Santa Marta está llamada, desde la revitalización urbana, a gestionar su propia transformación, en lo que ayuda reflexionar sobre su futuro, sensibilizarse sobre sus desafíos y oportunidades urbanísticas.
Santa Marta debe y tiene que empezar a pensar en la necesidad, imperiosa por demás, de consolidarse como una mejor ciudad, empresa mayúscula que requiere de un enfoque integral soportado en distintos factores, entre ellos una movilidad sostenible, la revitalización de su espacio público, la acción climática y la participación ciudadana, ejes que garantizan un desarrollo urbano equitativo, seguro y preparado para el porvenir.
Bases estratégicas las dichas que deben lograrse en decir de expertos, con una movilidad multimodal y sostenible, priorizar el transporte público masivo, la infraestructura para bicicletas y el espacio peatonal sobre el vehículo particular, reduciendo así los tiempos de viaje y la huella de carbono; revitalización urbana y vivienda implementando estrategias de desarrollo orientada al transporte y renovación urbana que integren vivienda, empleo y zonas comerciales, evitando la expansión descontrolada y protegiendo el patrimonio.
Infraestructura verde y resiliencia (aumentar el índice de espacio público efectivo por habitante mediante la creación y protección de bosques urbanos, parques lineales y huertas comunitarias que mitiguen el cambio climático); seguridad y cohesión social (diseñar entornos urbanos iluminados, accesibles y vigilados naturalmente (diseño urbano con enfoque de seguridad) para asegurar el bienestar, la confianza y la igualdad de oportunidades); gobernanza y participación (fomentar una cultura ciudadana activa y transparente donde la sociedad participe en la toma de decisiones, desde presupuestos participativos hasta la vigilancia de los recursos públicos), amén de los necesarios avances y demás crecimiento, progresos y plenos desarrollos, en salud, economía, educación, infraestructura integral, recreación, deportes, cultura, ambiente y todo lo inherente a la administración pública en su conjunto.
Interesa en todo lo cual y como aporte significativo en la construcción de la mejor ciudad que queremos y necesitamos, apropiarnos de ella, no desde un discurso excluyente, sino desde la comprensión que es nuestra ciudad, a lo largo de su desarrollo histórico el fruto de innumerables conexiones culturales, punto desde donde podemos forjar el respeto hacia ella y sus pobladores, lo que se verá reflejado en las grandes y pequeñas acciones del diario vivir, lo mismo que ayudándonos entre todos, volcarnos a la gente, a nuestros vecinos más cercanos y a quienes se han visto obligados a abandonar sus territorios, en la certeza que cada ayuda mejorará la situación actual de la ciudad que junto con su entorno tenemos juntos que ayudar a lo construir.
Participando activamente como ciudadanos importa ayudar a generar sentido de pertenencia y crear una cultura ciudadana que permita a todos establecer escenarios donde la convivencia sea lo primordial, ya que a través del ejemplo, sentir la ciudad, cuidarla, hacerla parte de uno, preocuparnos por el ambiente, ser social y comunitariamente responsables, dado que todo inicia en uno y a partir de allí generar la tan necesaria cultura de apropiarnos con sentido de pertenencia de la ciudad, que es el gran potencial que tenemos que adecuar.
Es repensarnos, revitalizarse urbanamente de manera integral, en el entendido que es dicha revitalización el proceso integral para rescatar áreas deterioradas de una ciudad, mejorando el entorno físico, social y económico, además de robustecer y potenciar el tejido social existente, garantizando la permanencia de la población originaria y elevando su calidad de vida, la seguridad y la movilidad, poniendo a las personas en el centro de la gestión y reducir desigualdades, válida estrategia de cambio, clave para gestionar las transformaciones que requeridas sean de manera eficiente, lo mismo que para optimizar recursos y enfrentar los desafíos del cambio climático mediante una planificación inclusiva y sostenible.
