El fuerte terremoto que sacudió al país dejó escenas de preocupación y tensión entre ciudadanos que sintieron con intensidad el movimiento telúrico. La preparación, la información y la calma son claves para reducir los riesgos.
El fuerte terremoto que sacudió al país volvió a poner sobre la mesa una realidad que suele quedar relegada frente a los daños materiales y las personas lesionadas: el impacto psicológico que deja una emergencia de gran magnitud.
Mientras los organismos de socorro concentran sus esfuerzos en verificar estructuras, atender heridos y garantizar la seguridad de las comunidades, también existe una emergencia silenciosa que ocurre en la mente de quienes viven el fenómeno: miedo, bloqueo, llanto, ansiedad, confusión y, en algunos casos, reacciones impulsivas que pueden terminar provocando nuevos accidentes.
Así lo explicó la psicóloga Kaprizquy Cera, especialista en atención de emergencias y seguridad y salud en el trabajo, e instructora del Cuerpo de Bomberos, quien hizo un llamado a la ciudadanía a prepararse no solamente desde el punto de vista físico, sino también emocional.
Según la especialista, los primeros auxilios psicológicos pueden ser aplicados por cualquier persona que tenga el entrenamiento y conozca el procedimiento, sin necesidad de ser psicólogo.
“La primera herramienta es escuchar”, explicó Cera, al señalar que una persona que acaba de vivir un evento traumático necesita poder expresar lo que siente y narrar lo ocurrido sin ser interrumpida o juzgada.
Por eso, frases como “no llores”, “cálmate” o “eso ya pasó” pueden resultar contraproducentes. La recomendación es permitir que la persona exprese sus emociones y acompañarla durante ese momento.
ACOMPAÑAR AL AFECTADO
Uno de los principales llamados de la especialista es a evitar que las personas afectadas queden aisladas después de un sismo.
La recomendación es establecer pequeñas redes de apoyo con familiares, vecinos o personas conocidas. La compañía permite que quienes están atravesando una crisis emocional puedan sentirse seguros, orientarse y recuperar progresivamente el control.
“Entre ellos mismos se apoyan, entre ellos mismos se consuelan, entre ellos mismos se orientan”, explicó la psicóloga.
La situación cambia cuando una persona entra en una crisis intensa de pánico. En esos casos, Cera recomienda retirarla del sitio donde se encuentra el grupo, siempre que hacerlo sea seguro, para evitar que su reacción emocional se multiplique entre quienes están alrededor.
El objetivo es reducir los estímulos, acompañarla, permitirle respirar, escucharla y, especialmente, explicarle qué está ocurriendo y qué va a pasar después.
La desinformación, advirtió, puede aumentar el miedo y favorecer las crisis colectivas.
EL MIEDO AGRAVA LA CRISIS
La psicóloga llamó la atención sobre otro fenómeno que puede aparecer después de un movimiento sísmico: las llamadas conductas impulsivas de escape.
Ante el miedo, algunas personas pueden intentar salir corriendo sin evaluar los riesgos que tienen alrededor. En medio de una emergencia, esa reacción puede generar caídas, accidentes de tránsito, estampidas o nuevos lesionados.
Por eso, Cera insiste en que comprender el comportamiento humano durante una emergencia es tan importante como conocer las rutas de evacuación o tener un botiquín.
TRANQUILIDAD MENTAL
Una de las mejores formas de prepararse psicológicamente para un terremoto es prepararse previamente para saber cómo actuar.
Tener un plan familiar de emergencias, preparar una mochila o botiquín, conocer las rutas de evacuación, identificar los puntos de encuentro y participar en simulacros permite reducir la incertidumbre cuando ocurre el evento.
“Lo terrible es que el evento se dé y yo quede totalmente bloqueado porque no sé qué hacer”, explicó.
La preparación, entonces, no solamente aumenta las posibilidades de responder adecuadamente ante una emergencia: también genera una sensación de control que ayuda a disminuir el impacto psicológico.
EMOCIONES DE LOS RESCATISTAS
Cera destacó además que los organismos de socorro cuentan con personal capacitado en primeros auxilios psicológicos y que la atención durante un desastre no debe limitarse a quienes presentan heridas físicas.
“Cuando hablamos de primeros auxilios psicológicos no estamos hablando solamente de un psicólogo. Se trata de personas entrenadas para acompañar a quienes atraviesan una crisis y que, además, cuentan con la preparación necesaria para desenvolverse en escenarios de emergencia”, precisó.
El reto, después de un terremoto como el que estremeció al país, es entender que no todas las víctimas son visibles.
Hay quienes no tienen una herida física, pero permanecen en estado de shock; quienes lloran, tiemblan, se paralizan o sienten que no pueden controlar sus emociones.
Por eso, mientras continúa la evaluación de los daños ocasionados por el movimiento telúrico, queda también la tarea ciudadana de aprender a reconocer el miedo, acompañar a quien lo necesita y saber actuar cuando la emergencia no deja una herida en el cuerpo, sino en la mente.

