hijas, un espacio donde la palabra hogar deje de estar asociada a un contrato de arrendamiento y pueda convertirse en patrimonio familiar.
HISTORIAS COMUNES
La historia de Sara comenzó a entrelazarse con la de otra mujer, Josefa, a quien Pinedo conoció durante la campaña y cuya situación habitacional lo llevó a asumir un compromiso.
El alcalde cuenta que le dijo entonces: “Josefa, te voy a mudar”.
Ella le había explicado que no tener una vivienda propia era uno de sus grandes problemas y que la relación con los inquilinos se había convertido en una preocupación constante.
“Yo te voy a regalar tu casa”, recuerda Pinedo haberle dicho. Así comenzó la primera vivienda. Después, la idea creció.
“Después dijimos: vamos a hacer cuatro. Y aquí estamos haciendo cuatro casas”, relata el mandatario.
Cuatro historias familiares distintas, pero unidas por una misma expectativa: abrir la puerta de una vivienda propia.
“AQUÍ ESTAMOS”
Durante la visita, Sara no oculta su alegría. Camina, observa y descubre espacios que pronto serán parte de su cotidianidad. Para alguien que ha esperado por años la oportunidad de tener casa propia, cada avance adquiere un significado especial.
Y mientras observa lo que será su hogar, también agradece. “Agradecida con Dios y principalmente con el señor Carlos Pinedo Cuello”, dice.
El alcalde, por su parte, hace una precisión sobre el origen de los recursos con los que se están levantando las viviendas. “Esto lo estoy haciendo posible con el apoyo de empresas privadas y amigos que se han sumado a esta causa. Estamos construyendo 4 casas para familias samarias. Una de ellas es para Josefa, una promesa que hice durante mi campaña; la otra, para Sara, a quien hace unos días, durante la Alcaldía al Barrio en Los Fundadores, tuve la alegría de darle esta noticia”, explicó Pinedo Cuello agregando que “no hay mayor satisfacción que cumplir una palabra y ayudar a transformar la vida de quienes más lo necesitan”.
Por ahora, Sara sigue mirando su casa como quien mira algo que durante mucho tiempo solo pudo imaginar. La obra todavía no termina. Pero para ella, quizás, la espera sí.
Porque una casa empieza a ser hogar mucho antes de que se coloque el último ladrillo: empieza cuando una familia puede imaginarse viviendo allí.

