A escasos días de la terminación, el próximo 7 de agosto del 2026, del periodo constitucional de la actual administración, crecen las órdenes controversiales, los abusos, los escándalos, la suscripción de contratos, el gasto oficial, el nombramiento de funcionarios en numerosas dependencias, tal el caso del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuando se designan a personas en diversos lugares. Ellos ni siquiera alcanzarán a instalarse cuando serán regresados con gasto insólito de recursos públicos.
La actitud no corresponde a divergencias ideológicas, ni a desarrollo programático, sino que comprueba la pésima gestión, en un país agobiado por la violencia, la corrupción, la crisis en el sistema de Salud, la impunidad, el cúmulo de errores y de conflictos.
Discutir el resultado electoral, la legítima credencial del presidente electo Abelardo de la Espriella, llamar a desobediencia civil y simultáneamente anunciar oposición al entrante gobierno, con lo cual en el fondo se acepta la nueva administración, son equivocaciones del candidato perdedor Iván Cepeda, quien ostenta ahora el título de senador. Lo anterior refleja desorden e irracionalidad.
Por fortuna el presidente electo muestra con el anuncio de los nombres de sus colaboradores y la explicación del sentido de las determinaciones administrativas por adoptarse, que sí hay futuro. Está en marcha el plan para enfrentar dificultades, recuperar la lógica, en con el objetivo de seguir adelante preservando la unidad nacional.
Conviene revisar con cuidado el ejercicio del poder por parte de la administración saliente, el manejo perverso de nombramientos y gasto público. Anonadan las decisiones para favorecer el clientelismo adoptadas por un agónico gobierno.
Queremos que al presidente Abelardo de la Espriella le vaya bien, ha sido elegido de manera democrática, no se trata de un mesías, pero él conoce el Estado. Obviamente requiere respaldo para realizar obra conjunta en beneficio comunitario, pero superaremos el fracaso con suficiente energía.
La política tiene que encauzarse de forma positiva, dejando demagogia y manipulación. Un buen gobierno debe contar con el apoyo de buenos ciudadanos, incluyendo escuchar la opinión de la oposición constructiva. Como decía Goethe “un partido nunca tiene la razón absoluta precisamente por ser un partido”, pero es el momento de consolidar un gran acuerdo nacional en respaldo de la nueva administración.
Los gritos de los fracasados carecen de sindéresis, que insistan en repetir sus errores ni a ellos ayuda. El gran desafío se fundamenta en la corrección de equivocaciones, lamentamos que haya compatriotas empecinados en prolongar su caída. La actitud del presidente Gustavo Petro es deplorable, muestra un proceso mental deficiente contra la cultura y el progreso. El futuro empieza hoy, no mañana y sabemos cuál es nuestro compromiso.
*Exministro de Estado

