El dicho de que en campaña se ofrece de todo por ganar no es nuevo, y tampoco es novedoso decir que ya electos los presidentes no les importa cumplir promesas como las de asignar los cargos públicos en la estructura del Estado por meritocracia.
Sin ir muy lejos, el expresidente Iván Duque, en campaña, prometió que él no tenía compromisos políticos y que por lo tanto a los cargos públicos llegarían personas idóneas y no los recomendados por algún político o partido. Pero esa promesa no le duró mucho porque designó en altos cargos de Prosperidad Social, Dane y Ministerio de Trabajo, a personas muy cercanas de su partido el Centro Democrático, como también del conservatismo y de los cristianos de Mira.
Al cierre de su gobierno el Departamento Administrativo de la Función Pública aseguró que sí se hizo una múltiple evaluación de personas para cargos directivos en la estructura del Estado, pero sin embargo los nombramientos correspondían directamente al presidente, los ministros o los directores de las entidades.
En los cuatro años del gobierno Duque se hicieron 14.419 pruebas de competencias que se realizaron a quienes aspiraron a un cargo de libre nombramiento y remoción en la Rama Ejecutiva nacional.
El fracaso fue mayor en el saliente gobierno de Gustavo Petro, quien también dijo en campaña que buscaría la meritocracia. Sin embargo poco paso de eso y desde el comienzo hubo muchas sorpresas en nombramientos de funcionarios como pasó con Laura Sarabia, quien llegó a ser directora del Departamento Administrativo para la Prosperidad Social, del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre), canciller y embajadora ante el Reino Unido, sin que tuviera toda la experiencia y requisitos para los cargos.
Lo mismo pasó con Carlos Carrillo, quien llegó a ser el poderoso director de la Unidad Nacional de Gestión y Riesgo, siendo diseñador industrial y cuya única experiencia había sido ser docente en una universidad y legislativa en el concejo de Bogotá. Lo mismo fue el caso de Cielo Rusinque haya ocupado cargos con requisitos tan disimiles como directora del Departamento para la Prosperidad Social, y Superintendente de Industria y Comercio, para lo cual se tuvieron que cambiar algunos requisitos.
El mayor escándalo en designación de cargos públicos se dio con Juliana Guerrero, de quien se conoció que compró su título profesional en la corporación universitaria San José y no pudo ser viceministra de Educación. Pese al escándalo, el propio presidente la mantuvo en la estructura pública en cargos en el Ministerio del Interior y como su delegada en el consejo superior de la Universidad Pública del Cesar.
Ahora la expectativa se centra en el anuncio del electo presidente Abelardo De La Espriella, quien anunció la creación del Banco Nacional de Talentos de la Patria Milagro para escoger a las personas que no tienen padrino alguno y puedan entrar a trabajar con el gobierno.
“Ya no más puertas cerradas, ya no más quién te recomendó, ya no más exclusión por región, por origen o por falta de palanca política. El talento colombiano será tratado como el activo estratégico más valioso para construir la Patria Milagro. La plataforma tecnológica de última generación utilizará inteligencia artificial para registrar perfiles de forma ágil y segura, clasificarlos inteligentemente y hacer un matching preciso entre capacidades y necesidades del Estado, con una base de datos viva y dinámica que estará activa durante los cuatro años completos del mandato”, destacó.
De La Espriella señaló que esa plataforma fue desarrollada con aliados de primer nivel, Magneto Empleos y Marble Headhunter, que según él “garantizarán un proceso moderno, transparente y técnicamente sólido en alianza con el sector privado. Esta plataforma servirá para identificar el mejor talento para ministerios, entidades y proyectos estratégicos del nuevo gobierno”.
Insistió en que «esta es su oportunidad. Si tienen capacidad, experiencia y vocación de servir, este gobierno los quiere. Postúlense. Registren su hoja de vida. Muestren lo que saben hacer», a la vez que resaltó que esto llevará al fin de la vieja política de favores y el comienzo de la política del mérito y la transparencia.
El paso de los días serán los que muestren si la promesa de Abelardo De La Espriella de aplicar una gran política de meritocracia funcionó, o si los principales cargos fueron asumidos por los de siempre, los recomendados de los políticos.
/Colprensa