Santa Marta está llamada, desde la revitalización urbana, a gestionar su propia transformación, en lo que ayuda reflexionar sobre su futuro, sensibilizarse sobre sus desafíos y oportunidades urbanísticas, fomentar la cooperación global y promoverse como una ciudad en verdad sostenible, inclusiva y resiliente para que se constituya y potencie como un espacio clave para debatir estrategias de verdadera transformación urbana, resiliencia y sostenibilidad.
La revitalización urbana, debemos tenerlo en cuenta, es clave estrategia para que como ciudad se gestionan cambios de manera eficiente, optimizando recursos y generando impactos visibles en menor tiempo, ya que es este un enfoque que transforma espacios, fortalece la cohesión social y promueve la sostenibilidad económica y ambiental, toda vez que al integrar soluciones basadas en la naturaleza, amplia la vivienda accesible y moderniza los servicios básicos y permite construir entornos más equitativos, resilientes y adaptables ante los desafíos del cambio climático y la presión demográfica.
Importa igualmente contar en contexto de integralidad con el denominado Índice de Revitalización Urbana (IRU), que funge al tenor de lo expuesto como una herramienta innovadora que orienta la toma de decisiones, permite capturar evidencia sobre la gestión del cambio y la resiliencia en las ciudades y está focalizado en fortalecer la planeación y la gestión urbana basada en datos, sirviendo, además de medir las condiciones del territorio, para identificar las áreas que requieren intervención, hacer seguimiento al progreso y a los impactos de los procesos de transformación urbana en la ciudad, evaluar la capacidad de los territorios para responder a las necesidades de sus habitantes y orientar recursos hacia proyectos que promuevan entornos sostenibles, funcionales y habitables estructurados en tres dimensiones: hábitat integral, soportes y funcionalidad, y sostenibilidad y resiliencia, que deben construirse sobre las propias realidades, a efecto de consolidarla como la herramienta estratégica que bien y mejor oriente la revitalización urbana de la ciudad.
Es de tenerse en exacta en estos eventos las señales que indican que una ciudad o un sector requiere un proceso de revitalización, así como sobre las condiciones institucionales y sociales necesarias para garantizar su éxito, en la verdad que revitalizar un sector de la ciudad implica entenderlo como un sistema de sistemas que, al interactuar, generan una nueva dinámica urbana. Abandono y obsolescencia son realidades que pueden persistir, pero intervenir con propósito significa comprender las fuerzas vivas de lo existente; siendo allí donde realmente comienza la revitalización.
De la misma manera, entender las condiciones y características de una ciudad que necesita revitalización, puesto que la articulación de las inversiones es el punto de partida para los procesos de revitalización; y, la coordinación entre sectores y actores resulta esencial para lograr transformaciones sostenibles, en lo que resulta fundamental involucrar a las comunidades desde el inicio del diseño de los proyectos. lo que se fortalece con el trabajo conjunto, ya que más allá de los recursos financieros, es clave la existencia de voluntad política, capacidades institucionales y participación ciudadana, factores que permiten sostener en el tiempo los procesos de transformación urbana.
Importante igualmente lo concerniente a gobernanza y alianzas como ejes del proceso de revitalización, lo que indica que resulta perjudicial limitar la gobernanza en estos procesos en los que datos y planificación son vitales, ya que la arquitectura de un proyecto debe equilibrar sus dimensiones económicas y financieras con las sociales y políticas, y si no contempla el involucramiento real de las personas, puede convertirse en un verdadero obstáculo para su desarrollo. Otro aspecto a tener en cuenta es el uso racional del suelo y las alternativas para garantizar acceso justo y equitativo a la vivienda como motores de equidad, debiendo ser enfáticos en aprovechar el suelo urbano existente, promover proyectos de vivienda inclusivos y fortalecer instrumentos que integren planificación urbana y sostenibilidad ambiental, dado que aún existe mucho valor por descubrir porque las ciudades están vivas y en un diálogo constante para llevar a cabo los cambios y las transformaciones, debiéndose contemplar el hecho que de manera integral las empresas, colectivos y, en general, todos los actores, permitan un avance que ayude en la revitalización, mejoramiento y, en general, en las soluciones mejores público – privadas.
