Niño y vulnerabilidad de suelos agravan incendios forestales: Instituto Humboldt

Además de las condiciones climáticas producto del fenómeno del Niño, que están provocando un aumento de los incendios forestales, en departamentos como Tolima y Cundinamarca, los suelos en el país son vulnerables a este tipo de emergencias por los efectos de décadas de producción agrícola y ganadera.

“Estamos en medio de lo que se ha denominado un Niño de alta severidad. Nuestros ecosistemas, nuestros suelos, llegan en situación de estrés por la menor lluvia”, explica Hernando García, director del Instituto Humboldt.

Los ecosistemas que existen en el país, que son muy diversos, son también muy sensibles a este fenómeno, como páramos, bosques altoandinos, bosques andinos y, especialmente, bosque seco tropical.

Pero, según la entidad, los bosques secos tropicales, particularmente en los valles interandinos de la cuenca Cauca-Magdalena, son los que concentran la mayor afectación por incendios a nivel nacional.

Más del 92 % de la cobertura original de estos bosques se ha perdido y, durante décadas, han estado sometido a procesos de transformación y fragmentación, que incluyen actividades agrícolas y ganaderas.

“Los incendios están ocurriendo en territorios que tienen remanentes de bosque seco. Pero también se están dando en paisajes con una matriz productiva, ganadera o agrícola. Es muy importante trabajar con quienes habitan y gobiernan esos territorios, comunidades, empresas, entre otros, para poder pensar cómo vamos a responder de manera resiliente a estos tipos de situaciones sobre estos paisajes frente a cada vez más frecuentes eventos climáticos extremos”, señaló García.

Son territorios que ya eran vulnerables antes de la llegada del Niño. Un territorio transformado pierde en parte su capacidad de recuperación ante este tipo de fenómenos.

El 99% de los incendios, asegura el Instituto Humboldt, tiene origen en actividades humanas, como quemas agropecuarias, turismo no gestionado, cerillas o colillas de cigarrillo.

En Tolima, departamento que concentra cerca de la mitad de los incendios forestales del país, cerca de 30.000 hectáreas han sido afectadas.

El fuego no afecta de la misma manera a todas las especies. En materia de especies de flora, algunas plantas cuentan con características que les permiten recuperarse después de un incendio, por ejemplo, a través de bancos de semillas que quedan en el suelo, rebrote o características particulares de adaptación.

En el caso de especies de fauna, “los impactos son un poco más inciertos cuando están asociados a especies que son un poco más móviles, llámese mamíferos y aves que se tienen que desplazar de los sitios donde estaban habitando para ubicar otros sitios que no fueron afectados por los incendios”, explica José Manuel Ochoa Quintero, gerente del Centro de Estudios Socioecológicos y Cambio Global del Instituto Humboldt.

La pérdida de cobertura vegetal también implica la pérdida de hábitat para diferentes especies y puede afectar la conectividad entre los remanentes de bosque. Esta situación es especialmente importante cuando los incendios afectan corredores naturales asociados a los ríos, que permiten el desplazamiento de las especies entre diferentes áreas.

El fuego también puede afectar los suelos. Cuando un incendio ocurre con alta intensidad, los suelos pueden perder parte de su capacidad para absorber e infiltrar agua. Esto puede tener consecuencias durante las lluvias posteriores, al modificar la forma en que el agua llega a los ríos y afectar las condiciones del agua que alimenta los acueductos.

“Perdemos los bosques, perdemos los rastrojos que son esos bosques del futuro y perdemos toda la vida que hace parte de esos bosques y, muy importante, perdemos esa capacidad de los suelos para retener el agua en época de lluvias”, explica García.

/colprensa

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