¿Por qué la sísmica no puede predecir los terremotos y advertirle a tiempo a las poblaciones en peligro? Confunde que en esta época de avances científicos fabulosos no se encuentre respuesta a un fenómeno tan destructivo de vidas, ciudades y poblaciones.
Se nos explica que la energía que se acumula en las fallas geológicas -debido al movimiento constante de las placas tectónicas- cuando se libera produce los cataclismos. El problema es que “no se puede determinar el momento exacto en que esa energía sea liberada”.
Pero ¿Qué son las placas tectónicas? “… Son los distintos fragmentos en que se divide la capa rígida de la Tierra”… “En sus bordes se concentra una intensa actividad sísmica y volcánica”.
No sé si las citas anteriores permitan al lector entender el proceso volcánico, que ocurre en la mayoría de las veces a lo largo del Océano Pacífico, en la región conocida como “anillo de fuego”, debido a la preponderancia de la actividad telúrica.
Lo cierto es que siempre nos han asustado los terremotos. Por ejemplo, los que se produjeron en el preciso momento en que expiró en la cruz Jesús de Nazareth: “se oscurecieron los cielos y se estremeció la tierra”. Estudiosos de la Biblia aseveran que en esa época ocurrieron muchos terremotos en la región de Nazareth. Nos alegra cuando la historia coincide con la fe.
Un temblor reconocido ocurrió en China en 183 a.c. y, el primer terremoto bien documentado también golpeó a ese extenso país en el 780 a.c., en tiempos de la dinastía Zoo.
En los comienzos de nuestra lucha por emancipación de España, un terremoto en Caracas fue considerado como “Un castigo de Dios contra los revolucionarios”. Bolívar respondió con frase histórica: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra la naturaleza y haremos que nos obedezca”.
En la célebre Pompeya se ha revelado que hubo hasta tres episodios sísmicos entre el terremoto del 62 d.c. y la erupción del Vesubio del 79 que la sepultaría para siempre. Al recorrer sus ruinas se encuentran los reflejos de la vida diaria: lista de los precios de la carne y el vino, obreros dispuestos a reparar una pared; y una pareja en los íntimos ejercicios del amor.
Los colombianos estamos afrontando hoy las consecuencias del “peor sismo en el siglo XXI”. La atención a los damnificados sucede tras las faenas de rescate que lograron salvar más de 400 personas, según los datos periodísticos.
El gobierno de Aberlardo de La Espriella, que apenas comienza, ha enfrentado la tragedia con prontitud y organización. Seguramente nada alcanza ante semejante desastre, pero a los colombianos nos alivia la inusitada presencia del presidente, sus ministros y altos funcionarios en varios lugares golpeados por la naturaleza tan conocida como indómita.
Ese ejemplo ha servido para que los funcionarios de múltiples niveles se hayan puesto a trabajar con ahínco para la inicial recuperación de las zonas alteradas por el sismo.
La posible designación de Enrique Peñalosa como gerente del Fondo Milagro, sería un gran acierto, pues su capacidad ejecutiva y su experiencia generan confianza. Al mismo tiempo, el vicepresidente J. M. Restrepo, quien también visitó al Chocó, y el Ministro de Hacienda, Enrique Gómez, buscan recursos, ajustan el presupuesto nacional y han gestionado donaciones y créditos blandos de la Banca Internacional.
En fin, todos los sectores del gobierno están activados para responder a los colombianos, tal y como lo está haciendo con generosidad la empresa privada.
No es nada fácil la tarea para superar esta tragedia que se repite a lo largo de nuestra historia. En la mitología de nuestros primeros pobladores, Chibchacum, enojado con los seres humanos, mandó un diluvio sobre el altiplano bogotano. Se anegó todo el valle y muchos de sus habitantes perecieron. Bochica se presentó sobre un arco iris y utilizando una vara de oro dirigió las aguas al valle del Magdalena. Así se creó el Salto del Tequendama.
Chibchacum, como castigo, debía cargar la tierra sobre sus hombros, como el mito de Atlas, el primer rey de la mítica Atlántida. Los temblores se producían cuando el cansancio lo obligaba a cambiar de hombro.
El gobierno de Abelardo de la Espriella está dedicado a encontrar, con su trabajo responsable e intenso, la vara de oro de Bochica, el sabio de la tribu.
*Exministro de Estado