Interesa igualmente como parte fundamental en la revitalización urbana, la resiliencia ante la denominada triple crisis planetaria, clima, contaminación y pérdida de biodiversidad, ya que convertirse debe en una estrategia integral para enfrentar estos desafíos y avanzar hacia ciudades más sostenibles e inclusivas, a la par de comprometerse en el reúso de las edificaciones para el mejoramiento social, además de los esfuerzos para generar certificaciones de construcción sostenible y para el mejoramiento, puesto que se revitaliza la condición de la vivienda y se preserva la vitalidad de la zona; razón por la que ser responsables con el consumo del suelo urbano es fundamental para un desarrollo equilibrado, lo que hace necesario mantener el compromiso con las certificaciones de construcción sostenible en los proyectos de vivienda, así como tener en cuenta que intervenciones en el espacio público también incorporan principios de sostenibilidad, como los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS), entre otros, que permiten consolidar una red de ciudad más resiliente y con mejor vivienda social, por lo que importa integrar el objetivo climático, tanto en términos de la misión, como en términos de adaptación climática y otras menciones a la biodiversidad.
De la misma manera, debe medirse el impacto del valor social y económico, demostrar lo importante del retorno social y económico de las inversiones en revitalización urbana, destacando cómo los datos y la evidencia pueden movilizar apoyo político, social y financiero, debiendo sumarse aliados en lo que toca ser muy, pero muy concretos, lo mismo que pensar en logísticas de colaboración colectiva, en la verdad que el reto es transformar socialmente con impacto en el corto plazo, hacer de más vivienda social con elementos locales que permitan movilizar la inversión público-privada.
Indica en síntesis lo expuesto, que la ciudad debemos entenderla y comprenderla como espacio vivo, toda vez que son organismos tales que requieren un diálogo permanente para avanzar en la recuperación del tejido social y garantizar viviendas de calidad que respondan a los desafíos ambientales, llamado este que convoca a todos los actores públicos, privados y sociales en el énfasis especial de trabajar con las comunidades y en favor de ellas, fortaleciendo su papel como protagonistas de la transformación urbana; priorizar la creación de corredores urbanos para la movilidad activa y la integración de amplios espacios verdes con árboles que brindan sombra y confort ambiental, por ser intervenciones que no solo mejoran la calidad de vida, sino que también hacen parte de la narrativa con la que debe gobernarse, en la certeza que una ciudad debe ser sostenible, humana y pensada para la gente.
Saber que la revitalización urbana sólo es posible cuando existe una arquitectura institucional sólida, capaz de coordinar inversiones, políticas y proyectos desde una visión compartida, puesto que la gobernanza urbana debe equilibrar las dimensiones económicas y financieras con las sociales y políticas, asegurando el involucramiento real de las personas y la cooperación entre gobiernos locales, banca de desarrollo, academia y sector privado, motores que permiten consolidar ciudades más sostenibles, inclusivas y resilientes; y además, que los procesos de revitalización deben sustentarse en evidencia y medición constante del impacto social, económico y ambiental, dado que la medición no solo orienta recursos, sino que fortalece también la confianza ciudadana y facilita la colaboración entre los diferentes actores para multiplicar los resultados y escalar así las buenas y mejores prácticas.
No podemos como Distrito perder de vista que el futuro de los países está intrínsecamente aunado al futuro de las ciudades. Tres de cada cuatro colombianos vive en zonas urbanas que generan más de la mitad del PIB nacional, razón por la que Colombia debe asegurar que sus ciudades sean más productivas para facilitar e impulsar el desarrollo, al tiempo de procurar que se generen mejores condiciones de vida para sus pobladores y se consolide un territorio sostenible para las generaciones por venir y ser consciente de la importancia de las ciudades en el desarrollo contemporáneo y de las deficiencias que su desarrollo presenta en el país, lo que impone priorizar el desarrollo de ciudades y regiones, para lograr el cumplimiento de políticas sociales y de productividad buscando superar el relativo distanciamiento del nivel nacional con los temas específicos de las ciudades desde el proceso de descentralización.
