Es la condición humana, en decir convergente de connotados pensadores universales, el conjunto de experiencias, límites y características biológicas, emocionales y sociales que definen la existencia de los seres humanos y a diferencia de la naturaleza fija u ontológica, este concepto alude a las circunstancias concretas en las que vivimos, tales como el nacimiento, la mortalidad, el dolor, el amor y la búsqueda de sentido. En su dimensión Filosófica y vida activa, como nos lo señalA Haanah Arendt, este concepto se analiza a través de tres actividades fundamentales de la existencia, como son: labor (proceso biológico del cuerpo humano para asegurar la vida y la supervivencia, tales como comer, descansar y reproducirse); trabajo (creación de un mundo artificial de cosas y objetos duraderos que trascienden nuestra propia vida biológica); y, acción (relación directa y política entre los seres humanos en condiciones de pluralidad, siendo el espacio donde se ejerce la libertad). En su dimensión universal y cotidiana la encontramos en las experiencias comunes (crecimiento, sufrimiento, alegría y la muerte física); la pluralidad (combinación única de ser iguales como especie, pero distintos como individuos, lo que permite la convivencia y el lenguaje); la contradicción (coexistencia de la razón con la vulnerabilidad, la ambición y la desesperación).
Lleva lo expuesto a preguntarse, como muchos lo hacen, han hecho y otros tantos lo seguirán haciendo … ¿Porqué la mayoría de individuos cuándo llegan a cargos de poder, bien sea en instancias privadas o públicas, cambian su personalidad, será que es ello lo que siempre han sido y en tales posiciones revelan su verdadero ser, o será arrogancia, prepotencia, ignorancia, no estar preparados para lo encomendado y buscar en sus actuaciones el escudo perfecto para en ello ampararse? Lástima es pues sin duda alguna la carencia de instrumentos científicos que permitan predecir cómo se comportan las personas con poder. Elegir hombres y mujeres para cualquier oficio, siempre será tarea de alto riesgo. Es un atributo escaso que solamente se obtiene con experiencia e intuición. Exige vencer las tentaciones de favorecer a quienes son expertos en simular lealtades, pagar favores o simplemente inclinarse por subalternos que carezcan de luz propia como consecuencia de debilidades de carácter. Desde luego, habrá que agregar el inefable nepotismo que no permite ninguna ponderación de méritos ni de perfiles.
En nuestro caso, son apenas contadas las personas de nuestra clase política que han sabido enfrentar los retos de su tiempo. La degradación que hemos padecido es profunda. En el caso de los partidos que tienen la delicada función de postular candidatos, el criterio preeminente ha sido la habilidad ajena a principios éticos para ganar elecciones y participar en non santos procederes en detrimento de los intereses superiores de la población y sí en vulgar beneficio de los propios. El ambiente que están revistiendo las contiendas por el poder es cada vez más primitivo, con una alta dosis, entre otros elementos, de desasosiego, desatinos, favorecimientos, errores e incertidumbres.
Prolijo sería mencionar los mil y más eventos vergonzosos como grotescos que se nos suceden día a día en el país y que son suficientemente conocidos por la opinión pública, cometidos por personajes a quienes jamás ni nunca se les debió designar para cargos de alta responsabilidad; lo que igual se refleja en los procesos internos de las organizaciones para montar grandes farsas y convencer a incautos ciudadanos; la corrupción e impunidad galopante en todos los órdenes de gobierno; las iracundas declaraciones de nuestro vecino del norte; y, los discurso vacíos, incongruentes e insustanciales con los que quieren tapar lo malo y peor.
Me alienta y alegra hoy, en este cambio de gobierno, lo anunciado contra todo lo que mucho daño hace a la administración pública, territorios y población en todos sus aspectos, así como la llegada de calificados servidores que generan inmensa confianza, por lo que auguro serán garantes de la restauración del nuevo rumbo que requerimos como país, donde establecerse debe nuestra realidad respecto de cómo verdaderamente estamos, para con base en las propias certezas y necesidades proyectarnos en contexto de planeación, prospectiva y estrategia.
Requerimos como país, entre otras, una sólida deliberación ética. Reflexiones de fondo que lleguen a lo profundo de nuestras problemáticas. Ser como debiera la mujer del Cesar, no solo honesta, sino parecerlo. Lo mismo para todos los efectos que ver tengan con el buen gobierno en sus integrales connotaciones de gobernabilidad y gobernanza que no den lugar a percepciones de incompetencia, conocido como el principio de Peter, en su aserto que los empleados son promovidos continuamente hasta llegar a un nivel para el que no están capacitados; y, atender aquello que las personas en la política que no dan, simplemente no dan y por lo tanto no se le debe exigir ni exprimir, al tiempo de persuadir a quienes no deben participar por no llenar las expectativas.
Nuestro mañana está necesitando que todo en todo se cumpla, razón por la que tenemos la obligación como ciudadanos de velar por que se acierte, así como de ayudar a que bien y mejor se nos gobierne; y además, poner los sentidos en la condición humana, puesto que quien insensible sea a la equidad, la injusticia y en general a la necesidad ajena, no tiene nada qué hacer en política; y, si sobre las ambiciones desmedidas, codicia y avaricia no hay algo superior que nos atempere, el fracaso es inminente.
*Abogado*Periodista

