El amor propio no es lo que muchos creen…

Por:
GIULIANA
MANCUSO

Hoy quiero hablar de un tema que, en mi opinión, se ha confundido muchísimo: el amor propio. Para mí, el amor propio no es únicamente cuidar tu apariencia física. No es solo hacer ejercicio, cambiar tu cuerpo o buscar una imagen perfecta.

El amor propio es un proceso integral. Es una decisión diaria de crecer y sanar en cada área de nuestra vida: cuerpo, alma y espíritu.

No me digas que amor propio es someter tu cuerpo a cualquier procedimiento o consumir sustancias que terminan alterando tu salud, solo por alcanzar un estándar de belleza.

No me digas que amor propio es irte de todos los lugares molesta, cortar relaciones sin mirar atrás y creer que alejarte siempre es la respuesta.

No me digas que amor propio es llenar las redes sociales con frases sobre “priorizarte”, cuando esa prioridad se construye pasando por encima de personas, ignorando sentimientos o dejando heridas en el camino.

Porque la verdadera pregunta es: ¿desde dónde te estás priorizando?

El amor propio tiene un significado mucho más profundo de lo que nuestros ojos pueden ver. Es un trabajo interno. Es conocerte, sanar tus heridas, reconocer tus errores, aprender a pedir perdón, poner límites con amor y también aceptar cuando somos nosotros quienes necesitamos cambiar.

Hoy escucho con frecuencia frases como: “Me alejé de esa persona porque me prioricé. Era muy tóxica.”

Y yo me pregunto…¿Alguna vez te has detenido a pensar que, quizás, en alguna historia, la persona tóxica también pudiste haber sido tú?

El amor propio no se construye desde el ego. El ego siempre tiene la razón. El amor propio sabe escuchar. El ego señala. El amor propio reflexiona. El ego divide. El amor propio sana. El ego necesita demostrar. El amor propio no necesita convencer a nadie.

Mis queridos lectores, hoy solo quiero decirles esto: no confundas el amor propio con el ego disfrazado de independencia.

El verdadero amor propio es humilde. Es sencillo. Es tierno. Es coherente. Se refleja en la manera en que te hablas, pero también en la forma en que tratas a los demás. Porque quien realmente se ama no necesita apagar la luz de nadie para hacer brillar la suya.

Y recuerda siempre esto: Donde gobierna el ego, el amor propio no puede florecer.

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