De conformidad con lo dicho, se impone e interesa establecer una política de largo plazo para consolidar y fortalecer un buen gobierno en la gestión urbana como estrategias de trabajo para orientar y potenciar la propia actuación y la de las entidades nacionales en los territorios en articulación con las políticas de las entidades territoriales, camino a lograr los fines de desarrollo acordados con base en la normativa existente que facilitan instrumentos de financiación para el desarrollo de proyectos de escala regional, elementos que deben entenderse como parte de un nuevo enfoque que pone la dimensión territorial como un fundamento para la acción pública.
Las nuevas condiciones de crecimiento económico del país, corresponder deben con situaciones más favorable de seguridad y una renovada dinámica de inversión nacional e internacional, como escenarios positivo para el progreso nacional y de las ciudades en particular, en ruta a generar un aumento significativo en el flujo de recursos en ciudades y regiones tanto por inversión directa como por el aumento y recomposición de la distribución de los recursos de regalías, que permita pensar en grandes proyectos regionales y nacionales estancados o dejados de formular a la espera de una mejor situación económica, lo que obliga establecer una política de largo plazo para consolidar el sistema de ciudades, caracterizarlo, fortalecer líneas de investigación en temas urbano – regionales, y el diseño e implementación de un esquema institucional para dicho sistema.
Igualmente, se impone acudir a los complementos referidos principalmente a temas como la financiación del desarrollo urbano en las nuevas condiciones de desarrollo urbano del país y a temas adicionales sobre el desarrollo mismo de las ciudades y aglomeraciones (movilidad interna de las ciudades y la producción de vivienda, equipamientos colectivos y espacios públicos, que son necesario incluir en una segunda fase para complementar y concretar algunos de las estrategias propuestas, casos en los que existen bases de trabajo para su desarrollo; en la conectividad el desarrollo de las autopistas es un paso muy importante que debe ser complementado y articulado mejor a las exigencias del sistema de ciudades. En el desarrollo de la institucionalidad adecuada para que las entidades nacionales actúen coordinadamente en las ciudades (planeación y gestión del territorio), las experiencias de los OCADs en regalías y los contratos/plan, bases muy importantes que deben ser evaluadas y fortalecidas a los propósitos de la política, pues constituyen herramientas concretas de coordinación de las actuaciones sectoriales con propósitos de desarrollo territorial.
Localmente las actuaciones del gobierno nacional como facilitador se dirigen a precisar las visiones de desarrollo regional existentes, proyectarlas al futuro y darles una articulación más precisa con las características y ventajas comparativas del desarrollo urbano local y de su relación con las zonas rurales. En productividad el esfuerzo básico está encaminado a construir una institucionalidad capaz de reconocer las características de los aparatos productivos locales, sus potencialidades y sus relaciones con el desarrollo económico del país, para actuar en consecuencia eliminando barreras e impulsando la creación de un ambiente(físico e institucional más propicio para el desarrollo productivo de la ciudad o de la aglomeración.
En el campo de la calidad de vida, el punto principal de la política es dotar a la ciudad de los recursos humanos y técnicos para desarrollar, en conjunto con el gobierno nacional y los departamentos, las políticas sociales adecuadas al tipo de estructura demográfica identificada (programas hacia la primera infancia, la juventud o el cuidado a las personas vulnerables), así como a las demandas de vivienda, equipamientos y otros elementos urbanos, efecto en el que es lograr acciones articuladas entre el gobierno nacional, los territoriales y el sector privado; el enfoque de las políticas nacionales y la institucionalidad para su concreción en el territorio aparecen como temas fundamentales, para que las entidades públicas locales alcancen los recursos técnicos y humanos indispensables para poner en práctica los programas y proyectos definidos en la Política para el fortalecimiento del sistema de ciudades. *Estudios de pregrado: Derecho y Ciencias Políticas. Administración Pública. Comunicación Social Periodismo. Especializado en Alta Dirección del Estado (ESAP).


