Las edificaciones ubicadas en sectores cercanos al litoral deben contar con estudios estructurales y de suelo que garanticen su capacidad para soportar movimientos sísmicos.
El consultor de la ONU, pidió mayor rigor en las construcciones, estudios de suelo y reforzamiento de edificaciones antiguas para evitar que un eventual terremoto se convierta en tragedia.
Santa Marta no está exenta de sufrir un terremoto de gran magnitud y, aunque no es posible determinar cuándo ocurrirá, la ciudad sí puede prepararse para reducir el impacto de un eventual desastre. Esa es una de las principales advertencias formuladas por Eduardo Vélez Soto, doctor en Gestión Integral del Riesgo de Desastres, consultor de la ONU y profesor universitario internacional con más de 35 años de experiencia en resiliencia comunitaria y respuesta humanitaria.
El experto recordó que Santa Marta tiene un antecedente sísmico importante: el terremoto de 1834, que destruyó buena parte de la ciudad. Desde entonces, explicó, se ha presentado un denominado “silencio sísmico”, mientras continúa acumulándose energía en la corteza terrestre.
“Va a haber un sismo. ¿Cuándo? No se sabe. Lo que tenemos que estar es preparados”, sostuvo Vélez Soto, quien insistió en que la prevención debe comenzar desde la manera como se planifican y construyen las edificaciones.
CUMPLIR LA NORMA DE SISMORESISTENCIA
Para el especialista, quien fungió como director de la Defensa Civil en el Magdalena, uno de los principales puntos de atención está en el cumplimiento estricto de las normas de construcción y en el papel de las curadurías urbanas durante la revisión y aprobación de los proyectos.
“La vulnerabilidad empieza a construirla el curador de la ciudad”, afirmó, al advertir que, si las autoridades encargadas de revisar los proyectos no son rigurosas con las exigencias técnicas, se incrementa la exposición de la población ante un eventual movimiento telúrico.
Vélez Soto señaló que las edificaciones nuevas deben cumplir con las normas de sismorresistencia y contar con estudios estructurales que determinen, entre otros aspectos, su capacidad para soportar movimientos laterales.
En el caso de los edificios ubicados en sectores cercanos al mar, explicó que el riesgo no puede determinarse únicamente por su altura o ubicación. La seguridad depende, en buena medida, de que hayan sido diseñados y construidos teniendo en cuenta las características específicas del terreno y las exigencias de la norma.
“Si los edificios fueron construidos con la norma de sismorresistencia y tienen realmente ese cálculo estructural de movimiento horizontal, al edificio no le va a pasar nada”, explicó. Sin embargo, advirtió que, si no se realizaron los estudios correspondientes o no se aplicaron las normas vigentes al momento de su construcción, la vulnerabilidad puede ser considerable.
EL SUELO
Otro de los aspectos que, según el experto, debe ser tenido en cuenta en Santa Marta es la composición del suelo, debido a que las características del terreno no son iguales en toda la ciudad.
Vélez Soto destacó la importancia de avanzar en estudios de microzonificación sísmica que permitan establecer cómo respondería cada sector ante un movimiento telúrico y entregar información precisa a los ingenieros encargados de diseñar las estructuras.
Explicó que existen diferentes tipos de suelo y que algunos terrenos pueden amplificar el movimiento de las ondas sísmicas. En sectores con presencia de arena compactada, señaló, este fenómeno puede incrementar la intensidad del movimiento que reciben las edificaciones.
El experto relacionó esta condición con sectores de la ciudad asociados históricamente al paso del río Manzanares, como la actual carrera segunda y a la acumulación de sedimentos, particularmente en áreas cercanas al litoral.
Por esta razón, consideró fundamental que los estudios de suelo y la microzonificación sean utilizados como herramientas para definir los parámetros con los que deben calcularse las estructuras.
ATENCIÓN A EDIFICIOS ANTIGUOS
La prevención, agregó Vélez Soto, no puede concentrarse exclusivamente en las construcciones nuevas. Las edificaciones antiguas también requieren una evaluación que permita identificar cuáles presentan mayores niveles de vulnerabilidad y cuáles necesitan ser reforzadas.
El especialista puso como ejemplo los efectos de los recientes movimientos sísmicos registrados en el occidente del país, donde, según explicó, las estructuras más antiguas estuvieron entre las que presentaron mayores afectaciones.
“Tenemos que hacer un estudio para poder reforzar esos edificios, para poder reforzar esas construcciones y no esperar que llegue el desastre para que se colapsen”, manifestó.
Su llamado apunta a que las autoridades y propietarios identifiquen de manera anticipada las estructuras que necesitan intervenciones de reforzamiento, en lugar de esperar a que un terremoto revele sus deficiencias.
UNIÓN COMUNITARIA
Vélez Soto también llamó la atención sobre la necesidad de recuperar y fortalecer las organizaciones comunitarias de gestión del riesgo en los barrios de Santa Marta.
Recordó que, ante un terremoto de grandes proporciones, los organismos de socorro podrían verse desbordados por la cantidad de emergencias simultáneas.
“Mi rescatista es mi vecino, no el bombero. El primer respondiente es mi vecino”, enfatizó.
Según el experto, si un terremoto provocara el colapso o afectación de decenas de edificaciones, la capacidad inmediata de respuesta de bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja y demás organismos de socorro sería insuficiente para atender todos los puntos de emergencia al mismo tiempo.
Por ello, consideró necesario fortalecer la capacitación comunitaria, los planes familiares de gestión del riesgo y la organización de los barrios para que los ciudadanos sepan cómo actuar durante los primeros minutos posteriores a una emergencia.
La conclusión del especialista es que Santa Marta no puede impedir que ocurra un terremoto, pero sí puede disminuir significativamente sus consecuencias. Para ello, plantea tres frentes prioritarios: construir bajo estrictas normas de sismorresistencia, evaluar y reforzar las edificaciones existentes y preparar a las comunidades para responder ante una emergencia.

